Domingo, víspera de feriado. Un triste partido de fútbol ha raleado las calles de Montevideo. Subo a un ómnibus casi vacío y me siento en el primer lugar que veo: el maternal.
Domingo, víspera de feriado. Un triste partido de fútbol ha raleado las calles de Montevideo. Subo a un ómnibus casi vacío y me siento en el primer lugar que veo: el maternal.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo está la radio encendida. El conductor es un rara avis. Entramos en la calle Guayabos, muy estrecha y con una senda para ómnibus. De pronto, una enorme camioneta moderna y blanca, estacionada, impide pasar al ómnibus.
El conductor hace un rodeo y un largo parlamento: ¡Este es el Uruguay de hoy! Las leyes las hago “yo”. Cada uno es el dueño de la razón. Nadie pide perdón. Todos saben de todo…
Su tango va para largo. Apunto, tímidamente: Seguramente estaba usando el celular y por eso estacionó. Contestando un Whatsapp…
El guarda aúlla: ¡El celulaaaaaaar! Desde este espejo que tengo delante, yo veo todo el coche. Solo se piensa en el celular… El otro día, en el asiento en que está usted, una chica venía con un bebé en brazos y todo el tiempo dándole al celular con los dedos. Entonces la criatura empezó a pedir de mamar… Y la joven sacó un seno, sin mirar al bebé, y se lo puso en la boca. Y en todo el tiempo en que el bebé estuvo mamando no lo miró ni una sola vez. Yo tengo cuatro hijos y sé muy bien que el amamantamiento es el momento en que la madre conoce a la criatura, se miran, es un momento íntimo, y ésta lo único que hacía era mirar cómo se movían sus dedos en la pantalla del celular. Y de repente… el bebé soltó el seno y se durmió hacia atrás.
Yo, asustada, pregunté: No me diga que se ahogó… ¿No hizo provechito?
El conductor contestó: ¡Qué le va a hacer provechito! Hace años que no veo a una madre haciéndole hipo al niño. ¡Al bebé no le pasó nada, estaba dormido, pero ella dejó el seno al aire y seguía con el celular!
Apunto, para que no se sienta tan solo en su angustia: Yo soy profesora y en el aula los celulares son un problema. Los chiquilines dos por tres están mandando mensajes…
El hombre se pone más nervioso todavía. (En los viejos tiempos hubiese sido una flagrante infractora; recuerdo los cartelitos: Prohibido hablar al conductor. Prohibido fumar y salivar).
El hombre exclama, rotundo: ¡Los celulares en los liceos están prohibidos!
Le digo: No, lamentablemente, no.
No puedo explicarle al obrero del transporte todas las anécdotas que se cuentan en las salas de profesores en torno al tema del celular: violencia en los tiempos que los celulares se retiraban y se daban a la dirección, violencia de los padres que venían a retirarlos acusando al liceo de robo, llantos desolados de chicos y chicas que han perdido o se les ha hurtado el celular, escritos en donde se copia por celular, grabaciones para hacer bulling por facebook, etc.
Según Filgueiras, los docentes no debemos priorizar los contenidos sino la contención y el sentimiento de pertenencia al liceo en el estudiante. No enseñar (educar) sino entretener.
Yo creo que eso se logra con un buen comedor gratuito y un gimnasio cerrado y moderno en cada liceo.
Pero, por ahora, ese rol lo ocupan los celulares.