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    Una luz centenaria

    El 16 de junio cumplió cien años. Ya no toca en público; solo por momentos y en intimidad. Horacio Salgán es ahora una luz centenaria que jamás dejará de alumbrar al tango.

    Un crítico musical francés escribió en Le Monde, tiempo atrás: “Las orquestas dirigidas por Salgán entre 1944 y 1957 ampliaron la forma tradicional del tango, profundizando el sentido rítmico y le agregaron un toque negro, con un nuevo estilo receptivo a Bartok, Ravel, el jazz y la música brasileña”.

    Nacido en una familia afroporteña —por lo que está incluido en el “Calendario de afroargentinos del tronco colonial”— este impar pianista, compositor, arreglador y director de orquesta, uno de los impulsores más notorios del tango de vanguardia, escuchó desde la cuna tocar el piano a su padre, un aficionado: no fue extraño que a los seis años comenzara a estudiar ese instrumento, ni que a los trece interpretara a Beethoven, Bach y Chopin. Por necesidades familiares, en 1930 obtuvo trabajo en matinés de cines de barrio, fiestas, casamientos, en el café El Gato Negro de Corrientes y Alem y hasta como organista de la iglesia San Antonio de Villa Devoto.

    A los 18 años fue contratado por radio Belgrano como solista y acompañante de cantores, relevando a “El Mono” Villegas y a Carlos García. A los 20 lo descubrió Roberto Firpo, con quien, dado el carácter irascible del director, tuvo la misma experiencia que Pugliese poco antes: duró muy poco. Pero ese mismo año, 1936, debutó como arreglador de Miguel Caló.

    Y a partir de ahí, la historia luminosa.

    En 1944 formó su propia orquesta, con el cantor Edmundo Rivero. El esperado debut tuvo un traspié: en radio Belgrano, en el primer ensayo, un ignoto director artístico lo rechazó: “La orquesta suena medio rara y el cantor es imposible”. Aunque de esa agrupación no quedaron discos y duró solo hasta 1947, Salgán persistió:

    —Nunca quise inventar nada novedoso. Solo vestí con ropaje más moderno al tango. Mi estilo hace hincapié en una armonización de la orquesta, con los bandoneones sonando más agudos que las cuerdas y utilizando síncopas y contratiempos. Eso era inusual para la época, igual que Rivero, un cantor diferente a cuantos se escuchaban.

    Y llegó el aluvión: en 1950 grabó con Piazzolla el simple Para los fanáticos, en cuyo lado A figuran dos temas de Astor y A fuego lento, de Salgán, en el lado B. En 1957 conoció a Ubaldo De Lío, con quien trabajó casi cuatro décadas, hasta dos años antes de la muerte del guitarrista en 2012. Ese encuentro fue esencial: de él nació el mítico Quinteto Real, junto a Pedro Láurenz (bandoneón), Enrique Mario Francini (violín) y Rafael Ferro (contrabajo).

    Dijo Luis Alberto Sierra: “La exuberante expresividad de su cuidada labor estaba siempre supeditada al arreglo orquestal, que trabajaba con minuciosidad de orfebre. La perfección del sonido era la meta vital de su estética, que buscaba sin recurrir a nuevos timbres en la ejecución del tango”.

    En 1970 actuó en el Lincoln Center de Nueva York; en 1972 en el Teatro Colón; en 1973 grabó con el Nuevo Quinteto Real (con la incorporación del cantor Miguel Montero, el bandoneonista Leopoldo Federico y el violinista Antonio Agri) el disco Los cosos de Buenos Aires; en 1976 estrenó el Oratorio Carlos Gardel, con poesía de Horacio Ferrer; en la década de 1980 se dio el gusto del regreso de Edmundo Rivero, ya solista, para grabar un formidable disco que, tal vez, opacó a otras placas con las voces de Roberto Goyeneche y Horacio Deval.

    Salgán compuso y arregló unas 400 obras. En síntesis muy apretada hay que decir que creó clásicos como el ya referido A fuego lento, A don Agustín Bardi, Entre tango y tango, Grillito, La llamó silbando, A plazo fijo, Del 1 al 5, Cortada San Ignacio y los hermosos valses A una mujer, En tu corazón y Motivo de vals. Como pocos, recibió homenajes de sus colegas, que le dedicaron varios temas, con destaque de A Horacio Salgán, del pianista de jazz Oscar Alemán.

    Su última actuación con el Nuevo Quinteto Real fue por los festejos del Bicentenario de la República Argentina, el 25 de mayo de 2010.

    Participó del filme Café de los Maestros y en 1998 de Tango, nunca me dejes, del español Carlos Saura, nominada al Oscar como mejor película extranjera.

    En un reportaje relativamente reciente, hizo gala de su sentido del humor:

    —Siempre dije que fuimos, con Pugliese, los únicos abstemios del tango. Para muchos yo era el gil del ambiente. Pero nunca me aburrí. Siempre encontré otras picardías para divertirme…