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    Técnicos discuten cómo desalentar el tabaquismo con más impuestos sin que genere más inflación

    El tabaco es considerado en Uruguay como un componente más de la canasta básica de consumo “igual que el arroz, los fideos, la carne o los artículos de limpieza”, advirtió la presidenta de la Comisión Honoraria de Lucha Contra el Cáncer, María Julia Muñoz. “Es un despropósito que estemos luchando contra las corporaciones internacionales que quieren mandar a nuestro pueblo y que dentro de lo que consideramos consumos de la familia tengamos el tabaco”, opinó la ex ministra de Salud Pública durante una conferencia realizada el viernes 6 en la Facultad de Ingeniería.

    Muñoz realizó dos pedidos: más impuestos y dejar al tabaco fuera del Índice de Precios al Consumo (IPC). “Tenemos un auditorio con mucho poder de decisión, ¿verdad Masoller?”, presionó dirigiendo su mirada a Andrés Masoller —director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas— quien se encontraba entre el público.

    Hace ya varios años que desde el sector de la salud se ve con preocupación la presencia del tabaco en el cálculo del IPC, porque los aumentos en el impuesto a este producto —que ayudarían a frenar la epidemia del tabaquismo— inciden también en los números de la inflación, algo que desde el área económica del gobierno se vigila con atención.

    “Hay necesidad de redefinir la ética de algunas herramientas económicas”, opinó Luis Pérez, especialista de Salud del Banco Mundial, otro de los que hablaron en el seminario “La política de impuestos al tabaco como una estrategia de salud pública”.

    Según el economista Dardo Curti, especialista del Centro de Investigación para la Epidemia del Tabaquismo (CIET) y ex asesor del Banco Central (BCU), existe “un dilema”, porque la política antitabaco y la de combate a la inflación “no se deberían comparar”.

    “Los aumentos en el precio del tabaco generan aumentos puntuales del IPC, pero el impuesto del tabaco no es inflacionario a largo plazo”, explicó. Curti planteó construir una medición de la “inflación subyacente” que no considere al tabaco y que se utilice para fijar las metas del Banco Central de política monetaria y los convenios de salarios, un mecanismo utilizado en otros países que permite “no tocar el IPC”.

    El tabaco tiene una incidencia de 0,308% en el IPC del Instituto Nacional de Estadística, mientras que el peso de los cigarrillos es de 2,657%. Ambos rubros sumados inciden tanto como el alquiler de la vivienda familiar y todos los servicios de comunicación, por ejemplo.

    Antitabaco.

    La política antitabaco comenzó en 2005 con un aumento en el Impuesto Específico Interno (Imesi) que se tradujo en alza del precio del producto al público. En julio de 2007 cambió la forma de tributación y el tabaco comenzó a estar gravado también con el Impuesto al Valor Agregado. Hubo otras subas en junio de 2009 y en febrero de 2010; les siguió un ajuste en el precio de los cigarrillos de free shop para que dejaran de ser tan atractivos.

    Gustavo González, coordinador de la Asesoría Económica de la Dirección General Impositiva, explicó durante la charla que hasta el inicio de la política de control del tabaco en 2005 existió una correlación entre la evolución del poder adquisitivo salarial y las ventas, que desde ese año el salario real creció pero la comercialización cayó —lo cual podría indicar la eficacia de las políticas contra el tabaco— y que ahora se observa una “estabilidad en las ventas de cigarrillos mientras el salario real sigue creciendo”.

    En cuanto a “la incidencia que tiene el precio en el salario promedio”, señaló que hoy está “más o menos por debajo de cuando se realizó el primer aumento de impuestos. Estamos igual que antes del primer aumento de Imesi de junio de 2005 si vemos el precio del tabaco en términos de unidad de salario”, indicó González.

    Según el economista Álvaro Correa, ex director del BCU en el anterior período de gobierno, los gastos en salud asociados al tabaquismo rondarían los U$S 1.350 millones, como estima un estudio realizado en Chile. Mientras, la recaudación tributaria por el tabaco hoy es “de 300 millones nada más, la cuarta parte de lo que podrían ser los gastos directos o indirectos del tabaquismo”, señaló Curti.

    “Más ingreso fiscal podría ayudar a políticas específicas, como contener el contrabando. Hay que actuar sobre lo que nos está afectando”, reclamó Eduardo Bianco, cardiólogo y presidente del CIET.

    Hace dos semanas la Organización Mundial de la Salud exhortó “a los países a aumentar los impuestos sobre el tabaco para animar a los consumidores a dejar de fumar y evitar que otras personas se conviertan en adictos”. Estima que un incremento de 50% de la carga tributaria en todos los países reduciría en 49 millones el número de fumadores en tres años y salvaría 11 millones de vidas.