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    Trabajadores y especialistas plantean “repensar” cómo se consume energía y alertan que se ha “mercantilizado” un derecho humano

    La energía como un derecho y no como una mercancía. La frase resume un concepto que fue manejado por varios de los expositores del encuentro internacional de trabajadores de la energía organizado por el sindicato de UTE (Aute) y que termina este viernes 7.

    Es que para los trabajadores, investigadores y activistas presentes, la energía hoy es “utilizada por el capitalismo” para “hacer dinero” y no es visualizada como “un derecho esencial de la población”. Así, la energía puede ser un elemento “muy fuerte” de redistribución de la riqueza, si las tarifas que se aplicaran por su uso “fueran proporcionales” al nivel socioeconómico de cada usuario.

    Además, los expositores alertaron que los niveles actuales de consumo energético mundial “son insostenibles” si los tuvieran todas las personas (actualmente hay unas 1.300 millones sin energía eléctrica) y que “es un error” asociar desarrollo económico con el aumento del consumo de energía, un índice que es ampliamente utilizado.

    Capital, soberanía y consumo.

    Hace 30 años, era “impensable” que desde los sectores empresariales se hablara de cuidado de medioambiente a través del uso de energías renovables y no fósiles. Pero ahora, “el capitalismo se comió nuestro discurso de ecología, lo hizo suyo y lo mercantilizó. Eso pasó con la introducción de las energías renovables en la matriz”, alertó Selva Ortiz, de Redes Amigos de la Tierra.

    “Es importantísimo tener cuidado con esta capacidad del capitalismo y las grandes transnacionales de apropiarse de nuestros discursos y mercantilizarlos, porque su fin es otro”, agregó.

    “Cuando estábamos en la coordinadora de sindicatos de la energía dijimos que esta tenía que ser soberana, pública y sustentable. Eso hoy es una mentira porque no hay ni universalización ni acceso”, dijo Ortiz.

    Otro elemento del discurso dominante que “hay que empezar a combatir” es el hecho “de que el aumento del nivel de vida está asociado con el consumo energético”, dijo el otro representante de Redes, Marcel Achkar.

    “Ese discurso nos aleja de los nuevos escenarios de democratización del consumo de energía”, añadió.

    Los otros participantes en la mesa coincidieron en que la asociación tan popularizada de desarrollo económico con crecimiento del consumo energético “es un error” y que se debe “repensar cómo se consume energía” para que “todos puedan acceder a ella”.

    “Bajo este nivel de consumo de energía que tenemos vamos a un camino que pone mucho en riesgo a las generaciones futuras”, puntualizó Ortiz.

    “Tenemos que pensar no solo para quién es la energía sino para qué es la energía. El aire acondicionado no puede ser sinónimo de confort”, agregó.

    Pablo Bertinat, ingeniero electricista argentino y director del Observatorio de Energía y Sustentabilidad de la Universidad Tecnológica de Rosario, dijo que hay que “repensar nuestro modelo de consumo energético” porque “está atado a un modelo de producción insaciable”.

    “En la medida en que yo no pueda discutir el modelo de producción y consumo, no voy a poder cambiar el sistema energético. Debemos desmaterializar y desenergizar la economía y la forma en que satisfacemos nuestras necesidades porque si no, es inviable la vida en el planeta. Esto tiene que ser una lucha de los sectores populares porque no va a venir del mercado. Hay que generar políticas públicas al respecto”, agregó.

    A su turno, el dirigente de Aute Yonathan Pérez sostuvo que el “sistema capitalista” se “apropia de un discurso” y “quiere meter la idea de desarrollo sustentable” cuando en realidad “no es así”.

    “Hay que cambiar esa lógica de consumo constante. Uruguay en los últimos 10 años estuvo dentro de esa lógica”, dijo Pérez.

    El dirigente señaló que el 50% del aumento del consumo energético de los últimos años fue en la industria y que ese dato demuestra “una visión” de “para quién se trae la energía”.

    En la convocatoria al encuentro internacional, Aute señaló: “El cambio en la matriz energética que se impulsó durante los últimos años (en Uruguay) se hizo a través de un fuerte proceso de privatización, ya que la enorme mayoría de las energías renovables no convencionales (eólica, solar, etc.) están en manos privadas gozando de abusivos contratos. Esta privatización encarece los costos, torna la gestión más ineficiente y significa una pérdida de soberanía energética”.

    Redistribuir y participar.

    “En América Latina tenemos apropiación y lucro en un sistema que debería ser de derechos y no mercantil”, dijo Pablo Bertinat.

    “El sistema energético es fuertemente inequitativo. No es un sistema orientado a satisfacer las necesidades de la gente, sino que está para hacer negocios. Está fuertemente corrompido”, agregó.

    “No tenemos que buscar cambiar la matriz sino el sistema energético, que es algo que va más allá de la oferta y la demanda. La concepción de energía es cultural; tenemos que debilitar la lógica de mercado en el sector energético y fortalecer una lógica de derechos. Hay ejemplos interesantes de cómo hacerlo en el sector del agua, que está más avanzado en ese proceso”, sostuvo el especialista.

    Bertinat alertó que “hay ausencia de participación ciudadana en la toma de decisiones”, y agregó que tiene que haber una “democratización” del sector donde “no solo se deje en manos de unos pocos” la toma de decisiones.

    Ese fue un concepto retomado por Pérez, de Aute, que sostuvo que los sindicatos y la sociedad “tienen que luchar” para “meter la participación ciudadana en los temas energéticos”.

    Puso el ejemplo del despacho de energía eléctrica uruguayo (ADME), donde “tienen un asiento” los grandes consumidores y los generadores privados “pero no hay nadie representando a los trabajadores o a los usuarios”.

    “Tiene que ser una lucha de la sociedad para entrar en esos ámbitos de discusión y decisión”.

    Aute también tiene una propuesta para modificar la tarifa y hacerla flexible, algo que para el sindicato es “impostergable”, ya que el país “tiene una estructura tarifaria totalmente injusta, donde las familias pagan la energía al doble del precio que pagan los grandes consumidores”.

    Bertinat coincide con esa idea: “La energía puede y debe ser un elemento de redistribución de la riqueza”.

    “Los sectores industriales tienen que pagar más, pero también en los sectores de la población, que tienen que pagar más. Porque en sus ingresos tienen que aportar para que otros paguen menos porque sus ingresos son menores”, añadió.