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A pesar de tener una política liberal hacia la marihuana, Holanda tiene un consumo de esta sustancia por debajo de países vecinos como España e Italia y mediante la política de separar los mercados entre drogas consiguió además un descenso del consumo de sustancias más “duras” y menos perjuicios tanto para los usuarios como para el resto de la sociedad.
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A estas conclusiones llegó un documento denominado “Análisis pragmático de la política de drogas de los Países Bajos” elaborada en octubre de 2012 por la Embajada uruguaya en La Haya.
El informe presentado por el embajador Álvaro Moerzinger al Ministerio de Relaciones Exteriores, al que tuvo acceso Búsqueda, analiza los “indicadores positivos” y desfavorables del sistema.
“El fundamento del sistema neerlandés está basado en la existencia de una contradicción entre dos necesidades: la de respetar los tratados (prohíben la compra, venta, producción y consumo) y la de aplicar la tolerancia a un fenómeno de consumo de amplio alcance social. A pesar de esta característica que lo hace muy cuestionable y por ende inestable, ha tenido resultados positivos, logrando por ejemplo mantener el consumo en porcentajes por debajo del promedio internacional, separar los mercados de drogas blandas y duras, lo que permite una mayor protección al consumidor del primer tipo y al público en general; la recaudación fiscal derivada de la ‘tolerancia’ ha ayudado a financiar los esfuerzos de prevención y recuperación de los adictos a las drogas duras que incluyen campañas de educación general así como el suministro de tratamientos y medicamentos necesarios para su desintoxicación”.
Sin embargo, subrayó el análisis diplomático, “el modelo no ha logrado evitar el consumo por parte de menores que alcanza cifras alarmantes y también ha alentado la producción de cannabis, convirtiendo a Holanda en un país netamente exportador de este producto e inclusive de drogas sintéticas”.
Para elaborar el informe, la Embajada realizó un trabajo de campo entre julio y setiembre y un estudio de la bibliografía disponible llegando a la conclusión de que “el sistema ha sobrevivido, con los lógicos ajustes, a la orientación política de los distintos gobiernos que los holandeses han experimentado” desde la década de 1970 a la fecha.
Luego de que por las presiones de países vecinos se pusieran limitaciones al ingreso de turistas, los coffe shops en Holanda pasaron de 2.115 en su momento de mayor esplendor a 645 en la actualidad y se concentran en un 20% del territorio holandés.
En Holanda la cuota límite diaria que puede comprar una persona en el mercado “legal” es de cinco gramos pero luego puede dirigirse a cualquier otro y repetir la operación porque no existe un control general.
Entre los efectos positivos destacados por el análisis de la Embajada están la disminución del precio del cannabis al consumidor, una mejora de la calidad y sobre todo “logra separar a los consumidores del cannabis con los consumidores y traficantes de drogas duras”.
El análisis destaca que “si bien el sistema ya ha sido asimilado por la sociedad holandesa no puede afirmarse que a pesar del tiempo transcurrido tenga el consenso general de la población” que sufre el crecimiento del tráfico de sustancias “duras” y el turismo de drogas.
Entre los ajustes que se están procesando en Holanda está un proyecto de ley para modificar el Código Penal en el sentido de considerar un agravante los delitos bajo el efecto de alcohol o drogas. El fundamento, explica el análisis, “radica en que la experiencia policial ha demostrado que en los Países Bajos existe un vínculo estrecho entre la violencia y el uso de alcohol y drogas, especialmente en el campo de la violencia doméstica y en el sector del entretenimiento”.
En cuanto al establecimiento de un registro de usuarios de los clubes de membrecía, el documento presentado por la Embajada destaca que “los consumidores rechazan ser registrados ya que entienden que se viola su derecho a la privacidad y también temen que su nombre aparezca públicamente perjudicando sus posibilidades laborales y su imagen social”.