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Si a nuestro país le faltaba un conflicto desgastante y desgarrador, con toda la cantidad que ya tenemos entre coalición y oposición, Peñarol y Nacional, empresarios y sindicatos y la mar en coche, ahora apareció el que faltaba: el enfrentamiento entre los astoribergaristas, de Mario Bergara, y los astorigarcistas, de Álvaro García.
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El disparador de la contienda ha sido el propio senador Astori, que anda medio enfermucho y capaz que se le escapan comentarios sobre la interna que debería haber pensado dos veces antes de emitirlos.
Parece que dijo, más o menos, que este no era momento de marcar perfiles o de hablar de posibles candidaturas en el sector, y para qué: se encendieron los motores de la reacción.
El primero que saltó fue don Álvaro, que declaró a la prensa que en modo alguno él objetaba que se hablara de candidaturas, pero que el astoribergarismo debería cuidar su perfilismo mediático, ya que todavía era muy temprano para ese tipo de exhibiciones públicas.
Pero, ni corto ni perezoso, don Mario salió comentando por ahí que él no se daba por aludido, que continuaría con su bajo perfil, y aprovechó para anunciar que en breve iniciaría una gira por todo el territorio nacional para visitar amigos y esas cosas. La completó diciendo que el astorigarcismo debía llamarse a silencio por ahora, procurando no poner piedras en el camino de la solidaridad y la unidad sectorial.
Hasta ahí había llegado Fortunato con la información que había leído en los diarios en estos días.
Pensando que el informativo de cierre le traería novedades sobre este verdadero drama nacional, se fue con su copita de vino sin terminar a sentarse frente a la tele.
Para su decepción, las noticias nacionales eran sobre la presencia del presidente en Gran Bretaña, la maldita inflación y el costo de la vida, las exportaciones de soja, la pobre performance de los grandes en la Libertadores y las internacionales, Ucrania y más Ucrania.
—¿No me darán alguna noticia sobre este terrible enfrentamiento entre Bergara y García? —se preguntaba para sus adentros Fortunato mientras se iba quedando dormido.
En eso el informativista anunció una noticia de último momento, pero los párpados del Fortu ya estaban en proceso de clausura.
—Se ha agravado el conflicto interno en el sector astorista y el cruce de comunicados así lo revela —dijo el periodista, y pasó a leer textualmente un texto proveniente de la secretaría del senador Bergara.
“Expresamente queremos rechazar los vulgares dichos del señor García, propios de un letrista de murgas, en cuanto a que el senador Bergara está haciendo gestiones para lograr el respaldo del senador Astori para su candidatura como presidenciable en las elecciones del 2024 —decía el documento, que agregaba—: sus insidiosas alusiones a esta supuesta candidatura no condicen con la seriedad que debería tener, pero que claramente no está demostrando. Se ve que extraña el carnaval”.
A continuación, el informativista dio cuenta de otro mensaje recibido, esta vez de la secretaría del Cr. Álvaro García en el que se responde al anterior del senador Bergara. Este decía textualmente que “en su infinita soberbia de aventurero de la política, el senador Bergara pone en mi boca palabras infundadas y falsas, demostrando una intemperancia temeraria, típica de quien repta hacia la cumbre por cualquier camino, sin importarle si por el rumbo escogido ensucia a sus compañeros, pisotea sus principios y desprecia la inteligencia ajena. El día que nos pongamos a hablar de candidaturas veremos a quién apoya Danilo (aludiendo al senador Astori) y con qué talento, o falta de él, cuenta nuestro líder para apoyar a un candidato en serio y así asegurar el triunfo en las urnas”.
Fortunato en su sueño oía que el informativista seguía hablando, pero no entendía nada.
Los comunicados se siguieron cruzando, en los que una parte afirmaba que tal vez el redactor del mensaje estaba afectado por la viruela del mono y por ello divagaba con alta temperatura balbuceando incoherencias insultantes y peyorativas, mientras que la otra parte denunciaba que la viruela del mono no era suficiente para asignar a los redactores del comunicado una insanía febrífuga y balbuceante, pero que el sarampión del cerdo era más fuerte que la viruela del mono, y probablemente esa era la afección por la que estaban pasando quienes usan el adjetivo deprecatorio para injuriar y despreciar a sus otrora compañeros de ruta.
El tiroteo informativo iba creciendo en intensidad y en virulencia, razón por la cual, dijo el informativista, se estaban haciendo gestiones para procurar un acercamiento entre las partes, tendiente a atenuar la tensión existente en el sector. El propio senador Astori había citado a integrantes del astoribergarismo y del astorigarcismo para proponerles la organización de una reunión que sellara la paz entre los potenciales candidatos del sector.
Finalmente ello ocurrió, dijo el informativo, y fueron convocados todos los votantes de uno y otro sector a un amigable y recomponedor encuentro. Se convocó uno por uno a todos los votantes de los dos sectores y se realizó esa memorable reunión, en la que ambos contendores se fundieron en un fraterno abrazo frente a todos los votantes.
Ahí Fortunato se había entredespertado y apagó el televisor para marchar a dormir en su cama.
No quiso ni averiguar dónde se había realizado el encuentro.
“En fija que fue en una cabina telefónica”, pensó para sus adentros.