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    miércoles 19 de junio de 2024

    Traficar vidas

    Nº 2237 - 10 al 16 de Agosto de 2023

    El 30 de julio se celebró por décima vez el Día Mundial contra la Trata, designado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2013. Según Naciones Unidas, esta realidad ha empeorado en todo el mundo en los últimos años: “Las tasas de detección cayeron un 11% en 2020 y las condenas se desplomaron un 27%, lo que ilustra una ralentización mundial de la respuesta de la justicia penal a la trata”. Además, la pandemia provocó un impacto extra, empujando la trata más hacia la clandestinidad y aumentando potencialmente los riesgos de las víctimas.

    En Uruguay, el 1º de agosto se presentó el informe Más invisible. La trata y la pandemia, elaborado por el proyecto Autonomías Colectivas contra la Violencia de Género. El documento actualiza datos sobre situación en Uruguay entre enero de 2018 y diciembre de 2022, con el foco puesto en la trata de mujeres con fines de explotación sexual.

    Dado que la detección es muy difícil, es imposible conocer el alcance real del problema. Así, los datos para el análisis se tomaron de las personas que fueron asistidas por los Servicios de Atención a Mujeres en situación de trata con fines de explotación sexual. Según el informe, en 92,7% de los casos registrados la finalidad de la trata es la explotación sexual, mientras que en el 6,3% de las situaciones la finalidad de la trata es exclusivamente laboral (principalmente en el sector doméstico para las mujeres, y en el sector agropecuario, pesquero y servicios para los hombres). En todas las situaciones de trata con fines de explotación sexual las personas atendidas fueron mujeres (cis y trans), mientras que en la trata laboral, 75% fueron mujeres y 25% hombres.

    El 80% de las víctimas de trata con fines de explotación sexual son mujeres menores de 35 años de edad, en su mayoría extranjeras (60,2% frente a 39,8% uruguayas), principalmente provenientes de República Dominicana. En cuanto a las víctimas de trata con fines laborales, la tendencia de edad se invierte (el 90% es mayor de 30 años), y 92,3% son extranjeras. En los dos tipos de trata, la vulnerabilidad socioeconómica aparece como factor central y determinante, a veces junto con otros factores como el consumo problemático y la violencia de género.

    Como señala el informe, hace ya tiempo que las investigaciones coinciden en afirmar que Uruguay se ha convertido en un país “de origen, tránsito y destino de la trata de personas, con fuerte énfasis en destino”, y que existen redes de trata interna y también internacionales, establecidas en todo el territorio del país. Aunque algunas de las redes identificadas son organizaciones locales, es interesante el dato de la existencia de redes más complejas, muchas veces vinculadas al narcotráfico.

    Sin embargo, en Uruguay, la respuesta de las autoridades hace años que no cambia: hay poca conciencia del fenómeno, pocas competencias para detectar casos y poca respuesta institucional. El tema de la trata sigue siendo invisible, más aún el tema de la trata con fines de explotación laboral. La aprobación de la Ley de Prevención y Combate a la Trata de Personas en 2018 apareció como una esperanza, pero al igual que con tantas otras leyes la falta de recursos ha dificultado su implementación.

    Mientras tanto, la sociedad sigue jugando a que el problema no existe. Si Uruguay se ha convertido en un país con “fuerte énfasis” como destino de trata, es porque muchos hombres uruguayos siguen sin ver nada malo en pagar a cambio de sexo con una mujer que fue captada, trasladada y está siendo explotada (según la ley, el consentimiento no es relevante cuando se dan estos tres pasos). Pero también porque en las casas de muchas familias acomodadas se sigue viendo con naturalidad tener mujeres en condiciones de semiesclavitud para realizar el trabajo doméstico (no puedo olvidarme de casos que se hicieron públicos en 2012 de mujeres bolivianas en residencias de Carrasco).

    “Llegar a todas las víctimas de la trata, sin dejar a nadie atrás”, fue el tema de Naciones Unidas para este año. El desafío, como siempre, es colectivo: el gobierno, las instituciones y la sociedad toda tenemos todavía mucho trabajo por hacer.