Una semana con la historia

Una semana con la historia

Emma Sanguinetti

4 minutos Comentar

Nº 2268 - 14 al 20 de Marzo de 2024

Lo primero que pensé fue que era una fake news. Un amigo me avisaba que Peter Burke (Stanmore, 1937), el gran maestro de la historia cultural, social, del conocimiento y de la ignorancia —y de tantas otras historias más—, iba a estar una semana en Uruguay. Y parecía una fake news no solo por lo inverosímil de la noticia sino porque el propio Burke ha sido un estudioso del fenómeno de la información falsa. Pero resultó que era verdad y así fue como tuvimos el privilegio de presenciar sus dos conferencias magistrales en el Aula Magna de la Facultad de Información y Comunicación de la Udelar. La del martes 5 se tituló Estado actual del campo de la historia de la cultura, y la del jueves 7, La historia del conocimiento y la ignorancia. En la primera estuvo acompañado por la presentación de la profesora Lourdes Peruchena y en la segunda por el profesor José Rilla como moderador.

Dejemos las cosas claras desde el principio: Burke es una leyenda viva, sus ideas han formado a generaciones de docentes y académicos en el mundo y sus libros han revolucionado los modos de entender la historia como disciplina y también la forma de contar historias. De allí que la emoción se palpaba en el rostro de todos los que colmamos la sala en ambas ocasiones, y fue tal la respuesta que hubo que habilitar dos salones más para seguir las ponencias por el canal de YouTube de la universidad.

No faltó nadie a la cita, incluso en un momento pensé para mis adentros que si pasaba algo, nos quedábamos sin historia nacional. Obviamente, no sucedió nada, salvo la presencia de este ilustrado profesor inglés que, con su andar desgarbado, sus ojos inquietos y sus modos gentiles, hizo gala de su erudición políglota dictando las dos ponencias en español.

Formado en Oxford en los años 50, ejerció la docencia en la Universidad de Sussex en donde, amparado en un clima intelectual abierto y flexible, comenzó a investigar el cruce interdisciplinar de la historia con la antropología y la sociología, con la etnografía, la lingüística, el arte y la literatura. Hasta que en 1979 recaló en la Universidad de Cambridge, que es hasta el día de hoy su hogar intelectual y también su tribuna, porque su cátedra de Historia Cultural fue y sigue siendo un pilar para los más audaces enfoques académicos.

En su primera disertación, Burke nos contó su historia. Tomó como hilo conductor su propia carrera y nos fue guiando por la gran red de influencias que lo alejó de los tradicionales modos de hacer historia para arribar al denominador común que todo lo conecta: la cultura. Una cultura que es enfoque, un gran prisma óptico aplicable a todos los campos de la historia, porque la función de la cultura para Burke es la de ser “el pegamento intelectual que establece las conexiones en el reino de lo simbólico”. Una idea poderosa que hizo único a su famoso libro La fabricación de Luis XIV, de 1992 (en español, 1995), una obra que en su época fue lo más parecido a un derechazo directo a la mandíbula. En él, Burke analiza centenares de pinturas y grabados, disecciona el ballet, la vestimenta, las fiestas y el palacio, devela los mecanismos de manipulación de la comunicación en el siglo XVII y lo hace interconectando todo, para ofrecernos en bandeja —y con peluca— a un “rey fabricado” simbólicamente. Nunca olvidaré el impacto que me provocó este Luis XIV porque, entre otras cosas, entendí el valor de la visión omnímoda, y en su conferencia Burke insistió en la necesidad de que sigamos teniendo eruditos, polímatas, curiosos estudiosos del todo. Porque vivimos en el mundo de la especialización del conocimiento, lo que quizá nos haga más sabios en ese pequeño universo fragmentado, pero será siempre a costa de eludir las grandes conexiones.

La segunda conferencia versó sobre la historia del conocimiento y de la ignorancia, un tema que lo viene ocupando desde hace años, como lo demuestra su último libro, Ignorancia, una historia global (2023), y también su contrario, la Historia social del conocimiento. De Gutenberg a Diderot (2002). Burke nos habló de cómo la ignorancia no puede ser reducida a la fórmula del no saber, de su importancia como motor de la curiosidad, de la diferencia entre conocimiento e información y de las fake news y su larga historia. Puso ejemplos de todo y aquello fue un aluvión de ideas del que me quedo con una sola: la peor ignorancia es la de aquel que no sabe que no sabe, porque vuelve inútil la búsqueda del conocimiento y convierte el saber erróneo en pretensión de verdad.