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    Una cosa poco siria

    Resulta enternecedor el ámbito en el que la numerosa familia siria importada por el Pepe Mujica en el 2014, con los refinados asesoramientos de los expertos en seleccionar atorrantes, el Lic. Javier Mirándola y la Prof. Juliana Palangana, se ha instalado en la Plaza Independencia con carpas, armas y bagajes.

    Si lo mejor que pudieron elegir los asesores del Pepe enviados a los campos de refugiados en el Líbano fue esto, Dios mío, cómo serían los demás.

    Uno se imagina que Mirándola y Palangana irían caminando entre las carpas diciendo al azar, uno, dos, tres, este va, cuatro, cinco seis, este también va, y así nos injertaron una banda de inútiles malagradecidos que quieren recibirlo todo y no dar nada. Y los asesores, como Pilatos, se lavaron las manitas, y arréglense como puedan.

    La carpa de la Plaza Independencia es un monumento a la torpeza, la inconsciencia, la irresponsabilidad y el desparpajo con los que la Administración Mujica aderezaba el premio Nobel que nunca le dieron (ni le darán, espero) jugando a la solidaridad humanitaria, mientras nos injertaban esta caterva de vagos de pacotilla que solo se irían de la plaza si los mandan buscar en limusina para llevarlos al aeropuerto, y enviarlos en Clase Ejecutiva a una isla de la Polinesia en la que vivirían gustosos con unos subsidios de 20.000 dólares per cápita, financiados por la Acnur, el Fondes, y la Fundación Soros.

    Mirándola y Palangana deberían por lo menos devolver los viáticos de aquellos viajes que hicieron, seleccionando inútiles sin referencias.

    Pero veamos la parte folclórica y turística de este campamento, donde solo faltan los camellos.

    La gente se acerca a verlos, los niños juegan a la pelota, las niñas con su hiyab toman mate y lavan sus ropitas en las fuentes aledañas, y el patriarca Ibrahim El Bolud Ibn Melasrask fuma tirado en su colchoneta adentro de la carpa, y no le da notas a ningún medio.

    -Tabaré mentiroso, debernos plata, promesa minga no cumplir, nosotros tener que comer y Tabaré no mandar nada —grita desde su tatami mugriento y maloliente, mientras los delegados de las organizaciones de Derechos Humanos, los de la Acnur, de la ONU, vienen en trojas desde sus oficinas locales o desde el extranjero, a dialogar con esta tribu de dieciséis zaparrastrosos que gira en círculos concéntricos en torno a su inconsistencia.

    Las mujeres se quejan de que todo está caro (igual que la mía y la suya) y afirman que en Siria todo es mejor y más barato (cosa que creo que ni su mujer ni la mía afirmarían).

    Los pasantes que circulan por la plaza adoptan actitudes variadas.

    Unos les alcanzan alimentos o algún peso, otros les gritan atorrantes, vayan a laburar, a mí tampoco me alcanza la plata a fin de mes pero me rompo el lomo trabajando, otros pasan y ni los ven.

    Los que los vienen a visitar de las oficinas de Acnur, de la ONU, de las ONG de derechos humanos, tratan de convencerlos de que acepten trabajar e integrarse en la sociedad, y también vienen los de varias Iglesias, les acercan rezos y oraciones, y en cualquier momento aparece el cardenal Sturla a pedirles la firma para el petitorio de la estatua de la Virgen en el Buceo, y les va a prometer que si firman, la Virgen hará un milagro y ellos volarán en alfombras mágicas a una Siria en paz, gracias a la mediación del papa Francisco.

    Doña Kechichian ya ha coordinado con los representantes de los cruceros que amarran en nuestro puerto, para que sus viajeros que visitan Montevideo hagan una pasada por la Plaza Independencia para ver la Torre Ejecutiva, el Palacio Salvo, el Mausoleo y la estatua de Artigas, y el campamento sirio, única carpa musulmana del mundo instalada frente a la sede de un Poder Ejecutivo

    A estos sirios les ofrecieron 35 hectáreas gratis en Salto, financiamiento para un proyecto de lechería y de cría de ovinos, 105.000 pesos mensuales “para ir tirando”, herramientas y apoyo logístico y psicológico. Pero los rechazaron, porque “hay que trabajar, y es muy duro”.

    En cualquier momento empiezan a aparecer en otras áreas verdes de la Plaza Independencia otras carpas reivindicativas, como la de los salteños que quieren el IMAE y se lo mosquetean un día sí y otro no, la de los funcionarios judiciales a los que no les pagan la retroactividad, la de los gestores clandestinos de afiliaciones al Fonasa, porque no los dejan ganarse la vida dignamente, y la de los ahorristas del Cambio Nelson, exigiendo que se haga presente Sanabria y les entregue al menos el 20% de lo que les curró.

    Y con ese olfato a toda prueba que tiene nuestra izquierda radical, cualquiera de estos días acampan en la Plaza Independencia los bolches, para reclamar la renuncia de Nin Novoa y la rectificación de la posición oficial uruguaya desconociendo la revolución bolivariana y la democracia progresista de Nicolás Maduro y su Barakutanga.

    La Plaza Independencia se volverá así un enorme campamento reivindicativo, un atractivo turístico ineludible, un ámbito de reclamos justos e ignorados por un gobierno indolente e insensible.

    Se instalarán baños públicos y cámaras de reconocimiento facial, juegos inflables y peloteros para los niños, puestos de venta de artesanías, de tortafritas y de churros, carpas de adivinadoras de Tarot y tiradoras de buzios, puestos de quiniela clandestina, tablados para recitales de Larbanois-Carrero y Lucas Sugo, se organizarán ollas populares para alimentar a los reclamantes y a sus familias, mimos, malabaristas y tragafuegos.

    Y una vez más Uruguay le dará ejemplo al mundo de que aquí, como en Venezuela, según lo explicó en Alemania Tabaré Vázquez, funcionan todos los poderes: el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo, el Poder Judicial, y el poder hacer lo que se te cante sin que nadie reaccione y ponga las cosas en su lugar.