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    Testigos mudos

    Una exposición de escritorios de personalidades uruguayas

    En la casa quinta de Herrera se inauguró una exposición de escritorios que pertenecieron a personalidades de la cultura, la política y la sociedad uruguaya de los siglos XIX y XX, con excepción de la pieza más antigua, que es el escritorio portátil de José Gervasio Artigas, una especie de bolso de cuero sobre el que se imprimen las huellas y los desgarros del paso del tiempo.

    En el Renacimiento, con la invención de la imprenta, se empezó a usar más la práctica estructura de mesa con patas. Pero entre finales del siglo XVII y el XX se usaron las llamadas cajas-escritorio, que condensaban los rudimentos básicos que consistían en una superficie plana forrada en tela, con tapas que la protegían y permitían el transporte al hombro.

    Las cajas-escritorio se usaron en las expediciones militares y en los viajes de la época victoriana. Sobre estos dispositivos portátiles se escribieron cartas, se firmaron acuerdos, contratos y tratados de paz, y sirvieron de soporte para dar a luz obras literarias clásicas. Solían ser de madera de roble e incluir adornos de tallas o incrustaciones de diferentes materiales. Había escribanías portátiles y también se usaban cajas de Biblia, que permitían el traslado del libro sagrado.

    La muestra está abierta al público de jueves a domingos, de 11 a 16.45 horas, en la quinta de Herrera (L. A. de Herrera y Margarita Uriarte), una de las ocho casas englobadas en el Museo Histórico Nacional (MHN), y permanecerá hasta mediados de año. Con un gran jardín al frente y árboles gastados por el tiempo entre los que destacan un jazmín y un ceibo blanco, la casa es de arquitectura inglesa, con techo a dos aguas. En el interior, con ambientes amplios y despojados y las paredes pintadas a nuevo, sobresalen los pisos de roble y boiseries en roble y cedro. En el centro del techo del hall brillan los colores del vitral de Arturo Marchetti.

    En la refacción de la quinta, que comenzó en el 2010, se pusieron a punto los cielorrasos y se subieron los colores de la casa. Del techo penden algunas arañas restauradas, y una lámpara que en otro tiempo supo funcionar con un sofisticado mecanismo de gas.

    En esta muestra hay piezas que no se habían exhibido antes al público. Algunos escritorios son verdaderas joyas de la practicidad e inteligencia al servicio del diseño. Para su restauración, dijo el conservador y curador de la exposición Ernesto Beretta a Búsqueda, se apuntó a mantener las características originales básicas y a mejorar los brillos y lustres, sin eliminar detalles que dieran idea del uso. En el conjunto conviven muebles fabricados en Montevideo y otros importados de Europa.

    El único escritorio que se aprecia en su ambiente original es el que se encuentra en el despacho de la figura emblema del Partido Nacional, Luis Alberto de Herrera, debido a que integra el mobiliario de la residencia, que está en proceso de restauración. Se puede ver un despacho montado, con la biblioteca del político y el sillón giratorio con el tapizado gastado.

    El escritorio del presidente colorado José Batlle y Ordóñez impacta por su fastuosidad. De estilo imperio, se fabricó en roble y en sus laterales lleva madera de caoba. Acaparan la atención las piezas aplicadas de bronce dorado sobre el rojo de la madera, representando grifos, cornucopias, flores y filetes, un Cupido que tira de un carro con caballos y ocho cariátides.

    El escritorio de Eduardo Acevedo se hizo en cedro, con líneas muy simples puestas al servicio de la funcionalidad, sin agregados ornamentales. La escribanía, fabricada en bronce dorado, con dos tinteros y almohadilla para escurrir la pluma, está dominada por la figura de un hombre sobre un globo terráqueo, que en la mano derecha lleva un libro abierto, en tanto que exhibe su brazo izquierdo en alto. Una inscripción latina reza: Ad lumen, que significa Hacia la luz. La escultura es del francés Émile Picault, que desarrolló una obra basada en figuras mitológicas y alegóricas.

    También se exhiben escribanías de personalidades relevantes y de aquellas que marcaron un estilo. La del militar blanco Diego Lamas cuenta con la particularidad de tener una balanza para pesar las cartas. Como piezas destacadas están los tinteros a bomba, que impedían que la tinta se secara.

    Una de las piezas más imponentes es el mueble-escritorio fabricado en Indianápolis, Estados Unidos, por la Wooton Desk Company, en caoba lustrada, enchapada de nogal tallado con tapete de fieltro. Este es uno de los pocos que hay en Uruguay y perteneció a Agustín de Castro, comerciante y político, grado 33 de la masonería y Gran Maestro del Oriente de Uruguay. Muebles elegidos por los banqueros, editores de diarios, abogados y educadores, se patentaron hasta el año 1876 y se fabricaron hasta el último cuarto del siglo XIX. El Wooton fue el designado por Domingo Faustino Sarmiento para los directores de escuela primaria en Argentina. Al abrir sus dos puertas profundas, se despliega un espacio de trabajo eficiente, repleto de cajoncitos y ficheros pequeños.

    Entre los más originales está la mesa de estilo neoegipcio que perteneció al militar y presidente Máximo Santos y luego a Julio Herrera y Obes. No se poseen datos de fabricación pero se sabe que se construyó en caoba lustrada, ebanizada, pintada y con incrustaciones de pasta policromada y tapete de cuero. Los dibujos emulan los del templo de la diosa Hathor en Denderah, una figura que simboliza el amor, la alegría, la danza y la música. Tanto este mueble, como una biblioteca con decoración egipcia, fueron rematados por la viuda de Santos en 1895, con gran respuesta del público interesado. Fue en 1798 que Napoléon puso de moda el estilo con su expedición a Egipto, adonde llevó 35.000 soldados y un grupo de técnicos que registraron las características estéticas de esa cultura. La famosa publicación Description de l´Égypte, que incluía grabados, acercó el arte y el diseño egipcios a Europa.

    Una de las piezas más adornadas es la secretaire de la esposa de Máximo Santos, Teresa Mascaró, concebida como un mueble de secretaría, de estilo victoriano. También se usaba en el dormitorio de las damas como espacio privilegiado para escribir cartas y anotar diarios íntimos. Servía a su vez como depósito de elementos de valor, pues en la parte superior tenía espacio para una caja fuerte.

    Algunos de estos muebles abandonan el lujo y el adorno para explotar al máximo la funcionalidad, con múltiples cajones y sistemas de cierre que hoy en día ya no se usan, como, por ejemplo, el sistema con el que al bajar la cortina del escritorio todos los cajones se traban. Algunas piezas son más discretas, como las mesas auxiliares de lectura.

    Cada una de las piezas de la muestra ofrece el placer de tomar contacto con un tipo de fabricación y diseño que ya no existe. Además, como otras cosas importantes de la vida cotidiana, los muebles también son una porción de la identidad de sus propietarios.

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