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Primera sorpresa: no hay copias dobladas al español y no es apta para niños. La de Blancanieves nunca fue, en realidad, una historia infantil sino un oscuro relato de celos y venganzas por culpa de una madrastra muy malvada y una niña casta y pura que debe huir para escapar de la furia de esa bruja: Mirror, mirror on the wall, who’s the fairest of them all?” (traducido para respetar el verso como “Espejito, dime una cosa: ¿cuál es de todas la más hermosa?”). Los siete enanitos salvarán a la hermosa princesa de los horrores del bosque encantado, pero no podrán evitar que la odiosa madrastra disfrazada de vieja vendedora de frutas la haga morder la manzana envenenada y le provoque la catalepsia que solo el beso del príncipe podrá conjurar. Y colorín colorado…
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Pero no. Nada es igual que la bicentenaria narración de los hermanos Grimm ni que la edulcorada (y memorable) versión de Walt Disney de 1937. Y eso que aquella bruja metía miedo de verdad cuando se transformaba en un viejo espantajo. En esta nueva adaptación para adultos, la madrastra se llama Ravenna y está interpretada por la radiante Charlize Theron, una reina que usurpa el trono, que manda a la niña Blancanieves al calabozo y que se nutre de la sangre de jóvenes doncellas para mantener su eterna juventud. Pero qué trabajo le da. Cada consulta al espejo (que se transforma en una figura de metal líquido y voz cavernosa) incita su draculiana sed de sangre, la cual no satisface merced a vulgares colmillos en la yugular sino a un acto de hechicería mediante el que “aspira” la juventud de sus víctimas y las convierte en arrugadas pasas secas.
Pero aquí viene la segunda sorpresa. Blancanieves (ahora Kristen Stewart) escapa del castillo, y a partir de allí la historia adquiere un verdadero espíritu feérico en un mundo mágico que no tiene nada que ver con la realidad sino con una fantasía desbordante que incluye efectos especiales de primera y amplias panorámicas donde la cámara realiza evoluciones espectaculares sobre escenarios recreados para deleitar el ojo y hacer cómplice al espectador de semejante propuesta.
Por cierto que están el cazador (Chris Hemsworth, el musculoso rubio de “Thor”) y ocho enanos (no siete) que llevan a Blancanieves a un bosque encantado, tan fascinante como los escenarios de “Avatar”. Luego muere uno y restablece el número clásico, pero todos tienen los familiares rostros de Bob Hoskins, Ray Winstone, Ian McShane, Nick Frost, Eddie Marsan, Toby Jones y Brian Gleeson, empequeñecidos como los Hobbit de “El señor de los anillos”. Nada es igual, pero de alguna manera se le parece bastante.
Porque, hay que decirlo de una buena vez, Charlize Theron hace la diferencia. Cuando quiere ser una belleza deslumbrante, no tiene problema. Cuando quiere ser mala de verdad, tampoco. Todo lo hace bien y le agrega esa fuerza demoníaca que una buena villana de cuento de hadas debe tener. En la memoria no cabe otra comparación que la inolvidable Margaret Hamilton de “El mago de Oz”, aunque en una cuerda más caricaturesca. Theron tiene, en cambio, vida propia y motivos suficientes para hacer sus maldades: si deja de nutrirse de sangre joven, se arruga rápidamente y el espejo no le da consuelo ni buenos consejos, obviamente. Es por ello que necesita el corazón de Blancanieves para conseguir al fin la juventud eterna.
De pronto, la película tuerce otra vez el rumbo. Ahora es una historia de caballería, con Blancanieves cual Juana de Arco al frente de las tropas que asaltan la fortaleza de Ravenna. Otra vez “El señor de los anillos” mezclado con “Ivanhoe” y “Rey Arturo”. Miles y miles de cuervos negros se transforman en soldados de un ejército fantasma y en defensores a ultranza de la reina-hechicera. La batalla final poco tiene que ver con la clásica historia de Blancanieves, pero funciona como cine épico de gran despliegue y movida acción.
En suma, Blancanieves y el cazador es una vuelta de tuerca más seductora que “Espejito, espejito” (que tenía a Julia Roberts como madrastra mala) y llena el ojo con mucho espectáculo. Sin embargo, no llena el espíritu, ese ente exigente que sigue añorando (¿será posible?) el cuento original y la vieja película del gran Walt. ¿Y qué?
“Blancanieves y el cazador” (“Snow White and the Huntsman”) EEUU, 2012. Dirigida por Rupert Sanders. Escrita por Evan Daugherty, John Lee Hancock y Hossein Amini. Duración: 127 minutos.