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    Uruguay está “muy alejado de la realidad” por culpa del Frente Amplio

    Mujica “ha tenido la mayor popularidad en la historia del Uruguay en base al matrimonio gay, la legalización de la marihuana, el Volkswagen y la perra con tres patas”, dice Ignacio de Posadas

    El ex presidente José Mujica reconoció alguna vez que uno de los pocos políticos de la oposición que colmaba sus expectativas intelectuales era Ignacio de Posadas. Fue acaso un alto al fuego en una relación con incontables y filosos cruces públicos. Hoy el ex ministro de Economía del gobierno de Luis Alberto Lacalle admite que Mujica es un “fenómeno singularísimo”. Un hombre que se “construyó una imagen” que le permite ser uno de los presidentes “con mayor popularidad en la historia del Uruguay”. Pero no lo dice necesariamente como un elogio. De Posadas entiende que los gobiernos frenteamplistas fueron “incapaces”, “poco eficientes”, con escaso orden jurídico. Y siempre vuelve a Mujica para señalarlo como principal responsable de lo que no se hizo o de lo que se hizo mal. Dice que el país está hoy “alejado de la realidad” y en eso también pesó la gestión del ex presidente.

    —¿Qué expectativas tenía ante el primer gobierno del Frente Amplio en 2005?

    —Bueno, a ver, no tenía altas expectativas. Viendo para atrás, algunas cosas que ocurrieron supongo que eran predecibles. Estoy pensando en el poderío que tomaron los sindicatos a partir de ese momento, eso era previsible. Quizás no era previsible el grado de prudencia en macroeconomía que mostró el primer gobierno sobre todo. Para el segundo fue más fácil porque ya la situación económica estaba en plena expansión. Lo que no imaginé fue el grado de falta de ejecutividad, sobre todo en el segundo gobierno.

    —¿En qué hubo falta de ejecutividad?

    —Creo que, más allá de temas ideológicos, en líneas generales estos gobiernos han sido… no diría incompetentes porque es exagerado, pero han sido gobiernos muy poco eficientes. En general han sido ineficientes en todas las líneas. Hay una cosa de la cual no se habla públicamente, pero yo creo que es muy sintomática: uno de los mecanismos esenciales de la administración en el Uruguay eran los acuerdos ministeriales. Era el sistema por el cual se conducían las grandes líneas políticas pero sobre todo la administración. Bueno, eso Vázquez lo suprimió y nunca se restableció.

    —¿Y eso fue un factor para que las políticas no se ejecutaran?

    —Dos cosas están atadas a esto, la falta de ejecutividad es una. El acuerdo ministerial era la oportunidad para que el presidente le mida el aceite al ministro. Y era la oportunidad del ministro de tener el oído del presidente para los temas que le preocuparan. Era algo central. En el caso de Economía, en determinado momento, eran dos reuniones semanales con el presidente Lacalle. En definitiva, el presidente es el motor de las cosas y si el presidente no pistonea, el gobierno tampoco pistonea. La otra cosa que estaba ligada a los acuerdos ministeriales era el buen orden jurídico. Y esta no ha sido una característica de estos gobiernos. Con el sistema de los acuerdos ministeriales todos los decretos y resoluciones eran controlados a nivel de Presidencia y eran revisados después en el acuerdo. Eso se perdió.

    —Aun cuando su expectativa sobre lo que sería el Frente Amplio en el gobierno era baja, ¿no esperaba algún cambio para bien? Uruguay venía de un momento complicado.

    —Veníamos de un momento complicado. A ver, podría haber sido peor quizás. Al fin y al cabo, un grupo de gente que llega al gobierno por primera vez tiene un aprendizaje sobre la marcha y es de esperar que cometa errores. Esa parte hay que reconocerla. Después hubo realismo en algunas cosas. En el sentido que para un partido que se había manifestado en contra del grueso de lo hecho en el país durante muchos años, no se deshicieron tantas cosas como habían sido criticadas. Más bien al revés.

    —No hubo una refundación.

    —Hicieron una cosa muy hábil, y en eso no han sido superados, que fue construir un discurso, un relato. Impusieron una cierta historia en Uruguay creada por ellos. Ahí fueron muy hábiles.

    —¿En dónde cree que fracasó la gestión del Frente Amplio?

    —Al gobierno de Mujica la mayor crítica que le haría es haber menospreciado instituciones básicas del país: empezando por el Estado de derecho y siguiendo por el Poder Ejecutivo. Mujica ha sido un fenómeno singularísimo en materia política, de comunicación política y de creación de imagen. No he visto a un constructor de una imagen como Mujica. Pero fue una imagen con mucho contenido negativo de largo plazo para el país. Una imagen fabulosa para él y para su partido, pero entre otras cosas le quitó prestigio elemental a las instituciones, por ejemplo a la presidencia, de la República. Quizás el jurar de frac no sea la esencia de la presidencia, pero el andar en patas no le hace mucho bien a la institución. Y eso mismo lo tradujo en otras cosas, por ejemplo en la falta de respeto por el Estado de derecho: “Ta, me da lo mismo, hacemos esto, hacemos lo otro, en todo caso después lo arreglamos”.

    —Lo político encima de lo jurídico.

    —Sí, y mandar proyectos de ley que no tienen ni pies ni cabezas. Esas cosas han hecho un daño muy grande en el Uruguay.

    Usted ha dicho que por momentos se siente gritando en el desierto.

    —Uruguay tiene un problema serio y es haber dejado que se gestara una cultura que tiene cosas muy negativas, por alejadas de la realidad. En eso el Frente, y sobre todo Mujica, ha influido enormemente. Somos un país o una sociedad que en muchas cosas estamos muy alejados de la realidad, muy alejados.

    —¿En qué temas?

    —Desde estos fenómenos increíbles que se ven ahora de que la central sindical considera que tiene que ser consultada por el Poder Ejecutivo a la hora de fijar cosas básicas de política exterior. El mundo entero está buscando hacer acuerdos y acá hay una cultura que considera genuinamente que esos acuerdos son negativos para el país. Argumentar que hacer un TLC con Chile, que tiene un peso específico muy relativo para la economía uruguaya, es malo porque es una aproximación al Pacífico donde están, no se sabe qué, los dragones submarinos… bueno esa es una cultura que es muy negativa. El sistema educativo uruguayo está imbuido de esa misma cultura que lo lleva a cosas que son completamente ajenas a la realidad. Algo tan elemental como que el sistema educativo público en vez de resolver a quién contrata, son los docentes que resuelven adónde van. No hay nada en el mundo que funcione así y no puede funcionar así. Hay una serie de elementos que están alejados de la realidad. Ahí es donde veo que el Frente ha hecho un daño enorme. Otra cosa, que también es cultural: la democracia funciona en un equilibrio tenso e imperfecto entre libertad e igualdad. Si el énfasis es solo sobre la libertad, se genera una desigualdad muy grande, pero si es solo sobre la igualdad material, se pierde libertad. El Frente ha llevado el ideal de igualdad material a ser uno de los valores superiores de la cultura. Eso genera una pésima educación, porque no se puede favorecer a los mejores, y así sucesivamente en las demás cosas. Eso deja un sedimento muy negativo. Y el día que la situación se complique —y se está complicando— va a ser muy difícil superarlo. Unido a eso, que también es parte de la cultura, han sido muy ineficientes a la hora de hacer. Aun de hacer las cosas que ellos están de acuerdo. El summum es el tema de la infraestructura vial, que no la van a hacer tampoco ahora. No hay nada hecho y no van a hacer nada.

    —¿Por qué no?

    —Hay dos cosas ahí. Está esa cosa discursiva, que es reunirse y discutir, discutir profundamente y dale que va y dale que va. Y no hay proyectos. El problema en este momento en el Uruguay no es que no haya plata: es que no hay proyectos. Además, fabricaron una cosa teórica como las PPP (Participación Público Privada) por no tener experiencia práctica, que son inviables. El sistema de las PPP no funciona.

    —Hace un rato hablaba del “poderío” de los sindicatos. ¿Quién les dio más poder, Vázquez o Mujica?

    —Vázquez de pique. Mujica no tocó nada. Mujica de fondo no tocó absolutamente nada, ni la educación, ni la reforma del Estado. Es el epítome de esa cultura. No se ocupó de nada concreto. Y le fue muy bien. Es el hombre que ha tenido mayor popularidad en la historia del Uruguay, quizás después de Batlle y Ordóñez, en base al matrimonio gay, la legalización de la marihuana, el Volkswagen y la perra con tres patas. No precisó hacer nada, porque no era lo de él.

    —¿O sea que la popularidad de Mujica la atribuye a una cuestión de buen marketing?

    —Era un hombre que no tenía la capacidad para hacer, no estaba preparado para hacer.

    —¿Solo tenía la capacidad de venderse?

    —Sí, y de hablar. Pero no tenía una capacidad para hacer. No hizo nada.

    —¿No hay una cosa que le reconozca al gobierno de Mujica?

    —Miremos la parte institucional: nada. No hubo una política exterior. No la hubo siquiera con Vázquez. Ahora está habiendo una cosa que todavía no se sabe para dónde va, porque cuando avanza tres o cuatro pasos aparece el comité y le pega un sogazo. Lo de Brasil fue una demostración de una incapacidad de ver la realidad impresionante. Lo de Brasil se va a pagar, no es gratis. No se juega en esas cosas con Brasil, es increíble cómo no se han dado cuenta. En materia de Economía no hicieron barbaridades, pero desaprovecharon una situación espectacular para poder hacer cosas que el país ordinariamente no puede hacer porque son costosas y dolorosas. Las señales de ineficiencia en el sector público siguieron o empeoraron, con la tranca que eso significa sobre la economía. La reforma de la salud, creo que es un fracaso que se está empezando a ver. Va a reventar y le va a reventar al próximo gobierno. Uruguay tiene un problema de baja productividad y por tanto de baja competividad, cuando los tipos de cambio se mueven, quedamos afuera de la cancha muy rápidamente. En eso no se hizo absolutamente nada. O sea, hay mucha cosa que no ha funcionado en momentos en que había condiciones que facilitaban para que funcionaran.

    —Más allá de lo político, usted ha insistido mucho en el tema de la “pérdida de valores”.

    —Eso es más grande que el Frente.

    —¿Y el Frente tiene responsabilidad?

    —Creo que el Frente lo agudizó, probablemente porque el Frente mismo, con la caída del marxismo había perdido valores. Cuando la caída del Muro de Berlín, los que estábamos de este lado creímos que era la demostración patente del fracaso del socialismo real. Pensamos que se terminaba, que se iba a hablar de otra cosa. Pero les resultó favorable porque tuvieron que dejar de explicar Marx, que nunca lo habían leído y entendido, y se sacaron de arriba a Lenin y Stalin. Y arrancaron para la otra veta del socialismo, la veta más roussoniana, más romántica, del medio ambiente, la libertad, el matrimonio gay, que resulta más fácil de vender que el marxismo. Eso agudizó un problema de fondo del Uruguay, que formalmente había abandonado un set de valores. En ese momento el país no tiene un conjunto de valores lo suficientemente presentes, firmes y atractivos como para construir sobre ellos la institucionalidad, la vida democrática, la convivencia, la educación. Los valores tienen que estar sustentados sobre premisas, no hay valores sueltos. Y eso, primero con el laicismo y después con esta transformación de la izquierda, se ha perdido. Yo no digo que haya que volver a sociedades confesionales. No es ese el tema. Pero hay que compartir valores básicos.

    —¿Advierte que en este contexto se pueda generar una situación como la que vive Argentina, que haya una fractura social, una grieta?

    Ya hay una fractura social en Uruguay. En Argentina hay una fractura social politizada. Acá todavía no está politizada. Pero hay una fractura social muy grande y es otro de los temas en que estos gobiernos no han tenido éxito. Y así es donde uno podría sentirse sorprendido. Porque han reclamado tener el conocimiento de la realidad, el famoso materialismo científico, y el monopolio del corazón bien ubicado frente a los neoliberales. Aun con esas dos herramientas han fracasado ante la realidad de marginalidad que tiene el Uruguay. Que no la inventaron ellos, que viene de más atrás, pero que no la comprenden.