• Cotizaciones
    miércoles 11 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Tiempo de espera, arte en servilletas de Juan Carlos Barreto en el MAPI Café

    El punto, la línea y mucha cafeína

    Cuando Juan Carlos Barreto (San José de Mayo, 1967) se sienta a tomar un café, saca su Pilot y se pone a dibujar en una servilleta. Si está acompañado, sigue el mismo ritual mientras conversa. Algunos cafés montevideanos, maragatos y bonaerenses son sus preferidos, pero ha atravesado varias fronteras, probado cafés de todo tipo y también servilletas de diversas texturas. “Cuando me preguntan dónde está mi taller, les digo que son los cafés del mundo”, le dice a Búsqueda en el MAPI Café (25 de Mayo 279), donde se está exponiendo, hasta fines de abril, Tiempo de espera, una muestra integrada por 49 de sus dibujos en servilletas, una selección de los que ha acumulado durante 20 años.

    Pero en el origen no hubo una servilleta, sino un niño que pasaba dibujando. Sus padres eran amigos de Hugo Nantes, el gran pintor, escultor y ceramista maragato, y por su recomendación empezó a tomar cursos de dibujo en el Museo Departamental de San José. Allí aprendió con Michel Prince, quien le enseñó algo básico y fundamental: la importancia de seguir la línea y el punto. “Fueron años de infancia y adolescencia dentro del museo. Cuando entré al liceo, no sacaba los apuntes como otros compañeros. Lo que hacía eran islas conceptuales. Dibujaba lo medular que decía el profesor a través de dibujos que inventaba”. Era plena dictadura y aquel adolescente que dibujaba en lugar de sacar apuntes era sospechoso. “Un día la directora me estaba esperando con mis cuadernos arriba del escritorio. Hicieron ir a mis padres y les dijeron que me tenían que cuidar porque hacía dibujos extraños. Entonces empecé a pensar que lo que hacía estaba mal. Eso me marcó mucho, les hacía las láminas de dibujo a mis compañeros, pero no hacía las mías”.

    Barreto dejó de dibujar y se dedicó al fútbol. Fue recién a los 20 años que se reencontró con Nantes y con los artistas Nelson Romero y Heber Riguetti. Fue dejando el fútbol para ir a exposiciones y empezó a participar en los salones de artistas plásticos del interior. Ganó algunos premios en distintas categorías. Volvió al dibujo y a las técnicas mixtas, estudió diseño gráfico, fue publicista. Pero también viajó.

    En 1998 se fue a Europa y después a Nueva York y cuando regresó a San José volvió al taller de Nantes. “Me preguntó si había dibujado algo, si había hecho algún boceto. Entonces le conté que iba a las cafeterías y garabateaba en servilletas. Me preguntó si las tenía porque quería verlas. Le llevé dos bolsas del Corte Inglés, verdes, llenas de papeles. Había dibujado en servilletas, en entradas a museos, en hojas de todo tipo. Hugo miró todo aquello, empezó a separarlo y me dijo: ‘Bienvenido, este sos vos’”.

    Entonces se siguieron acumulando servilletas y cafés, hasta que llegó su etapa de gestor cultural. Fue director de Cultura de la Intendencia de San José desde 2005 a 2017, y durante ese tiempo no quiso exponer su obra y la fue guardando. Hoy Barreto está al frente del área de Gestión Territorial de la Dirección Nacional de Cultura del MEC, que surgió de viejos reclamos de los directores de cultura de los gobiernos departamentales.

    Fue Enrique Aguerre, director del Museo Nacional de Artes Visuales, quien lo impulsó a mostrar sus servilletas. Le pidió verlas y él le llevó 300. De allí seleccionaron las que hoy se exhiben en Tiempo de espera. El MAPI Café había pasado a ser uno de sus talleres montevideanos, aunque tiene otros de su preferencia, como el Café Brasilero y Montevideo al Sur.

    “El nombre de la muestra es, sobre todo, por los 20 años que pasaron hasta que me decidí a mostrar esta obra. También por el tiempo de espera de uno mismo, porque ahora estoy preparado para mostrarla. Y por el tiempo de pandemia, cuando lo que más extrañé fue el café y mi barra de los viernes en la cafetería del Teatro Macció”. Esa es otra de sus cafeterías preferidas, a la que ayudó a crear cuando el teatro se reformó en 2009. En esa mesa de los viernes, Barreto se reunía con amigos veteranos, mayores de 80 años. Cuando pasó la pandemia, algunos habían fallecido. “En ese tiempo de dos años se me fueron esas historias que no quedan escritas y que son la memoria de la ciudad, la identidad de la comunidad”.

    Barreto no dibuja escenas que ve en el café, ni mozos ni clientes ni lugares. Su bolígrafo se desliza siguiendo la línea y el punto y de allí surgen obras abstractas en las que a veces se pueden distinguir figuras extrañas, pero él no tiene intención de representar nada en concreto. En algunos dibujos parece haber mariposas de ojos grandes o pájaros de picos enormes o algún animal prehistórico. Cuando viajó por España le impactó la pintura de Joan Miró, y hay algo de Miró en su trazo.

    Sus dibujos son mayormente en blanco y negro, pero a veces usa el color. Los hechos con tinta azul tienen un encanto especial. “Este en rojo se ve que fue una conversación difícil”, dice al mirar una de sus obras. Para él, son un registro de estados de ánimo, de emociones, de conversaciones consigo mismo o con otros. Algunas están más cargadas, otras son despojadas. Todas llevan la fecha y el nombre del café en el que surgió. “En los años 90 estuve en contacto con Hervé Fischer, un pintor francés, radicado en Canadá, que exhibió su obra en Buenos Aires. Esa muestra me marcó. Habían aparecido los primeros códigos de barra y él los utilizaba en sus obras. Desde esa época fui fechando las servilletas”. Si hace más de una el mismo día, les pone también la hora. Quiere decir que el consumo de cafeína aumentó de forma considerable.

    A cualquiera le habrá pasado. Está en un café, quiere anotar un teléfono o una dirección en una servilleta y se le hace difícil. Se arruga, el bolígrafo se tranca o se desliza sin marcar. A Barreto eso no le sucede, él dice que es una técnica aprendida durante años, que es el dominio de la tinta sobre el papel. Que la servilleta, así como uno la ve tan sencilla y frágil, es casi indestructible, solo hay que cuidar que no se raje. Él muchas veces las lleva dobladas en su bolsillo.

    Para conservarlas usa carpetas o cajas que él nombró “servilletario”. “Un día Nacho Suárez me contó que él usó esa palabra en un poema de 1956. Desde entonces digo que se la pido prestada”. A veces queda la marca de la taza de café mezclada con el dibujo, y él la deja así, como si fuera un sello. El galerista Alejandro Diana ideó una forma de exhibirlas para la muestra. Usó madera color roble oscuro, como el de las viejas mesas de café, y las colocó al vacío cubiertas con vidrio.

    Otra versión de su arte son los murales que ha hecho en varios lugares del interior. El primero fue en 2008 en San Gregorio de Polanco, que se llamó Bichos, y del que hoy queda solo un pedacito. También hay en Colonia del Sacramento, en Tacuarembó, en Punta del Este, en el pueblo 19 de Abril, en Mal Abrigo. Hay uno de su autoría en Setúbal (Portugal), donde llegó invitado a un festival musical de verano. “Álvaro Pérez, un músico maragato, escribió una música de tango para acompañar mientras pintaba el mural, y Marciano Durán escribió un texto. El gobierno de Setúbal lo adquirió y está en su avenida principal”. Para sus murales inventó una paleta de 12 colores, pero dice que lo importante no es el color, sino seguir la línea y el punto.

    Él va a una reunión de trabajo o una charla y, en lugar de escribir, dibuja. “Acabo de cursar una maestría en Políticas Culturales y me dicen que hay que hacer un libro con mis ‘islas conceptuales’. Están todas las clases dibujadas con lo medular que cada docente dijo. La actual intendenta de San José, Ana María Bentaberri, debe de tener años de gabinete dibujados”.

    Una vez el escritor maragato Pedro Peña se reunió con él en el café del Macció y se asombró de verlo dibujar concentrado mientras hablaban. “Al principio sentí que no me escuchaba. Pero no era verdad. Lo que sea que estuviera haciendo no lo distraía de la conversación, a la que respondía con criterio. (…) Al final, antes del apretón de manos de la despedida, Juan Carlos puso frente a mí una servilleta dibujada por su propia mano en aquellos minutos. Quedé sorprendido: el dibujo era maravilloso, tanto que le pregunté si de verdad quería regalármela. Por supuesto, me dijo. Es lo que salió de esta charla”, escribió en uno de los tantos textos que artistas, músicos y poetas generaron a partir de esta muestra.

    Cuando terminó la entrevista y después de dos cafés, Búsqueda tuvo su servilleta con un precioso dibujo en tinta azul. Hay que ir por el MAPI, tomarse un café y mirar alrededor. Tal vez alguien se ponga a dibujar.

    // Leer el objeto desde localStorage