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    Tecnología y trabajo

    N° 1914 - 20 al 26 de Abril de 2017

    Una reciente mesa redonda organizada por el sindicato bancario sobre “Tecnología y Trabajo” instaló un debate referido a los desafíos que plantea la introducción de nuevas tecnologías en el mundo laboral, así como las aptitudes que será necesario desarrollar para reducir sus impactos negativos y para adaptarse a las nuevas realidades.

    Los cambios tecnológicos en el mundo del trabajo mejoran, facilitan y humanizan la realización de actividades productivas. Pero al tiempo que mejoran el bienestar y la calidad de vida de las personas y de las sociedades, desplazan mano de obra poco capacitada.

    Siempre ha sido así. Pero dado el vértigo de los cambios en los modos de producción que impone la globalización, analizar, encarar y dar respuestas a los problemas que se vienen tiene una urgencia —y para muchos un dramatismo— como pocas veces ha ocurrido en el pasado.

    En el mundo desarrollado el debate de estas nuevas realidades laborales motiva y moviliza desde hace años la opinión de gobernantes, políticos, académicos y analistas de las más diversas áreas del conocimiento. Las opiniones y las conclusiones son, como suelen ser, bien diversas: pesimismo de quienes enfatizan en el costo social inmediato que tendrán estas transformaciones, moderado optimismo de quienes creen que la pérdida de empleos será temporal seguida por una progresiva generación de nuevas actividades y ocupaciones.

    Convocado por AEBU, el decano de la Facultad de Ciencias Económicas, Rodrigo Arim, abrió el debate (Búsqueda, 23/3/2017). Sostuvo que si bien la incorporación de nuevas tecnologías siempre tiene consecuencias negativas para muchas personas, recordó que “la humanidad tiene hoy mucho más empleo del que tenía hace 20, 30, 50 o 100 años”.

    Destacó que las primeras tareas sustituidas por las nuevas tecnologías son las que tienen como componente central las tareas rutinarias y sostuvo que el problema interpela no solo al individuo sino “a la sociedad y a las políticas públicas” del Estado.

    A su juicio, “el esfuerzo” tiene que dirigirse a que el trabajador cuyo “puesto de trabajo y sus habilidades estén cuestionadas por problemas tecnológicos encuentre un espacio dentro de las políticas públicas que permitan su reconfiguración y su reinserción en los segmentos dinámicos del mercado de trabajo”.

    Eso, agregó, “pone en tela de juicio las estrategias educativas” que desarrolla el país. Advirtió que mientras hace 20 años la discusión de la educación se centraba en “generar capacidades para el mercado de trabajo”, hoy es imposible prever los oficios que prevalecerán en 20 años. “Lo que hay que construir son capacidades críticas que les permitan (a las personas) adaptarse a un mundo cambiante”, destacó. Consideró que “si no hay respuesta de las políticas públicas en el plano de la educación y del empleo, nos vamos a encontrar en un par de décadas con un incremento de la desigualdad”.

    A su turno, el presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira, compartió los puntos de vista de Arim. Reconoció que los cambios tecnológicos le imponen al movimiento sindical “grandes desafíos”, por lo cual la central debe “actualizar su debate” y discutir “el trabajo del futuro” porque de lo contrario corre el riesgo de “no ser representativa de los trabajadores uruguayos”.

    Reconoció que negarse a los avances tecnológicos no es una alternativa. “No podemos pensar que nos podemos conformar como sindicatos y tener la misma estabilidad que antes, de una vez (y) para siempre”, señaló.

    Frente a la inevitabilidad de este proceso que se avecina, Pereira dijo que la dirección sindical debe pensar cómo organiza a “los nuevos sectores de trabajadores (…) difíciles de encasillar”, cuentapropistas y free lance que hacen su trabajo desde su casa. “No podemos”, resumió, “pensar que se van a organizar solos”.

    Ante este nuevo escenario, Pereira señaló que el PIT-CNT debe “profundizar la discusión de qué educación precisan” los trabajadores. “Aunque es muy importante”, la discusión “no es el 6%” del PBI para la educación, sino “cuál es la formación integral para el mundo del trabajo”. No hacerlo, advirtió, “es perderse una discusión de profundidad”, porque las nuevas tecnologías no deben ser un vehículo de “construcción de nuevas desigualdades”.

    El presidente del PIT-CNT tiene claro que Uruguay no puede ser ajeno al proceso de cambios en los modos de producción que se da en el mundo desarrollado.

    Son cambios que implican una pérdida de influencia y el debilitamiento de sindicatos otrora poderosos ante la irrupción de una nueva generación de trabajadores, mejor formados y capacitados en el manejo de costosas tecnologías, que son conscientes de que esas aptitudes son las mejores armas de que disponen para defender su salario y sus condiciones laborales.

    Se tata de una situación nueva creada por niveles superiores de educación y de capacitación ante los requerimientos del mercado laboral. Escenario en el que muchos trabajadores sienten que su futuro laboral no depende ya de su afiliación a sindicato o a partido político alguno, sino de su propio esfuerzo, de su empuje y de su creatividad.

    Las transformaciones en curso en el mundo del trabajo, producto de la globalización que implica mayor eficiencia y competitividad, no suponen el fin de los sindicatos. Pero sí una pérdida de influencia y de poder de sus dirigentes tal como lo hemos conocido hasta ahora.

    Es una amenaza al sindicalismo clasista que se imbricó durante medio siglo en las luchas políticas de la izquierda socialista.

    Sombra que, curiosamente, se cierne sobre el futuro de la central en su momento de mayor auge, de mayor influencia política y poderío económico.

    Poderío asentado en los apoyos que recibe de un gobierno que desniveló las relaciones laborales al punto de admitir que las ocupaciones y los piquetes sindicales son una extensión del derecho de huelga, desoyendo un pronunciamiento explícito en contrario de la OIT.

    Un gobierno que mira para el costado ante las presiones y prepotencia de las gremiales. Que solo enfrenta cuando las sufre en carne propia.

    Con frecuencia desde la izquierda se alude al “darwinismo social” para, trasladando la teoría de la evolución de las especies de Darwin a la dinámica de las sociedades humanas, sostener que solo los “más aptos”, “los más fuertes”, sobreviven a las políticas liberales. Una traslación que no sigue la teoría biológica del naturalista inglés, quien sostuvo que las especies que sobrevivían a los cambios, las más aptas, no eran las más fuertes sino las que mejor se adaptaban a los cambios.

    Los cambios que la globalización económica introduce en el mundo del trabajo no pueden enfrentarse desde la ideología y el voluntarismo. Porque la “sobrevivencia” a toda transformación, a todo cambio de escenario, dependerá del grado de anticipo, de preparación y de adaptación a las nuevas circunstancias. No hay que confundirse: no es una cuestión de fuerza, de poderío. Cuando los cambios son inevitables hay que adaptarse a ellos. No hay otra.