En ese contexto, los productores, principalmente los criadores, tienden a “ajustar el cinturón en el predio y en los gastos de la familia, buscar ingresos extraprediales, realizando tareas en otros establecimientos ganaderos o, incluso, en actividades no agropecuarias”, dijo a Campo el técnico de ese organismo, Carlos Molina.
Los resultados generales de los predios monitoreados por ese organismo muestran que el ingreso de capital bajó 8%, en comparación con el ejercicio anterior, y 13% por debajo del ingreso promedio de la serie de 15 años.
Los técnicos marcaron dos períodos en función de la evolución de los indicadores de productividad previos y posteriores a la sequía registrada en el ejercicio 2008-09. Ese fenómeno climático, que se repitió en 2014-15, significó una disminución del precio de los vacunos en el mercado local.
Para Molina, “la llave” para encontrar mejores resultados está en el ajuste de la cantidad de ganado en el predio.
Durante la presentación de los resultados de las denominadas carpetas verdes, el martes 25, ese técnico planteó a modo de ejemplo el caso de un productor con un predio de 350 hectáreas, índice Coneat 65, mano de obra de 1,5 comprendida por familiares y un empleado zafral, una dotación total de 0,75 cabezas, que registra una productividad de 169 kilos de vacunos por vaca entorada y obtiene 125 kilos de carne por hectárea.
Pese al clima desfavorable, pasando de un año seco a otro con exceso de lluvias, y tres años de caída de precios, el productor sostiene un ingreso muy destacado de U$S 130 por hectárea, según el monitoreo de empresas ganaderas del IPA.
Criador
En medio de una situación de “confianza y expectativas dañadas” para el ganadero debido a la caída de sus ingresos, entre 4,5% y 28% en comparación con el ejercicio anterior, los productores se plantean: ¿cuál es la estrategia de los productores criadores de menor porte para sobrellevar ese momento y lograr mantener su actividad en el predio?
Y las respuestas son de lo más diversas, empezando por tratar de reducir al máximo los costos en los establecimientos, dijo Molina. De hecho, las empresas monitoreadas consiguieron bajar entre 2% y 11% los costos de producción.
El técnico señaló que eso “antes era más fácil porque el productor residía en el predio”, pero actualmente resulta “complicado, por tener además los costos fijos de vivir en la ciudad”. Igualmente intentan bajar sus gastos productivos y familiares.
Pese a ello, las medidas que aplican muchas veces no alcanzan para cubrir la caída de los ingresos y de la productividad, como sucede en predios ubicados en zonas del este del territorio uruguayo.
Otra de las decisiones pasa por obtener ingresos extraprediales, principalmente realizando tareas, el productor o alguno de sus hijos, en otros establecimientos ganaderos. Depende de la composición familiar y de las actividades alternativas que haya en la zona de producción, así como la ubicación, considerando la distancia a un centro poblado, donde operan empresas de servicios o comercios que pueden ser una fuente de ingreso extra.
Los predios de escala media para arriba, por más que caigan los ingresos, generalmente ese tipo de plan B no lo tienen o no lo realizan, porque la escala permite otras soluciones.
También una mejora en la productividad es una manera de enfrentar la baja en los ingresos, como ocurrió en predios monitoreados que se encuentran en zonas del norte del país. En esos casos se detectó un incremento en la cantidad de kilos por hectárea, porque el clima no los afectó negativamente, como sí les pasó a los del este y centro.
La productividad aumentó 8% en los predios de zonas del norte y litoral norte, que comprenden los departamentos de Artigas, Rivera, Salto, Paysandú, Río Negro y Tacuarembó (al oeste), mientras que ese indicador bajó 3% en las empresas ganaderas monitoreadas de las zonas este, noreste y centro, en los departamentos de Durazno, Florida, Treinta y Tres, Lavalleja, Rocha y Cerro Largo, según el IPA.
Males y éxitos
Ante la consulta de si el clima y los precios explican todos los males y los éxitos en el agro, como puede parecer al escuchar a los productores del sector, el técnico del IPA dijo que “para la ganadería está complicada la situación, pero no es un momento de crisis como el de la lechería”.
Destacó que hay casos de productores que con ajustes de costos y manejo del rodeo logran ingresos netos de hasta U$S 130 por hectárea, lo que cuadruplica lo que obtienen otros ganaderos parecidos y de la misma zona, que registran entre U$S 15 y U$S 20.
“Puede ser que ese productor haya tenido la suerte de que en su predio le haya llovido los 30 milímetros necesarios en tal momento del año, pero pensar que solo ese factor climático explica el resultado en los ingresos es hacerse trampas al solitario”, analizó.
Una de las decisiones desacertadas de los productores es mantener una sobrecarga de hacienda en el predio. Los campos sobrepastoreados con una cantidad de animales que es superior a los que pueden producir. Ese es “el problema a corregir y la primera medida de ajuste”, indicó Molina.
Añadió que el productor además puede adoptar medidas de cuidado sanitario y de reproducción para la búsqueda de mejores resultados.
El manejo de la condición corporal y del control de amamantamiento del ternero “son tecnologías que al principio tienen un alto costo intelectual” y es algo “complejo de aplicar”, pero “después de ponerlas en práctica son fáciles de utilizar”, explicó.
Arrendar
Sin llegar a ser un fenómeno generalizado, en los últimos años los técnicos encargados del monitoreo ganadero del IPA notaron que hay productores que decidieron dejar de producir en sus predios y optaron por arrendar sus campos.
En algunos casos, que son los menos, llegaron a vender sus establecimientos, contó Molina.
Otra situación observada por los técnicos es que con el recambio generacional hay un “manejo diferente” en la gestión de los predios, debido a esa inyección renovadora de las nuevas generaciones, que entre otras características se destacan por el uso más frecuente de la tecnología para encontrar soluciones.
Relevante
“Estamos convencidos, que es relevante esta información para los productores ganaderos que participan” en el monitoreo, dijo el técnico del IPA. El hecho de contar con “información propia, objetiva y confiable”, destacó.
Señaló eso con la mirada puesta en lograr un mejor control de sus empresas y tomar decisiones más y mejor informado que contribuye al aumento de la competitividad de las mismas.
Más allá de ese aspecto, Molina dejó en claro que el trabajo se basa en 100 empresas y que no tiene el objetivo de ser representativo de lo que sucede en la generalidad de la ganadería uruguaya.