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    Uno de los ex prisioneros de Guantánamo viajó a Argentina; otros dos se mudaron a un hotel por “cortocircuitos” con el resto

    La ONU acordó con el gobierno hacerse cargo de los seis refugiados y les dará una mensualidad y vivienda

    Dos meses atrás seis prisioneros de la cárcel de Guantánamo fueron liberados por el gobierno norteamericano y llegaron a Uruguay con la esperanza de iniciar una nueva vida y dejar atrás más de una década de encierro. Tras el shock inicial, los refugiados se acostumbraron a vivir en libertad. Y poco a poco empezaron a querer más libertad.

    La convivencia en una casa pequeña, la incertidumbre sobre su futuro, la distancia con sus familias, la falta de dinero para moverse, el desarraigo de estar en un país muy distinto al suyo, las dificultades para comunicarse y las secuelas en la salud tras años de confinamiento pesan en el ánimo de los ex detenidos.

    Uno de ellos, Abu Wa’el Dhiab, viajó a Argentina el pasado domingo 8. Lo acompañó una periodista argentina, activista de derechos humanos y defensora de la causa palestina en la Franja de Gaza.

    Además, otros dos refugiados —un palestino y un tunecino— se mudaron a un hotel en las últimas semanas porque había “cortocircuitos” en la convivencia con los cuatro sirios, informaron a Búsqueda varias fuentes consultadas. El Ministerio del Interior decidió que lo más conveniente para “descomprimir” la situación era trasladarlos a un hotel y se hizo cargo de los gastos.

    Aún ninguno de ellos trabaja —aunque han recibido varias ofertas— y la mayoría abandonaron las clases de español, indicaron los informantes.

    Al mismo tiempo, el gobierno uruguayo y el PIT-CNT decidieron dejar en manos de Acnur —la agencia de Naciones Unidas para los refugiados— el proceso de inserción de los ex detenidos. El Servicio Ecuménico para la Dignidad Humana (Sedhu), la agencia implementadora de Acnur en Uruguay, se encargará de conseguirles vivienda y les proveerá de una mensualidad.

    Varias organizaciones sociales dijeron a Búsqueda que estuvieron en contacto con el grupo de refugiados y que les preocupan las dificultades que experimentaron para adaptarse. Además, afirmaron que la situación de los ex detenidos “no coincide con la imagen que ha dado el gobierno”.

    Sin trabajo.

    Ninguno de los ex prisioneros comenzó a trabajar. Según dijeron representantes del PIT-CNT, la razón no es que no tengan posibilidades, ya que han recibido varias ofertas.

    La empresa de la construcción Calpusa les ofreció dos lugares y vivienda, pero hasta el momento no respondieron a la propuesta. La Unión de Vendedores de Carnes brindó un puesto para uno de los sirios, pero este lo rechazó porque la forma de trabajar la carne no es la que su religión utiliza.

    Además, una joyería ofreció trabajo para otro de los sirios que se desempeñaba en ese rubro tiempo atrás y un reconocido productor del interior también se puso a disposición para contratar a alguno de los ex detenidos. Sin embargo, por el momento ninguno de ellos aceptó.

    “Del ambiente empresarial tuvimos buena disposición y nos ofrecieron muy buenos trabajos. No se concretaron porque todavía hay que seguir preparándolos para que se inserten en el trabajo, incluyendo la barrera idiomática, cultural y con paciencia porque la cabeza de un refugiado no se arregla a los 30 días. Pero nuestra meta es que comiencen a trabajar lo antes posible. Antes que la solidaridad somos una central trabajadora y defendemos el laburo”, dijo a Búsqueda Fernando Gambera, secretario de relaciones internacionales del PIT-CNT.

    Por otra parte, Gambera comentó que los problemas de adaptación “están dentro de lo esperable”. Lo que sí les preocupa, afirmó, son “las dificultades para avanzar en concretar su inserción al trabajo”.

    “Cortocircuitos”.

    La convivencia en la casa donde el PIT-CNT acogió a los refugiados ha tenido sus vaivenes. De hecho, varios “cortocircuitos” entre los cuatro sirios por un lado, y el tunecino y el palestino por otro, llevaron a las autoridades del Ministerio del Interior a decidir que lo mejor era mudarlos a un hotel y “descomprimir” las tensiones.

    Por un lado, la vivienda tiene cuatro dormitorios, por lo que algunos tenían que compartirlos. “Con la mudanza les dieron la intimidad que ellos necesitaban”, señaló una fuente. En estos días el refugiado palestino volvió a la casa; el otro aún vive en el hotel.

    Por otro lado, discusiones en árabe “subidas de tono” reflejaban la intensidad de sus desacuerdos. Pero no eran simples choques de convivencia. Se trataba de problemas más profundos, vinculados a diferencias políticas y a las distintas corrientes religiosas dentro del Islam que practican los ex detenidos, relataron las fuentes.

    Las secuelas físicas que les dejó la prisión también afectan la recuperación de los refugiados. Por ejemplo, Ahmed Adnan Ahjam, uno de los sirios, tiene problemas graves en el aparato digestivo. En los últimos días pasó por diversos controles médicos que le diagnosticaron colon irritable, gastritis, problemas renales, entre otros. Los médicos están siguiendo su caso para definir si tiene que ser intervenido.

    A ello se suma que los ex detenidos tienen dificultades para atender sus problemas de salud, ya que no disponen de un traductor que los acompañe a las consultas y les es muy difícil comunicarse con los médicos, dijeron las fuentes consultadas.

    ONU toma la posta.

    La semana pasada el gobierno acordó el traspaso del programa de inserción a las manos de la ONU, a través de su oficina especializada en tratar con refugiados.

    El trabajo que empezó a llevar adelante Acnur consiste en un programa de inserción de dos años. Eso incluye la provisión de una mensualidad —de unos $ 15.000— facilitarles una vivienda y atender sus problemas de salud, lo que estará a cargo de un especialista.

    Además, Acnur está coordinando con la Cruz Roja la llegada a Uruguay de las familias de los refugiados. “Ahora está la ONU, ya no son solo los voluntarios del PIT-CNT”, señaló Gambera. “Nuestro planteo fue darles toda la información del proceso hasta acá, pero nosotros pasamos a una segunda etapa que es el retiro”, añadió. “Ahora ellos toman la posta”.

    La prioridad es trasladar lo antes posible a la familia de Abu Wa’el Dhiab, el ex detenido que viajó a Argentina, que es quien se encuentra más afectado emocionalmente y en peor estado de salud.

    El PIT-CNT desconoce la razón de su viaje, aunque maneja algunas hipótesis: que viajó para tratar sus problemas de salud o lo hizo para dar charlas organizadas por la periodista.

    Dhiab, ciudadano sirio de origen libanés, tiene graves secuelas por pasar varios meses en huelga de hambre. Hoy se mueve con la ayuda de muletas.

    Según informes del Departamento de Defensa norteamericano de la cárcel de Guantánamo divulgados por el diario “The New York Times”, Dhiab fue capturado por las autoridades pakistaníes en la frontera con Afganistán y acusado de ser miembro de “una célula terrorista que escapó de las autoridades sirias y viajó a Afganistán en 2000”, de “participar en ataques contra Estados Unidos” y de “recibir entrenamiento en operaciones suicidas”. Además se lo acusa de pertenecer a la Red Global de Apoyo Yihad y de ser “falsificador de documentos”.

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