N° 2027 - 04 al 10 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLuego de 20 años de negociaciones frustradas, se acaba de firmar un preacuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Esto puede permitir que prácticamente todos nuestros productos de exportación ingresen a Europa sin pagar aranceles o pagando tarifas preferentes. Pero los europeos también podrán vender en el Mercosur sin trabas arancelarias, lo que nos obliga a realizar reformas políticas, económicas y laborales para ser competitivos.
Este acuerdo debería acelerar los cambios imprescindibles que nuestros países se han negado a hacer: apertura de la economía, bajar impuestos, flexibilizar las normas laborales, reducir la cantidad de empleados públicos, mejorar la formación de la mano de obra o hacer las inversiones en infraestructura para tener energía, comunicaciones y transporte más baratos.
También habrá que controlar el déficit fiscal y la inflación. Los países europeos no tienen inflación, mientras Argentina no logra bajarla del 60% anual. Uruguay carga un importante déficit fiscal y un gasto estatal elevado e ineficiente. Brasil sigue siendo muy burocrático. Todo esto termina encareciendo nuestros productos y dificultando su venta, retrayendo la creación de nuevos puestos de trabajo.
Para aprovechar este acuerdo, también habrá que terminar con los monopolios estatales y evitar que las empresas públicas sean una manera indirecta de cobrar más impuestos y gastar para mantener a los políticos en el poder. Si queremos competir con el mundo, no podemos pagar el combustible, la energía o las comunicaciones tan caras.
Deberíamos ponernos la meta de estar entre los 20 países más amigables para hacer negocios, de acuerdo al Ranking Doing Business del Banco Mundial, donde Nueva Zelanda ocupa el lugar #1, Venezuela el #188 y Uruguay se ubica a mitad de tabla en el lugar #95.
Podemos seguir vendiendo commodities agropecuarios, pero si queremos vender productos con mayor valor agregado, habrá que cambiar radicalmente la formación de la mano de obra a todo nivel. Recordemos que hoy en Uruguay casi el 60% de los jóvenes no terminan el preparatorio y apenas comprenden un texto básico. Y con estos “jugadores” tendremos que competir con los muy bien formados alemanes, franceses, italianos, daneses o suecos.
Todos estos cambios siempre fueron necesarios para mejorar nuestra economía, pero ahora, con la firma del tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, pasan a ser imprescindibles. Por eso UPM exige todo esto antes de seguir invirtiendo en Uruguay. Saben que no serán competitivos si no se hacen este tipo de reformas.
La izquierda latina no quiere recorrer este camino y sigue aferrada a la defensa del mercado interno y a la sustitución de importaciones. En Argentina, apenas se supo de este acuerdo, el candidato por el kirchnerismo, Alberto Fernández, salió a criticarlo diciendo: “No queda claro cuáles son los beneficios para nuestro país. Pero sí queda claro cuáles serían los perjuicios para nuestra industria y el trabajo argentino”. Nada más equivocado.
Nueva Zelanda, Estonia, Irlanda, Singapur o Chile no mejoraron su economía y la calidad de vida de sus ciudadanos cerrando su economía y aumentando impuestos, sino negociando con el mundo para venderle lo mejor que hacen y comprar lo que otros hacen mejor que ellos.
Este acuerdo de libre comercio con la Unión Europea es una buena noticia, pero si no hacemos los cambios mencionados, tal buena noticia podrá devenir en muy mala.