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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPor supuesto que no afirmo que lo hayamos sido en sentido geográfico. Pero también es innegable que nunca fuimos un país “chiquito” como continuamente lo afirman muchos uruguayos, no sé si por ignorancia de la geografía o por un complejo de inferioridad en cuanto a nuestra dimensión física por el hecho de ser vecino de un país enorme como Brasil y de otro también grande, Argentina.Cuando digo que fuimos un gran país, no solo me refiero a los éxitos uruguayos notorios en el deporte, sobre todo en el fútbol y en el básquetbol, sino por el gran prestigio internacional de que gozaba el Uruguay en la década de 1940, reflejado en la relevante actuación de sus representantes en los más grandes eventos internacionales. Así, en la Conferencia de San Francisco (1945) que redactó la Carta de las Naciones Unidas, Uruguay firmó en séptimo término dicho documento fundacional de la ONU. Primero lo hicieron en orden alfabético las cinco grandes potencias: China, Francia, Gran Bretaña, URSS y USA. Luego lo hicieron la Unión Sudafricana y Uruguay, y tras ellos se volvió al orden alfabético firmando Argentina, Australia, Bélgica, Brasil y así sucesivamente.Pero no fue por casualidad que Sudáfrica y Uruguay firmaron en ese orden, sino porque integraron junto a otros países la comisión redactora de la Carta.Todos esos países presentaron su informe, siendo los más brillantes los del mariscal Ian Smuts, anciano presidente de Sudáfrica y el del Ing. José Serrato, expresidente de nuestro país, quien era su canciller, los cuales fueron tomados como base para la redacción final de la Carta.El Ing. Serrato poseía sólidos conocimientos jurídicos y además se contaba entre sus asesores nada menos que Quintín Alfonsín, Gilbert Pratt De María y Héctor Payssée Reyes. No fue, pues, por casualidad que Uruguay firmó en ese lugar de privilegio.Corresponde señalar, además, la actuación destacadísima que tuvo Justino Jiménez de Aréchaga en la redacción de la Declaración de los Derechos Humanos, realizada por la ONU en París el 10 de diciembre de 1948.En aquel entonces, Uruguay era un país de avanzada en varios otros órdenes, tal como la pintura, escultura, el teatro y la docencia universitaria, donde brillaban extraordinarios docentes en las facultades de Derecho, Medicina, Ingeniería y Arquitectura, cuyos nombres omito para no extender en demasía este relato.De esta pasada grandeza, solo no hemos perdido nuestra condición de democracia ejemplar, ratificada en los hermosos actos del 1o. de marzo.
Gonzalo Aguirre Ramírez.