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Washington DC. (Enviado).Apenas retornada a Washington DC después de dos semanas de reuniones con autoridades del gobierno del Frente Amplio, con economistas del sector privado y con empresarios en Montevideo, la turca Oya Celasun dijo que la economía uruguaya registró una “evolución muy buena hasta mediados de este año”, y marcó como desafíos en lo inmediato “manejar la convergencia” hacia un nivel de creciento potencial al mismo tiempo que se intente contener la inflación y “salvaguardar la competitividad” exportadora.
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Celasun comandó la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que el viernes 4 terminó el monitoreo del desempeño de Uruguay, un escrutinio al que deben someterse todos los países del organismo una vez al año. El informe que genera la delegación técnica pasa luego a manos del Directorio Ejecutivo donde están representados los 188 miembros.
Para el mediano plazo, Uruguay “debe fortalecer la resiliencia frente a los shocks, que ha aumentado bastante últimamente”, dijo. También recomendó “trabajar para elevar la productividad” a través de mejoras en la infraestructura y, en el frente laboral, “incrementar la flexibilidad para la determinación de los salarios”, entre otras acciones.
Lo que sigue es un resumen de la conversación que mantuvo con Búsqueda en su oficina en el piso 11 de uno de los edificios sede de este organismo en Washington DC.
—En el comunicado, la misión señaló que las perspectivas para Uruguay son favorables, pero que existen riesgos mundiales, regionales y nacionales. ¿Cuáles son esos riesgos?
—De la economía internacional surgen múltiples riesgos potenciales que podrían afectar tanto a Uruguay como a todos los mercados emergentes. Uno de ellos es la potencial volatilidad asociada al retiro de las políticas monetarias expansivas en las economías avanzadas. Algo de esto se ha visto en los meses recientes en las condiciones financieras locales en los países emergentes. Otro riesgo es la eventualidad de que el crecimiento en las economías emergentes más importantes sea menor de lo esperado. Y como estas economías son importantes consumidores de commodities, eso genera incertidumbre para los precios de esos productos, incluso los commodities que Uruguay exporta. Al mismo tiempo Uruguay es un importador de petróleo, y los precios del petróleo podrían bajar en un entorno de menor crecimiento en los mercados emergentes y así suavizar el impacto del descenso de los precios de sus commodities de exportación. Sin embargo, es todavía una incertidumbre que el país pueda verse afectado.
Los riesgos regionales tienen relación con los importantes vínculos comerciales con Argentina y Brasil.
A nivel de los riesgos domésticos, Uruguay por sí mismo tiene una tasa de desempleo baja comparado con el promedio histórico y un mercado laboral rígido. Por lo tanto, si el gasto público se torna expansivo y si hay un aumento de los costos laborales unitarios, la apreciación de la moneda podría continuar, y eventualmente dañar la competitividad, sus exportaciones y, en última instancia, su crecimiento.
—¿Qué tan preocupante es para un país que convivió durante gran parte de su historia con registros inflacionarios de dos dígitos, tener hoy una inflación anual de 9%?
—Uruguay fue muy exitoso en reducir la inflación desde niveles muy altos en los ochenta y noventa. Pero la inflación se ha mantenido en los últimos dos años en torno a dos puntos porcentuales por sobre el centro del rango fijado como meta por el Banco Central. Y la tendencia de las expectativas fue de un leve crecimiento en ese período. Así que es un tema que se debe prestar atención a nivel de la política macroeconómica.
—El presidente del Banco Central, Mario Bergara, ha dicho hace un tiempo que la inflación estaba en niveles “confortables” para los uruguayos. ¿Cómo interpreta ese tipo de comentarios? ¿Tiene algo que ver esto con cuestiones culturales?
—Yo me limitaría a mencionar los beneficios que supone tener la inflación dentro del rango objetivo. Cuando las expectativas están alineadas con dicho rango, se encuentra más al alcance de la política monetaria responder a los shocks. Además, una inflación más estable hace el crecimiento económico más predecible, e intrínsecamente es favorable para las inversiones a largo plazo.
—La misión volvió a recomendar que se modere el gasto público y los aumentos reales de los salarios. ¿Esto es viable en vísperas de un año electoral?
—El asunto es —y no es un asunto nuevo— que Uruguay ha estado atrayendo muchos portafolios de inversión porque su performance ha sido fuerte y las tasas de interés nominales son altas. Eso puede generar potencialmente una rápida apreciación de la moneda. Teniendo una suerte de restricción en la política monetaria, se trata de cómo tener una política fiscal que contribuya al objetivo de contener la inflación. Y tener una pauta de crecimiento de los salarios que vaya alineada con el objetivo de control de la inflación.
El gobierno ha puesto algunas orientaciones para las negociaciones salariales que prevén menores aumentos reales y han puesto por primera vez una pauta opcional que remueve el concepto de la indexación. Pensamos que esto debe continuar siendo promovido.
—La misión sugirió al Banco Central mejorar la comunicación de la política monetaria. ¿Qué plantea en concreto?
—Esta no es una recomendación nueva, pero se ha vuelto más importante ahora con el cambio del marco de política. Creemos que es importante que el Banco Central explique cuál es su estrategia de inflación, cómo va a llevar la inflación a la meta, cómo espera que se comporte la inflación bajo los ajustes que se hicieron a la política, cómo espera que esos ajustes lleven la inflación al rango y cómo responderá a las desviaciones frente a sus pronósticos.
Creemos que en un nuevo régimen ayudaría dar una señal a los mercados sobre dónde está parada la política.
—¿Ve un cuello de botella preocupante en materia de infraestructura?
—Es una vieja recomendación, no sólo para Uruguay sino para varios países emergentes. Es un tema de política para el período que viene. Se vincula con el deseo de sostener un alto nivel de crecimiento potencial hacia adelante. El gobierno ha tenido planes bajo el régimen de participación público-privada en rutas, vías férreas y puerto que ayudarían al crecimiento. La contribución a la productividad que hace el capital humano va a disminuir con el tiempo y es muy importante que la productividad total de los factores balanceen eso.
—¿Qué desafíos enfrenta Uruguay a corto y mediano plazo?
—Diría que la economía tuvo una evolución muy buena hasta mediados de este año.
Hacia adelante el desafío para las autoridades es manejar la convergencia suave hacia el crecimiento potencial, y hacer eso mientras reduce la inflación y salvaguardar la competitividad. Y para el mediano plazo, Uruguay debe fortalecer la resiliencia frente a los shocks, que ha aumentado bastante últimamente. Se debe trabajar para elevar la productividad: continuar con el programa de mejora de la infraestructura es muy importante. En el frente laboral, incrementar la flexibilidad para la determinación de los salarios alineándolos con la productividad, lo que ayudaría a salvaguardar el empleo ante la eventualidad de shocks. La educación también es un tema.
—¿Qué efectos puede tener para Uruguay la situación presupuestal y en torno al tope de la deuda pública de Estados Unidos?
—Desearía poder saberlo. Sí puedo decir cómo creo que podría Uruguay ser afectado. Estamos hablando de un escenario con condiciones financieras globales más tensionadas al final del día y quizás un menor crecimiento mundial. Los vínculos comerciales directos de Uruguay son limitados, si bien es una economía abierta. En 2008 se vio que mientras el precio del petróleo bajaba, el de las materias primas subió. Desde el punto de vista financiero el país tiene una posición sólida y el gobierno central tiene prefinanciada la deuda hasta 2014.