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    Un libro que documenta la colaboración de Vivian Trías con servicios checos pone en aprietos al Partido Socialista

    La aparición de un libro que documenta la extensa relación del exsecretario general del Partido Socialista (PS) Vivian Trías con una agencia de inteligencia de Checoslovaquia en la era soviética colocó a una de las principales organizaciones del oficialismo en una situación incomoda.

    La secretaria general del PS, Mónica Xavier, dijo a Búsqueda que acerca de la difusión de parte de los archivos que mencionan al exdiputado Trías y a otros socialistas hay que “arribar a alguna conclusión” y que el comité ejecutivo aspira a pronunciarse antes de fin de año, pero otras fuentes del partido indicaron que lo más probable es que continúe el silencio acerca de esta pesada herencia de la Guerra Fría.

    El domingo 2, El País distribuyó el libro La STB. El brazo de la KGB en Uruguay. Los archivos secretos del espionaje comunista desde los años ’60, de Vladimír Petrilák y Mauro Abranches Kraenski editado por Planeta.

    El profesor pedrense Trías, que no fumaba ni tomaba alcohol, pero recibía cigarrillos y whisky de los checos además de entre 150 y 200 dólares mensuales como recompensa por su trabajo, era solo uno de los alrededor de 20 agentes que tuvo el StB en Uruguay antes de levar anclas en 1977, en plena dictadura.

    El libro, escrito por un checo residente en Polonia y un brasileño radicado también en ese país, da cuenta de la investigación que realizaron en los archivos públicos de Praga dedicados al régimen que gobernó entre 1948 y 1989 y confirma y documenta los lazos que mantuvo Trías y otros uruguayos con la rezidentura montevideana del Státná bezpecnost (StB), una agencia de inteligencia  que funcionó en la órbita del Ministerio del Interior de la República Socialista de Checoslovaquia y que operó durante más de 20 años en Uruguay y otros países de América Latina en cooperación con la KGB soviética.

    Luego de que el periodista Gabriel Pereyra difundiera, a fines del año pasado en VTV, la existencia de estos archivos que registran las actividades de Trías como el agente Ríos de la inteligencia checa, el PS emitió una declaración en la que sostiene que no se hará eco de “versiones de prensa basadas en documentos de dudosa verosimilitud” y anunció la creación de una comisión de expertos. En términos similares se pronunció la Fundación Vivian Trías.

    Sin embargo, luego de realizar consultas con algunos historiadores, entre ellos el uruguayo Aldo Marchesi y el checo Michal Zourek, el partido decidió no poner en funcionamiento la comisión, como había resuelto en febrero pasado, y se llamó a silencio porque más allá de la interpretación claramente anticomunista hecha por Petrilák y Kraenski y de la descontextualización al abordar documentos de hace más de 50 años de una realidad que no conocen, en esencia los documentos son ciertos y fueron avalados por investigadores locales, entre ellos el propio Marchesi y el exsocialista Fernando López D’Alessandro.

    Ríos y otras erres. El profesor pedrense Trías, que no fumaba ni tomaba alcohol, pero recibía cigarrillos y whisky de los checos además de entre 150 y 200 dólares mensuales como recompensa por su trabajo, era solo uno de los alrededor de 20 agentes que tuvo el StB en Uruguay antes de levar anclas en 1977, en plena dictadura.

    Entre los nombres de agentes que han aparecido hasta ahora en los archivos destacan, además de Trías, el contador Guillermo Bernhard y el periodista Héctor Menoni.

    Bernhard era un especialista en la industria cárnica que fue jerarca del desaparecido Frigorífico Nacional y luego director del diario de izquierda Época, clausurado por el gobierno de Jorge Pacheco Areco en 1967.

    Menoni era un colaborador interesante para los espías checos porque estaba vinculado al objetivo principal del StB: Estados Unidos.

    Los documentos revelan que el periodista que trabajó para la agencia de prensa estadounidense United Press International (UPI) fue el agente que más años se mantuvo en actividad para el servicio aliado de la KGB. Lo hizo por razones ideológicas y operó no solamente en Montevideo sino también en Colombia, Argentina y Venezuela bajo el nombre de Rarach hasta 1984, cuando interrumpió su colaboración por razones de salud.

    Otros agentes cuyos nombres de guerra comenzaron con la letra erre, que en la interna del StB correspondía a Uruguay, fueron el general del Ejército Álvaro García de Zúñiga (Rifle) y el empresario José Trelles (Rivas).

    Ríos, considerado el más importante por su capacidad e influencia, era también reclutador y había montado su propia red, y captado colaboradores bajo “bandera falsa”, porque sus agentes —entre ellos el historiador Carlos Machado— actuaban supuestamente para el PS, pero en realidad lo hacían para el StB.

    En el caso de Menoni, los checos tenían la esperanza de que gracias a su trabajo en la agencia UPI tuviera acceso a informaciones útiles a Praga y Moscú.

    Esta posibilidad en realidad se habría concretado pocas veces. Una de ellas, según el libro, habría sido en 1961 cuando la crisis de los misiles soviéticos instalados en La Habana. En medio de esa situación que estuvo a punto de provocar una nueva guerra mundial, Menoni suministró información de calidad que habría servido a Moscú a una mejor apreciación de situación.

    En 1970, Praga recibió de manos de su agente el interrogatorio realizado por los tupamaros al estadounidense Dan Mitrione semanas antes de que se publicara.

    Los espías checos también valoraron de este agente unos documentos secretos de la conferencia de ejércitos americanos que se realizó en 1975 en Montevideo.

    La posibilidad de que Menoni fuera trasladado a Estados Unidos, algo que finalmente no se concretó, fue una buena noticia para el StB, que estuvo dispuesto a pagarle a Rarach un curso de inglés.

    Los agentes o directamente los propios oficiales camuflados como diplomáticos tomaron contacto con políticos, periodistas y académicos uruguayos en busca de información útil para su trabajo. Entre los que estuvieron en contacto con los checos sin haber sido agentes se cuentan los políticos Alberto Heber, Amilcal Vasconcellos y Alejandro Rovira. Este último, a pesar de ser calificado como de ultraderecha, mantenía lazos con el StB desde 1966 con el nombre clave Remero.

    Bolsonaro. La investigación que llevó a Trías/Ríos y a la rezidentura uruguaya del StB comenzó en Brasil y está resumida en el libro de los mismos autores 1964 el eslabón perdido. El título alude al año en que se produjo un golpe de Estado militar en Brasil. En un video disponible en el sitio StB no Brasil, el entonces candidato Jair Bolsonaro aparece con el libro en la mano y saluda a los autores. “Es un período de sacrificarse que todos debemos llevar en el corazón, civiles y militares”, dijo el presidente electo despertando suspicacias en Brasil y Uruguay acerca de la coincidencia de la publicación de los dos libros con los períodos electorales en los respectivos países.