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    Uruguay no enfrenta “ninguna crisis fiscal”, pero debe hacer “ajustes” desde ahora ya que después será “más costoso”, advierte el FMI

    El “entorno” externo para América Latina seguirá siendo “muy bueno” aunque no tanto como en el pasado reciente, con materias primas relativamente valorizadas y dinero disponible a costo barato por un tiempo más. Pero ello puede ser “peligroso” y en el caso de Uruguay, si bien la situación fiscal es “muy cómoda”, el nuevo contexto aconseja “empezar a hacer los ajustes” desde ahora y de forma gradual en lugar de “esperar, esperar y esperar, y luego tener que hacerlos de manera más drástica”.

    En momentos en que las autoridades uruguayas preparan el proyecto de ley de Rendición de Cuentas, así lo planteó en una entrevista con Búsqueda el director para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alejandro Werner, un economista mexicano que antes de llegar a dicho organismo debió lidiar con las finanzas públicas de su país ocupando cargos ministeriales.

    Werner y la nueva jefa de la misión del FMI para Uruguay, la turca Oya Celasun, estuvieron el lunes 6 por unas horas en Montevideo para presentar ante miembros del equipo económico, un grupo de consultores y a la prensa, un informe de perspectivas económicas para la región. La situación de Argentina y la interrogante sobre una posible “crisis” en ese país les fue planteada varias veces: las restricciones comerciales y los “tipos de cambios duales” perjudican el desempeño económico, fue su respuesta.

    Cuando reflexionó en la entrevista sobre el problema de la inflación en Uruguay —en línea con un análisis de técnicos del organismo publicado ayer miércoles (ver página 24)—, el jerarca fondomonetarista aludió a la nueva ronda de Consejos de Salarios que se iniciará el próximo mes. A su entender, “sería sensato en el diálogo entre los sindicatos y las empresas que también se reconozca la situación macroeconómica: si todos los ajustes se fijan en niveles que no son congruentes con una tasa de inflación baja y estable, al final del día los incrementos de los salarios serán efímeros y se los comerá la inflación”.

    Con la progresiva mejora que está mostrando en los meses recientes, Estados Unidos (EEUU) dejó de estar en el mapa de riesgos para la economía mundial?

    —No, pero los riesgos en EEUU han disminuido. El sector de viviendas está mejorando de manera muy importante y redujo su vulnerabilidad. El mercado laboral sigue siendo un foco amarillo ya que vemos cierta recuperación pero todavía puede dar sorpresas. El sector financiero ha mejorado de manera muy, muy importante, y las instituciones están mucho mejor capitalizadas. El principal factor de preocupación es el fiscal, donde obviamente las proyecciones a mediano plazo de la relación deuda-PBI todavía muestran un aumento y no hay un esquema que garantice la sostenibilidad en EEUU.

    Además, la recuperación de la actividad económica no está plenamente establecida después de la crisis de 2008 y 2009. Una vez que dicha recuperación se consolide, vendrán las preocupaciones acerca del retiro del estímulo monetario. EEUU seguirá siendo por un período largo un foco de riesgo, pero mucho menor a como lo fue en 2010 o 2011; la preocupación por una posible doble recesión era en ese momento mucho más real que ahora.

    ¿Qué proyecta para Argentina y Brasil, dos de las economías más grandes de Sudamérica y con fuerte influencia sobre Uruguay?

    —Con una perspectiva de los próximos tres o cuatro años, esperamos que esos países tengan crecimientos en promedio menores a los mostrados en los anteriores ocho años. En ese sentido, el impulso que recibirá Uruguay será menor y tendrá que hacer los ajustes apropiados para sustituir eso con factores locales. Esto abona también el tema de la productividad.

    El FMI augura precios de las materias primas con un ligero debilitamiento pero todavía altos, y bajas tasas de interés por algún tiempo más. ¿Sigue el ambiente de fiesta para los países de América Latina?

    —El entorno es ese; la principal preocupación es que la región no mantenga una tendencia creciente del gasto interno como cuando los precios de los commodities subían, ahora en este entorno donde están estables. Entonces, sigue siendo un entorno muy bueno, pero puede ser peligroso dado que lo que en años anteriores se podía crecer en términos de demanda interna porque los ingresos por los commodities nos lo financiaban, y hoy es probable que el mercado nos lo pueda financiar mediante emisión de deuda.

    El chiste es no interpretar el entorno de tasas de interés bajas como que estará ahí por mucho tiempo y que por lo tanto puede generar una cierta ilusión, un espejismo de financiamiento que luego se revierta y resulte más costoso ajustarse a la nueva situación.

    ¿Qué supone esta recomendación respecto al gasto público para un país como Uruguay, cuyo déficit fiscal supera actualmente el 2% del PBI?

    —La política debe ser mantener la disciplina que se vio en los últimos cinco años y seguir aspirando al objetivo de un nivel de deuda-PBI de 45%, lo que debe estar anclado con los superávit primarios necesarios.

    La economía de Uruguay venía mostrando un superávit primario generado con su crecimiento que lo ponía en una trayectoria muy favorable para alcanzar ese objetivo. Obviamente que con la reducción en el ritmo de crecimiento y el deterioro fiscal por factores específicos que se presentaron en 2012, este proceso se desaceleró. Lo que se debe hacer es aprovechar el entorno positivo para volver a encauzar la tendencia deuda-PBI a los objetivos de largo plazo. Eso permitirá menores tasas de interés domésticas, mayor inversión del sector privado y crea más espacio para que el gobierno, ante cualquier eventualidad futura, pueda operar de manera más flexible.

    ¿Eso requiere adoptar medidas típicas de ajuste fiscal, como un recorte del gasto público?

    —Hoy en las economías de América Latina y en Uruguay en particular, cualquier decisión de política fiscal se puede tomar en un contexto de mediano plazo y lograr una trayectoria adecuada. Hoy por hoy, lo que tendrían que buscar es consolidar la sostenibilidad fiscal de mediano plazo —que Uruguay ya la tiene— y eso no requiere de ajustes como los que hacíamos en América Latina cuando teníamos crisis fiscales. Este país no tiene ninguna crisis fiscal, está en una situación muy cómoda. Lo que es importante es ir haciendo los ajustes necesarios frente al entorno menos favorable que se vivirá en el futuro, con tasas de interés un poco más altas y crecimiento un poco más bajo. En ese sentido, es mejor empezar a hacer los ajustes y ponerse en esa trayectoria de manera gradual que esperar, esperar y esperar, y luego tener que hacerlos de manera más drástica.

    El informe del FMI ubica a Uruguay como un país con alta inflación, y sugiere restringir el gasto y desindexar los ajustes salariales para incidir sobre la demanda. Eso parece poco viable políticamente.

    —No es nuestro lugar hacer una evaluación de corte político.

    Claramente en la región estamos viendo crecimientos en la demanda interna que superan el aumento de la producción, lo que genera una presión al alza de los precios.

    Por un lado, la política fiscal puede contribuir a aminorar parte de esta presión sobre la inflación en el mediano plazo.

    Por otro, lo que hemos visto es que un proceso de ajustes salariales que no sea acorde con los niveles sostenibles de mediano plazo de los salarios reales terminan incrementando la inflación. Sería sensato en el diálogo entre los sindicatos y las empresas que también se reconozca la situación macroeconómica: si todos los ajustes se fijan en niveles que no son congruentes con una tasa de inflación baja y estable, al final del día los incrementos de los salarios serán efímeros y se los comerá la inflación.

    Las ganancias salariales deben estar mucho más asociadas al aumento de la productividad y no tanto en si se agrega un punto más o un punto menos a la demanda salarial, porque finalmente derivarán en más inflación.

    Esto también tiene que ver con las expectativas futuras sobre los precios. ¿El rango objetivo de inflación de 4%-6% sigue siendo creíble, a pesar de que persistentemente ha sido incumplido?

    —Sí. También hay que enfocar el marco de política macroeconómica —monetaria y fiscal— para que a mediano plazo se obtenga este rango objetivo, que es de los más altos a nivel internacional y en la región.

    El aumento de la productividad de los factores es, según el Fondo, uno de los desafíos centrales para el futuro económico de Uruguay y América Latina. ¿Cuáles son las recomendaciones en esta área?

    —No es donde el FMI tiene mayor expertise porque refiere a aspectos microeconómicos y al conocimiento de la legislación en varios sectores.

    De todos modos, es muy importante que se simplifique la regulación, mejorar la infraestructura y que se siga atrayendo inversión al país. Para la región en su conjunto, también lo es incrementar la tasa de ahorro para lograr un mayor proceso de inversión local. Y la educación es fundamental para tener una economía dinámica y con crecimiento de la productividad.

    Economía
    2013-05-09T00:00:00

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