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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl pasado lunes 16, por la mañana, oyendo a algunos comentaristas radiales opinar sobre los repudiables actos terroristas ocurridos en París, se me iluminó la causa de una de las costumbres más arraigadas entre los seres humanos: la de ingerir alimentos diariamente. Comprendí que se trata de una maquinación de las multinacionales productoras de alimentos para incrementar las pingües ganancias que esa costumbre les reporta.
¡Por favor, distinguidos opinólogos, rompan con los esquemas facilongos y simplistas para explicar todo cuanto ocurre sobre la faz de la tierra! La guerra ha existido a lo largo de toda la historia y seguramente durante buena parte de la prehistoria, por lo menos desde que el hombre devino en el lobo del hombre (si alguna vez no lo hubiera sido); y por cierto, precisamente las religiones y sus enfrentamientos han sido una de sus frecuentes causas.
Por supuesto, todo eso ocurrió desde mucho antes de la existencia de las industrias, multinacionales o no, fabricantes de armamentos.
Para que no se me malentienda: por supuesto, repudio como el que más las guerras y el terrorismo, repudio la apelación a la violencia para resolver las diferencias humanas. Pero también rechazo el esquematismo prefabricado para explicarlas, como un atentado contra la inteligencia.
Firmo con el número de mi documento porque no estoy dispuesto a entrar en polémicas sobre este y muchos otros temas. Conozco mis limitaciones y sé que ellas no me permiten opinar con un mínimo de conocimiento y autoridad sobre muchas cosas. En cambio, siempre he firmado con mi nombre y apellido cuando he opinado, pública o privadamente, sobre temas que creo conocer.
CI 797.557-3