N° 2030 - 25 al 31 de Julio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáImagine, lector, esta escena un poco loca.
Corre la noche del 16 de marzo de 1926 y en el Teatro Ópera de Buenos Aires, rebosante de público, se representa la que, con el paso de los años, sería considerada la “mejor comedia en varios actos realizada en el Río de la Plata”.
Uno de sus cuadros se compone de tres situaciones: primero aparece un actor en el papel de un borracho, quien, tras un chiste, desparrama champán entre los espectadores de la primera fila; luego canta un tango inédito; finalmente una pareja —Elsie y Harry Pilser—, presentada como “extranjera”, baila una exótica danza hawaiana.
¡Vaya cóctel!
La comedia se llamó La maravillosa revista y hay consenso sobre que creó el género de “revista criolla con influencias francesas”, y sus autores fueron el vasco radicado en Argentina —quien llegó a traer a estas tierras nada menos que a Maurice Chevalier— Luis Bayón Herrera y el polifacético artista popular porteño Manuel Romero.
El tango en cuestión, estrenado exitosamente esa noche por el actor uruguayo José Muñiz, entró a la gran historia de la música ciudadana, ya que de él hasta hoy ocurren nuevas y renovadas versiones, fue Tiempos viejos.
—Te acordás, hermano, ¡qué tiempos aquellos! / Eran otros hombres más hombres los nuestros, / no se conocía cocó ni morfina, / los muchachos de antes no usaban gomina…
Manuel Romero hizo la letra pensando en el contenido de la obra en la que pretendía estrenar su tango. Lo curioso es que le pidió la música a su amigo Francisco Canaro, quien se aprestaba a iniciar una gira por Europa. Pues bien: la historia oficial dice que el músico maragato, que solía demorar en entregar sus partituras, la hizo en pocos días por la relación estrecha que mantenía con Romero; la leyenda negra que siempre lo acompañó aún siembra dudas acerca de si se la pidió o compró a alguien, hábitos por los que se hizo, tal vez sin fundamento, tristemente célebre.
—Cuando se estrenó el tango, yo estaba en París —dejó escrito Canaro en sus memorias.
No son las únicas curiosidades de Tiempos viejos.
Romero, sin dejar el teatro ni el tango, se convirtió en un calificado director de cine. En 1937 se exhibió su trabajo esencial, Los muchachos de antes no usaban gomina, con Florencio Parravicini, Mecha Ortiz y Hugo del Carril, quien precisamente canta Tiempos viejos, sobre cuya letra está asentada gran parte del argumento del filme. La resonancia de este fue tal que hasta causó una polémica sobre el invento de la gomina, suerte de gel que fijaba el cabello y le daba brillo, hasta que se comprobó que correspondía a un inmigrante italiano, José Antonio Brancato, que la comenzó a vender al público en 1914.
No satisfecho con el respaldo popular a su película, Romero insistió en el tema con otra, una suerte de prolongación, 12 años después: La rubia Mireya, con Mecha Ortiz, Fernando Lamas y Elena Lucena, y Tiempos viejos —que nombra a la misteriosa bailarina del mítico Hansen, de la que algunos han sugerido que fue la uruguaya Margarita Verdier— es cantado por Antonio Maida con la orquesta de Manuel Pizarro.
Ah, pero hay más: ya en 1969, Enrique Carreras logró los derechos de la película original y filmó una remake con el mismo nombre, donde dio participación a Rodolfo Bebán, que asomaba como galán de telenovelas, el veterano Osvaldo Miranda y la hermosa Susana Campos. Tiempos viejos, esta vez, fue entonado por el jovencísimo Néstor Fabián.
En cuanto a la cocaína y la morfina, es cierto que los muchachos de la época del estreno del tango, muchachos de la noche de Buenos Aires y de Montevideo, no las usaban. Pero también lo es que eso pronto cambió y fue por el empuje de hábitos franceses que los músicos que viajaban a París trajeron a estas costas.
Pocos tangos tienen tantas grabaciones como Tiempos viejos: por dar solo algunos ejemplos, Gardel, por supuesto, lo grabó en tres ocasiones; Canaro, con orquesta, lo hizo en seis, dos veces con Charlo como vocalista, las siguientes con Ada Falcón, Alberto Arenas y Ernesto Rondó y la otra solo instrumental; también destacan las de D’Arienzo con Laborde, Fresedo con Carlos Barrios y Pontier con Julio Sosa, quien también lo grabó como solista, igual a Edmundo Rivero, Hugo del Carril, Jorge Sobral, Alba Solís, Tania, Carlos Acuña y Fabián, entre tantos.
—¿Dónde están los muchachos de entonces, / barra antigua de ayer dónde estás? / Yo y vos solos quedamos, hermano, / yo y vos solos para recordar…