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    Expertos en derechos de autor piden regular el avance de la inteligencia artificial sobre la creación humana

    Gestores y especialistas reunidos en Punta del Este debatieron sobre el uso de obras protegidas para entrenar modelos de IA y la falta de reglas claras en América Latina

    La inteligencia artificial (IA) ya está escribiendo noticias, componiendo canciones, creando imágenes, doblando voces y produciendo videos que hace apenas un par de años parecían imposibles. El crecimiento fue tan rápido que la discusión legal quedó muy atrás. Y eso empezó a provocar cada vez más resistencia entre autores, músicos, escritores y sociedades de gestión colectiva de derechos.

    Ese fue uno de los principales temas tratados por el Comité Latinoamericano y del Caribe de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (Cisac), realizado en Punta del Este a fines de abril. Durante dos días, representantes de entidades de toda la región discutieron sobre licenciamiento digital, derechos de autor e IA.

    En ese encuentro participaron Fernando Zapata, abogado colombiano con más de medio siglo dedicado al derecho de autor, y Santiago Schuster, académico chileno y exdirector regional de Cisac para América Latina. Los dos vienen siguiendo desde hace años el impacto de la tecnología sobre la creación artística. Y los dos creen que la IA abrió un problema distinto a todo lo anterior.

    “La inteligencia artificial llegó y tomó las obras”, resumió Zapata a Búsqueda. Para él, ahí empieza toda la discusión.

    Durante décadas, cada avance tecnológico terminó encontrando alguna forma de acuerdo con los autores. La radio pagó derechos. La televisión también. Lo mismo ocurrió con el cine, los discos, el cable y después las plataformas de streaming. Pero, según Zapata, la IA apareció “directamente alimentándose de contenidos disponibles en internet sin pedir autorización”, dijo. “Ningún autor fue notificado. Ninguna sociedad de gestión fue consultada. Tomaron las obras y las usaron para entrenar modelos”.

    El abogado colombiano sostiene que el tema no puede seguir tratándose como “una discusión técnica reservada para especialistas”. Cree que los gobiernos todavía no entienden la dimensión del cambio que está ocurriendo. “Esto no es solamente un problema de derecho de autor; está cambiando el trabajo, la cultura y la producción de contenidos”, afirmó a Búsqueda.

    Según Zapata, América Latina no logra ponerse de acuerdo sobre cómo encarar la IA. “Europa regula, Estados Unidos no, China se hace la indiferente y América Latina no sabe por dónde pegar”, dijo durante la entrevista.

    Fernando-Zapata
    Fernando Zapata.

    Fernando Zapata.

    Europa marca el camino

    La comparación con Europa aparece varias veces en las conversaciones. Allí ya existen normas que obligan a las empresas de IA a reconocer cuándo utilizan obras protegidas para entrenar modelos. Ese entrenamiento es lo que en el mundo tecnológico se conoce como input. Es decir, todo lo que entra al sistema para enseñarle a responder.

    Libros completos, canciones, noticias y artículos periodísticos, ilustraciones, películas y fotografías pasan a formar parte de gigantescas bases de datos que permiten que los sistemas de IA aprendan patrones de escritura, composición o diseño.

    Para Schuster, ahí existe una cuestión jurídica bastante clara. “Cuando una obra entra a una base de entrenamiento, eso es una reproducción”, explicó. “Y el derecho de autor ya regula la reproducción”.

    El profesor chileno señaló que la Unión Europea avanzó sobre ese punto y estableció que las empresas necesitan autorización previa cuando usan obras protegidas para minería de datos y entrenamiento de IA. “Las sociedades de autores europeas ya hicieron reserva de derechos y eso obliga a negociar licencias”, sostuvo.

    Zapata comparte esa postura. Dice que la IA debe ser considerada simplemente otro usuario de obras protegidas, igual que cualquier tecnología anterior. “Nadie podía grabar un disco con música ajena sin permiso. Bueno, esto debería funcionar igual”, afirmó.

    Santiago-Schuster-Cisac
    Santiago Shuster (centro) junto a Gadi Oron, director general de la Cisac.

    Santiago Shuster (centro) junto a Gadi Oron, director general de la Cisac.

    Qué pasa con el contenido generado por IA

    Pero el conflicto no termina ahí. De hecho, para Schuster, el problema más complejo aparece después. Es lo que se conoce como output. El resultado final generado por la IA.

    Ahí aparecen canciones nuevas, imágenes, textos o videos que empiezan a competir directamente con las producciones hechas por personas. Y eso abre preguntas que todavía no tienen respuesta clara.

    “Si hay intervención humana irrelevante, o sea, solo un prompt, o nula intervención humana, entonces el output no es una obra intelectual, es un producto resultado de una máquina”, explicó Schuster. Según señaló, organismos como la Copyright Office de Estados Unidos ya sostuvieron que “si no hay intervención humana, no hay obra protegida”. Para el abogado chileno, ahí aparece uno de los principales problemas de la IA. “¿Cómo tú identificas cuáles de esos productos están hechos con intervención humana o sin intervención humana?”, planteó.

    Esa dificultad, según explicó, no es “solo jurídica”. También tiene consecuencias económicas para autores, músicos y artistas, porque esos contenidos “circulan libres” y empiezan a competir directamente con obras hechas por personas. “Compite un producto que no tiene costo autoral con uno que sí lo tiene”, resumió Schuster a Búsqueda. Y agregó que ahí aparece “una competencia superdesleal” entre producciones hechas por IA y obras creadas por autores humanos.

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    La diferencia económica es enorme. Una canción hecha por IA puede producirse en minutos, sin músicos, sin estudio, sin compositores y sin pagar derechos ni nada. Lo mismo ocurre con textos, ilustraciones o videos.

    Zapata cree que ahí está uno de los mayores riesgos para los autores latinoamericanos. “Nuestra riqueza no es tecnológica. Nuestra riqueza es cultural”, dijo. “Lo que producimos es música, literatura, arte, contenidos”. Según planteó, América Latina no compite con las grandes potencias en desarrollo tecnológico o plataformas digitales, sino en creación cultural. Por eso aseguró que la región debería proteger especialmente a sus autores frente al avance de la IA. “¿Por qué tenemos que pensar siempre en no molestar a las plataformas y no en proteger a quienes crean?”, cuestionó.

    Por eso insiste en que la regulación debe llegar rápido. Según su opinión, si las leyes no se adaptan ahora, después será demasiado tarde.“Cuando la gente ya se acostumbra a una práctica, después es muy difícil regularla”, sostuvo. Y agregó que las normas deben dejar claro desde el principio que las empresas de IA son “usuarios de obras” y que, por lo tanto, necesitan autorización para utilizarlas.

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    Diego Drexler habla en el Comité Latinoamericano y del Caribe de la Cisac en Punta del Este.

    Diego Drexler habla en el Comité Latinoamericano y del Caribe de la Cisac en Punta del Este.

    ¿Puede la IA ser autora?

    Uno de los puntos que más preocupa a los especialistas es la falta de transparencia. Hoy prácticamente ninguna gran empresa de IA informa qué obras utilizó para entrenar sus sistemas. “Si no sabes qué entró, nunca vas a poder saber qué salió. Hay que decir qué fue lo que se utilizó y qué fue lo que se comieron esos modelos”, ironizó Zapata.

    Según sostuvo, sin esa “transparencia” los autores nunca podrán saber si sus obras fueron usadas para entrenar sistemas de IA ni reclamar autorizaciones o pagos. Pero, para Zapata y Schuster, la discusión no termina en el uso de contenidos protegidos. También aparece otra preocupación. Qué pasa cuando la herramienta deja de funcionar como apoyo y empieza a reemplazar directamente el trabajo creativo.

    Ahí la discusión se vuelve más filosófica. ¿Puede la IA ser autora? Zapata evita responder de manera tajante. Cree que todavía es una discusión demasiado nueva. Pero marca una diferencia importante “Hay un resultado, eso es evidente”, dijo. “Lo que no sabemos es si eso puede llamarse obra”. En derecho de autor, explicó, “siempre existió una relación inseparable entre obra y persona humana. La creatividad era entendida como una capacidad exclusivamente humana”.

    Por eso muchos especialistas prefieren hablar de “productos” generados por IA y no de obras. “Si hablas de obra, automáticamente aparece la pregunta por el autor”, señaló Zapata.

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    Y ahí empiezan los problemas. “Porque nadie sabe realmente quién debería ser considerado creador. ¿El programador que diseñó el sistema? ¿La empresa que financió el modelo? ¿La persona que escribió el prompt? ¿O nadie?”.

    Schuster cree que probablemente termine apareciendo una categoría jurídica nueva. “Tal vez haya que crear un régimen especial para los productos de inteligencia artificial”, sostuvo. Incluso mencionó la posibilidad de que esos contenidos establezcan algún tipo de aporte económico destinado a autores humanos. La idea no es completamente nueva. Uruguay y Argentina tienen sistemas de “dominio público pagante”, en los que ciertas obras que ya no tienen protección igualmente originan pagos destinados a fondos culturales. “Puede haber una redistribución que ayude a sostener la creación humana”, planteó.

    Zapata contó que algunas sociedades de autores ya discuten algo parecido. Hay quienes creen que las producciones realizadas exclusivamente por IA “deberían quedar automáticamente en dominio público”. Es decir, sin dueño. “Porque si no, las empresas de IA van a terminar teniendo más obras que los propios autores”, explicó.

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    Alexis Buenseñor, presidente del Comité Latinoamericano y del Caribe de la Cisac en Punta del Este.

    Alexis Buenseñor, presidente del Comité Latinoamericano y del Caribe de la Cisac en Punta del Este.

    El “tribunal del oído” frente a la IA

    El temor es que el mercado cultural termine inundado de contenido realizado automáticamente. Música hecha por máquinas, novelas creadas en segundos o imágenes creadas sin parar. Y esa situación ya empezó. Plataformas como Spotify o TikTok reciben miles de contenidos generados por IA todos los días. Algunas incluso tuvieron que desarrollar sistemas para detectar y frenar contenidos automáticos.

    La preocupación de los artistas no pasa solo por el uso de sus obras para entrenar modelos. También advierten que estos contenidos pueden terminar dejando a muchos autores sin lugar en el mercado. “Las nuevas generaciones pueden terminar consumiendo más contenido IA que obras humanas”, afirmó Zapata. Y agregó que, si eso ocurre, “cada vez se van a usar menos las obras de los autores y más estos productos generados artificialmente”, muchas veces “sin pagar derechos y sin identificar claramente quién está detrás de esos contenidos”.

    El problema es que a menudo esos contenidos imitan estilos reconocibles. Canciones que recuerdan a determinados músicos. Textos parecidos a autores famosos. Ilustraciones hechas con rasgos fácilmente identificables. “Uno puede reconocer acordes o formas de escribir”, señaló Zapata. “Pero no puedes mandar a todos los autores del mundo a hacer juicios de plagio”.

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    Schuster cree que con el tiempo el propio público va a desarrollar herramientas para distinguir esos contenidos. Recordó el impacto que tuvieron los sintetizadores musicales en los años 80. “En ese momento muchos creían que las orquestas desaparecerían. Parecía que la máquina iba a reemplazar todo”, dijo. Pero después ocurrió lo contrario. “El público volvió a valorar la interpretación humana, la improvisación, los errores y la presencia en vivo. Algo parecido puede pasar con la inteligencia artificial. El oído humano va a ser capaz de distinguirlo. Ese es el tribunal del oído”, afirmó. Según sostuvo, hoy muchos contenidos desarrollados con IA todavía sorprenden, “pero con el tiempo las personas van a empezar a notar cuándo una canción, un texto o una imagen se vuelven repetitivos o demasiado previsibles”.

    Los dos especialistas coinciden en que la IA no debería prohibirse. De hecho, reconocen que puede ser una herramienta útil para artistas, periodistas o creadores. “Puede ordenar información, acelerar tareas repetitivas o facilitar procesos técnicos”, afirma Zapata.

    El problema aparece cuando las plataformas empiezan a reemplazar a los artistas con contenidos elaborados por IA. Ahí, dicen, la discusión deja de ser tecnológica y pasa a ser política. “Esto no es solamente un problema de derecho de autor. Está cambiando el trabajo, la cultura y la producción de contenidos. Esto afecta el ADN de la creatividad humana”, afirmó Schuster.

    Y Zapata cerró con una advertencia que resume el clima que atraviesa hoy al mundo cultural. “Si América Latina no protege a sus autores, terminará regalando lo único que produce en abundancia: cultura”.