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    Una regasificadora que convive con un pueblo de 4.000 habitantes, miles de turistas en verano y un puerto más grande que Montevideo

    Zeebrugge (Martín Mocoroa, enviado). Zeebrugge. Brujas al Mar. El nombre puede parecer poco imaginativo pero es tremendamente descriptivo. Define con exactitud al balneario que mantiene parte del espíritu y la arquitectura medieval de la ciudad de Brujas, de la que está apenas a 16 kilómetros, pero con la humedad del Mar del Norte dominando el aire.

    Otra diferencia con su vecina resalta de inmediato: la tranquilidad. Lejos del ajetreo de turistas, bicicletas y autos último modelo que hacen resonar todos los días los adoquines de Brujas, en el mediodía nublado del miércoles 21 de mayo en Zeebrugge apenas se hace sentir un rumor de viento.

    La tranquilidad en el pueblo en el que residen apenas unos 4.000 habitantes no durará mucho. En la temporada europea de verano, que está a punto de comenzar, recibirá la visita de cerca de 300.000 personas en cruceros y otros cientos de miles que llegarán por otras vías. Pero por ahora, sólo rumor de viento.

    Ningún otro sonido que haga sospechar que allí funciona todo el año un puerto en el que trabajan 27.000 personas y por el que pasan 50 millones de toneladas anuales de mercadería. Es cierto, el nivel de actividad está lejos de los 300 millones que mueve el puerto de Rotterdam, los 200 millones del de Amberes o los 180 millones del de Marsella. Pero 50 millones de toneladas representa 10 veces el movimiento del puerto de Montevideo. Algo más de 50 millones de toneladas, por ejemplo, es la demanda que prevé el gobierno para el puerto de aguas profundas de Rocha.

    Allí funciona también desde 1987 una planta regasificadora. La instalación es operada desde 2008 por Fluxys, luego de que las empresas Suez y Gaz de France, al fusionarse, fueran obligadas a desprenderse de algunos de sus activos para evitar el monopolio en el mercado del gas.

    Gas Natural Licuado del Sur (GNLS), filial en Uruguay de GDF Suez y adjudicataria de la planta regasificadora que ya comenzó a construirse en Montevideo, en Puntas de Sayago, invitó a Zeebrugge a una delegación integrada por representantes de partidos políticos, funcionarios de instituciones y organismos públicos y periodistas.

    La compañía buscaba despejar con esa visita las dudas sobre el proyecto en Uruguay mostrando una planta similar en funcionamiento y conviviendo con otras actividades. La Coordinación de Vecinos del Oeste, organización que se opone a la instalación de la planta, prefirió no participar por considerar a la invitación un intento de “comprar la voluntad de los vecinos”.

    El lunes 9 de junio una manifestación de un grupo de pescadores artesanales, apoyada por la Coordinadora, impidió el ingreso a la zona donde se lleva adelante la obra de la planta regasificadora en Puntas de Sayago. El grupo de 178 trabajadores reclama U$S 10 millones a las empresas vinculadas y se presentó ante la Justicia el mes pasado.

    En Zeebrugge la actividad de la regasificadora convive con la actividad comercial del puerto, con el pueblo y con los turistas que llegan en temporada. No siempre fue así. Walter Falleyn, un veterano funcionario del puerto que guió a la delegación en una visita, contó que cuando comenzó la construcción de la planta hubo “fricción” con los visitantes asiduos, que dejaron de veranear allí. Pero tardaron poco en volver a llenar las playas.

    Lomo erizado.

    La planta de Zeebrugge pone en circulación 50.000 millones de metros cúbicos de gas por año, de los que 17.000 millones se utilizan en Bélgica y el resto se exporta a otros mercados europeos. Desde que comenzó a funcionar recibió 1.350 buques metaneros.

    Como entre Brujas y Zeebrugge, una diferencia salta a la vista entre la planta regasificadora y el resto del puerto: no hay gente. Al recorrer las 35 hectáreas de la terminal de Fluxys no hay casi rastros de los 27.000 trabajadores del puerto.

    El empleo fue uno de los temas que puso sobre la mesa Martín Guerra, dirigente del Sindicato del Gas que integró la delegación, en una reunión con autoridades de GDF Suez. Gilles Vaes, vicepresidente senior de Desarrollo de Negocios, Paul-Emmanuel Decroes, especialista en proceso de gas natural licuado, operaciones y mantenimiento y Jean-Louis Pairon, asesor en gas natural licuado, fueron los encargados de responder en nombre de la compañía a las dudas de la delegación uruguaya en la sede de la compañía, en Bruselas, en la mañana del miércoles 21.

    Pairon, un hombre canoso, de cara rojiza y sonriente, respondió a la inquietud de Guerra en un español limitado pero impetuoso. Según dijo, la planta en Uruguay necesitará cerca de 60 trabajadores.

    Diego Fulquet, director comercial y de regulación de GNLS, añadió que en principio contratarán “gente con experiencia y preparada” del exterior pero también “gente local” para ser capacitada. Según dijo, la idea es que “en pocos años el equipo de operación sea cada vez más local”.

    Terminada la reunión, en un tono más confidente, Guerra se acercó y habló un momento con Vaes. “Yo escucho Gaz de France y se me eriza el lomo”, le dijo.

    Gaz de France estuvo en Uruguay como accionista mayoritario de Consorcio Gaseba Uruguay entre 1994 y 2005. En esos años, según Guerra, la empresa incumplió constantemente el contrato firmado. Además tuvo una relación conflictiva con los trabajadores y, en una medida que todavía le duele al sindicalista, en diciembre de 1996 echó “de buenas a primeras” a 33 trabajadores, entre ellos toda la dirigencia del sindicato.

    “Por eso se me eriza el lomo”, dijo Guerra a Búsqueda.

    Coordinación.

    A la terminal de Fluxys en Zeebrugge llega en promedio un buque metanero cada semana. Cuando eso sucede, por motivos de seguridad, en el puerto se suspende el tráfico de buques de cualquier otro tipo, explicó Frederik Sanders, un joven y colorado ingeniero del Puerto de Zeebrugge. Las maniobras de ingreso y salida tardan cerca de media hora.

    Ante una inquietud de Julio Coppola, representante del Partido Colorado, Vaes dijo que no cree que “vaya a haber problemas”. El ejecutivo se apoyó en el ejemplo de Zeebrugge, “un puerto muy activo” en el que las actividades se compatibilizan sin problemas.

    “El acceso a Zeebrugge es por el canal más transitado del mundo, La Mancha”, resaltó.

    El prefecto de Montevideo, Marcelo D’Anatro, explicó a Búsqueda que en el caso de Uruguay hay un elemento que hace un poco más difícil la coordinación. Es que la regasificadora estará al final del canal de acceso. Los barcos metaneros deberán recorrer casi 40 kilómetros desde el ingreso al canal hasta llegar a la planta. Mientras hagan ese recorrido ningún otro barco puede entrar en el canal.

    De todos modos asegura que no habrá problemas de compatibilidad. “Acá (por Zeebrugge) entra un buque metanero por semana y no tienen problemas. En Uruguay va a llegar un metanero por mes”, dijo.

    La Prefectura, adelantó, ya prepara la legislación para el tráfico de esos buques.

    Accidentes.

    Vaes, Pairon y Decroes respondieron a las preguntas de la delegación. Decroes, un hombre con aspecto de genio, petiso, como caído adentro de su saco, de pelo castaño tirando a colorado y lentes, era el único de los tres que no hablaba español. Pero lo entendía casi todo.

    Cuando se prolongaban más de lo normal las conversaciones entre los integrantes de la delegación uruguaya, Decroes se acercaba a Pairon buscando confirmar por lo bajo cuál era el tema del intercambio.

    En uno de esos momentos se puso a trabajar en el pizarrón. En un par de minutos enseñó un dibujo con el que explicó el tema en discusión.

    La posibilidad de accidentes fue una de las principales consultas de Coppola y de la química Lucía Castillo, de la Dirección Nacional de Medio Ambiente, ya que esa es a la vez una de las principales inquietudes de los vecinos de la zona donde operará la regasificadora.

    Pairon aseguró que la industria del gas natural licuado no conoce grandes problemas de seguridad. En el caso de Zeebrugge destacó que desde 1987, año en que comenzó a operar, nunca hubo un accidente. La posibilidad de una explosión fue descartada por Fulquet porque el gas líquido no explota, es inerte.

    Para Pairon, en el peor de los escenarios podría ocurrir un incendio y no hay ejemplos de un evento similar. Si se diera el alcance máximo sería de un radio de 300 metros. La planta en Uruguay, a diferencia de la de Zeebrugge, será off shore y estará a más de dos kilómetros de la costa.

    Aunque está convencido de la importancia y la seguridad del emprendimiento, el alcalde del Municipio A les dejó a los representantes de GDF Suez un mensaje claro una vez terminada la reunión y luego de intercambiar tarjetas. “Si hay algún problema se van a acordar de mí”, le dijo sonriente a Decroes mientras le estrechaba la mano.

    El hombre pequeño, en silencio, sólo respondió con una sonrisa amable. Pero seguro entendía de lo que hablaba el alcalde.