• Cotizaciones
    miércoles 05 de junio de 2024

    Tambos robotizados podrían ser la llave para que las nuevas generaciones no abandonen la lechería

    El concepto social pone en un mejor lugar al establecimiento con esta tecnología comparado con el convencional

    Crece la instalación de tambos robotizados en Uruguay y “las nuevas generaciones que quieran seguir en esa actividad productiva van a tener la opción de hacerlo de esta manera; de la otra no estoy tan seguro”, sostuvo el director del Sistema Lechero del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Santiago Fariña, al ser consultado por Agro de Búsqueda.

    El ingeniero agrónomo analizó la evolución de estos sistemas en Uruguay, puntualizando que aún están en una etapa inicial. Se refirió al robot de ordeñe que se instaló en la estación experimental INIA La Estanzuela. “Quienes han avanzado más en esto repiten que es un proceso de cambio tecnológico o adopción, pero que no es como cualquier tecnología que puede aplicarse rápidamente, sino que conlleva un rediseño del sistema”, puntualizó el investigador.

    Enseguida agregó que “los cambios tecnológicos siempre tienen cuatro pasos: tomar conciencia de que necesitas cambiar algo, conocer la nueva herramienta y cómo funciona el sistema; el segundo es cómo hacerlo, entender la tecnología; el tercero es el más difícil, que es la confianza en el cambio, que va a funcionar, a ser rentable, sostenible, mejor para el negocio y para el empresario; y el cuarto paso es el cambio en sí mismo”.

    Etapa inicial

    Fariña sostuvo que en Uruguay “estamos en la etapa inicial, de concientización del problema y empezando a conocer las herramientas, con las primeras experiencias”. Se refirió a los “adoptantes tempranos” y a una etapa anterior, que tiene como protagonistas a los “innovadores”.

    Señaló que en Uruguay hubo cuatro empresas innovadoras que, después de INIA –que fue el primero del país–, instalaron tambos robotizados. “Es gente que tiene menor aversión al riesgo. En otros países, como Australia, fue muy lenta esa etapa”, indicó.

    El investigador explicó que la instalación del tambo robótico en INIA fue motivada “por la visión de futuro, de intentar ser el tambo más atractivo para la sociedad. El sector estaba viendo señales muy claras de que necesitaba tener un tambo rentable en Uruguay, con alta cosecha de forraje, con cerca de dos vacas por hectárea, que cosechen de 8 a 10 toneladas de forraje por hectárea, y que sea eficiente en la conversión de alimento en leche”.

    Analizó que “si teníamos un tambo robotizado, que resuelva las cuestiones sociales, no tiene que hacerlo en detrimento del negocio. El tambo robotizado en INIA se instaló según una base pastoril de alta carga. Incluso, los primeros dos años, fueron de aprendizaje abrupto, porque éramos nosotros los que estábamos en la diaria, empezando a entender este sistema que se diseña y maneja de un modo completamente distinto a lo ya conocido. Por ejemplo: tuvimos que subdividir el campo en tres sectores, entender al alimento como un incentivo y manejar la mastitis de las vacas de forma remota”.

    La comparación y los números

    Fariña comentó que “hoy tenemos cinco años de funcionamiento, quizás no con todas las vacas que queríamos al principio, pero con más de 100 vacas totales en dos robots”, informó.

    Al comparar el tambo robotizado con el negocio de un tambo convencional, explicó que “tuvimos un año con 100 vacas de la misma genética, con la misma rotación, la misma área para cada tipo de tambo y pudimos analizar esos números con el Instituto Nacional de la Leche (Inale)”.

    Detalló que el año analizado (21/22) “los dos sistemas superaron los US$ 1.000 por hectárea de ingreso de capital, una cifra que está muy por encima del promedio de Fucrea, por ejemplo; y con una diferencia de 20% en el ingreso neto”.

    Inale hizo un análisis considerando un predio promedio de 150 vacas y se planteó si tuviera que invertir toda la tecnología para el tambo convencional de alta eficiencia o para el tambo robot de alta eficiencia. “La inversión en el tambo robot todavía era un poco mayor, pero se pudo demostrar que podemos tener un negocio muy rentable con un tambo robotizado”, afirmó Fariña.

    El investigador agregó que los dos tambos se basan en sistemas pastoriles y que produjeron 15.000 litros de leche por hectárea y 26 litros por vaca en ordeñe. Planteó que “el desafío quizás sea poner algunas vacas más por robot, para lograr un mejor rendimiento”; pero consideró que en el sistema por cargas “no va a cambiar mucho”.

    Puntualizó que “no queríamos lograr mayor rentabilidad con el robot” en relación al tambo convencional, “pero sí alcanzar al menos los mismos niveles”, porque “creemos que quien hace esta inversión en el sistema pastoril busca una mejora de sus condiciones de vida”.

    Mejora social

    Fariña fue enfático al sostener que el concepto social pone en un mejor lugar al tambo robot frente al tambo convencional. Explicó que en Australia, donde “hay muchos más robots para poder analizar”, fue publicado un trabajo que concluye que “no se encontraron diferencias en rentabilidad con distintos indicadores de resultados por hectárea”. Y puntualizó que la motivación “no es aumentar la rentabilidad”.

    Sin embargo, “la gran diferencia es que la gente pueda trabajar de 8 a 17 horas. Un tambo que produce 15.000 litros de leche por hectárea es muy eficiente, pero la gente debe poder venir y hacer un horario de 40 horas semanales, y eso se logró”, enfatizó.

    Dijo que en INIA La Estanzuela “anualmente recibimos entre 1000 y 2000 personas que vienen de visita, y son especialmente los más jóvenes, quienes quedan extasiados al ver que pueden trabajar en un tambo y que eso no significa más sacrificio”.

    Costo de la inversión

    Fariña comentó que el costo de la inversión en un robot ha bajado, pero puntualizó que se debe hacer otro tipo de análisis, básicamente considerar en invertir en un sistema para que las nuevas generaciones quieran seguir en el tambo. “Ese cálculo no está puesto en la inversión”, remarcó.

    Sobre la relación de costos, dijo que “sumando animales, tierra y maquinaria, la diferencia de activos totales es 22%, más en el tambo robot que en el convencional”.

    Recordó que cuando comenzó el proyecto “no teníamos un equipo completo para trabajar, y empezamos a contratar pasantes y zafrales. Nunca hubo que salir a buscarlos, siempre hubo gente interesada. En los primeros cuatro años pasaron 27 personas, todos jóvenes, de menos de 25 años; todos terminaron su trabajo y lo aprendieron rápido”, algo que “no es menor”, sostuvo.

    En Uruguay son tres las empresas que ofrecen e instalan robots en tambos: GEA, DeLaval y Lely. Ya hay 17 robots instalados en todo el país y se están desarrollando nuevos proyectos.

    Escala

    Consultado sobre si este sistema puede aplicar a cualquier escala de tambos, Fariña respondió que en el caso de un establecimiento de 100 vacas sí es posible, pero en uno de 50 vacas “hay una restricción vinculada con el negocio”, porque “no tiene la escala suficiente como para poder cubrir las necesidades de una familia en Uruguay”.

    Por otra parte, explicó que a diferencia de lo que se puede imaginar, “en los tambos robots las grandes escalas no son beneficiosas”. Dijo que “es muy raro tener sistemas pastoriles robotizados que estén por encima de 1.000 vacas”. Comentó que al tambo de INIA han ido productores de escala media –entre las 100 y 300 vacas– “que son los que más atractivo le ven”.

    Fariña también confirmó que se ha dado una mayor interacción entre estos sistemas robotizados y el de cama caliente. “Si ya estoy haciendo un rediseño por otros motivos, como en el caso de los confinamientos –traerle la comida a las vacas en lugar de que la vayan a buscar– en ese cambio puede entrar un robot”, indicó.

    Pero planteó la preocupación por la marca Uruguay Natural, con animales pastoreando al aire libre, algo que Europa y Nueva Zelanda han perdido. Consideró que “un vuelco completo hacia el confinamiento, como sucedió en Argentina con la ganadería, después es difícil de revertir”. Aunque puntualizó que “esto no significa que el sistema pastoril no pueda realizar confinamientos cuando las condiciones lo requieren”.

    Agro
    2023-05-24T11:32:00