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    Tocá y andate

    “Fútbol contra el enemigo”, de Simon Kuper

    El zapatazo termina en la red y millones de gargantas lo festejan. O termina en la red pero el grito es ahogado por la bandera en alto del juez de línea, ángel de la guarda o miserable gusano. En un caso o en otro hierve la pasión de un país como si fuese un organismo uniforme, pero al margen de la emoción también se mueven estrategias comerciales de millones de dólares. Detrás de la pelota y de los jugadores, detrás del talento que maravilla y del azar que sorprende y no pocas veces infarta, hay otras fuerzas en juego. El fútbol es un deporte apasionante sobre el césped y monumental negocio fuera de la línea de cal.

    En ese mágico espacio verde Pelé amaga y convierte; Maradona deja rivales por el camino; Puskas se lesiona; Gordon Banks saca una pelota imposible contra el palo derecho; Tardelli grita poseído un gol. Pero también dentro de ese espacio el juez pita e inexorablemente indica una falta, en el acierto o en el error. Más afuera están los directores técnicos con sus tácticas. Y todavía más atrás están las cámaras que televisan, los contratistas que sacan cuentas, los políticos que miden costos y beneficios y el público que disfruta o sufre y en ocasiones se mata, en especial cuando se ha convertido en un hincha enceguecido. El fútbol es un vendaval que todo lo atraviesa: la bondad y la elegancia del juego, la mala intención y las desgracias de las lesiones, la publicidad y los contratos millonarios, la intencionalidad patriótica, la religiosidad de las barras. Hay partidos con resultados imprevistos, épicos; otros fueron arreglados. En la liga italiana hubo ejemplos escandalosos que involucraron a grandes equipos, como el Milán.

    Simon Kuper (Kampala, Uganda, 1969; criado entre Londres y los Estados Unidos) viajó por todo el mundo —en ocasiones con la acreditación del periodista, en otras con la precariedad del mochilero— y habló con jugadores, dirigentes, políticos y fanáticos (curiosamente los árbitros están ausentes) para confeccionar Fútbol contra el enemigo, un valioso trabajo escrito hace veinte años pero traducido por primera vez al español en 2012.

    Roger Milla, el veterano delantero que antaño jugara para la selección de Camerún a pedido expreso del presidente Miya, se nos aparece en una práctica, ahora con un cargo institucional, vestido de impecable blanco como un dandi y retando a los curiosos espectadores que se han acercado a los jugadores. Según Milla, hizo tantos goles como Pelé. Buen vendedor de su nombre, este Milla.

    En el capítulo sobre fútbol ucraniano nos enteramos de que el Dínamo de Kiev, además de administrar los asuntos pertinentes al fútbol, también tiene un permiso del gobierno para exportar piezas de misiles nucleares. Ucrania también puede ser el país de las oportunidades.

    Sin salirnos de Europa del Este, Kuper nos cuenta la leyenda del formidable Eduard Streltsov, el Pelé ruso, que por desobedecer a las autoridades fue enviado a Siberia y se perdió el Mundial del 58.

    Y las pasiones de los verdugos soviéticos: Beria, jefe de la Policía secreta de Stalin, era presidente honorario del Dínamo de Moscú, la casa central de todos los dínamos (de Bucarest, de Berlín, de Kiev). Tenían una hinchada pesada: la KGB. Por otra parte, el CSKA era el equipo del ejército, que mantenía su pica con los agentes de negro, en tanto que el Spartak no representaba institución alguna, es decir, no era de nadie, es decir, era del pueblo. Como dice Kuper, “ser aficionado del Spartak era una forma de decir no al sistema”.

    Para explicar lo inexplicable, por qué se ama y por qué se odia el color de una camiseta (los uruguayos podemos opinar con autoridad al respecto), Kuper nos traslada a Escocia y a uno de los clásicos (derby, como dicen los españoles) más viejos y sangrientos de la historia del fútbol: el Celtic contra el Rangers, católicos versus protestantes. La cosa es más seria de lo que ocurre por estas latitudes. Un detalle de la pasión: eran tantos los hinchas del Rangers que pedían que sus cenizas se esparcieran por el campo del Ibrox que debieron prohibir la ceremonia. Había zonas donde el pasto ya no crecía. En alguna oportunidad no solo hubo tiros en este clásico: también se arrojaron granadas entre las hinchadas.

    ¿Qué pasó en aquel famoso partido entre Argentina y Perú que terminó seis a cero a favor de los albicelestes en el mundial de 1978? Bueno, la Junta Militar se había propuesto, como Mussolini en 1934, ser o ser campeones del mundo. Y entre otras irregularidades, según Kuper, una de las pruebas del control antidoping de los jugadores argentinos dio embarazo.

    Kuper también revive la pica entre Carlos Bilardo y Jorge Valdano y el partido entre Sevilla y Tenerife, donde ambos eran los técnicos respectivos. Los dos bandos tenían jugadores argentinos: Maradona y Simeone en el primero y Redondo y Pizzi en el segundo. Hubo trece tarjetas amarillas y dos rojas, para Maradona y Pizzi. Entre compatriotas también se la dan.

    ¿Y qué hay de las motivaciones de los jugadores y del sexo que es recomendable practicar —o no— previo a un importante partido? Ruud Gullit y Marco van Basten tenían un psicólogo personal, un tal Ted Troost, que les golpeaba, les decía que eran más ligeros que una pluma y les agarraba los testículos como forma de arenga. Según los astros holandeses, les hacía mucho bien.

    Por su parte, el brasileño Sócrates rechazó dos multimillonarias ofertas de Roma y Juventus porque se negaba a firmar una cláusula que estipulaba que no podía tener sexo tres días antes del partido. Además de ser un talentoso futbolista, Sócrates era médico y sabía de qué hablaba.

    ¿Qué dice Kuper de Uruguay? Nada. Apenas alguna referencia a los integrantes del combinado de Estados Unidos en el Mundial de 1994, Fernando Clavijo y Tab Ramos, ambos nacidos en Uruguay. Recordemos que a nivel de campeonatos mundiales, entre México 1970 y Sudáfrica 2010, la Celeste apenas se hizo conocer como no fuera por alguna goleada siniestra en su contra (6-1 con Dinamarca en 1986) o la expulsión de José Batista a los 56 segundos de comenzado el partido contra Escocia en el mismo mundial.

    Cada capítulo, como se dice en la jerga futbolera, es un tocá y andate: se lee con voracidad y provoca ansiedad para llegar al siguiente. La recolección de datos, la captación de imágenes y el sentido del humor son las armas desplegadas por Kuper. Un libro ideal para este mes de encierro futbolero frente al televisor, pendientes de lo que ocurra en Brasil. Y no jodan con ninguna otra cosa.

    “Fútbol contra el enemigo”, de Simon Kuper. Editorial Contra, 2013, 365 páginas, $ 770.