• Cotizaciones
    lunes 15 de julio de 2024

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    Uruguay “no ha sabido construir” un “relato como nación” unida: sigue catalogando como “de afuera” al campo

    “El 76% de las exportaciones provienen del sector agropecuario o agroindustrial y el 17% de la población económicamente activa está ocupada por trabajos vinculados al agro o a los servicios conexos. Me resulta difícil de entender que esa importancia no esté internalizada como parte del sentir nacional”, señaló el ministro de Ganadería

    Entre informes, resoluciones y otros papeles distribuidos en su despacho, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, tiene libros de la historia de Uruguay y se entusiasma al repasar el rol que tuvo la ganadería en la economía nacional.

    Al mismo tiempo, hace una autocrítica respecto a las “dificultades de interpretación de la problemática agropecuaria”.

    “Uruguay, como país agropecuario no ha sabido construir hacia afuera y construirse hacia adentro un relato como nación que entienda que no es una cosa de adentro o de afuera”, en referencia a la división que se hace en base al lugar del país en el que habitan las personas, dijo Aguerre a Búsqueda.

    “Somos un país donde a las personas del interior les decimos que son de afuera. Eso que parece un juego de palabras un tanto simple, denota una concepción en la cual la visión de lo urbano y la de lo rural están divididas”, señaló.

    Aguerre reconoció que “a veces hay matices o diferencias” con las gremiales rurales pero que se siente acompañado por los productores. También en el gobierno admitió que “en muchos temas hay matices opinables”.

    El ministro de Ganadería destacó el impacto de la “nueva revolución de la digitalización de los consumos y de las decisiones”.

    “Resueltos los problemas normativos de Uber, qué sentido tiene que usted tenga la propiedad de un vehículo guardado en el garaje para venir a trabajar y pagar el estacionamiento, cuando a través de su celular usted puede acceder al medio de locomoción”, planteó. Y advirtió que el agro debe estar preparado para cuando esos avances tecnológicos le lleguen.

    Aguerre contó que el Poder Ejecutivo prevé introducir una modificación en el régimen de promoción de inversiones vinculada al tratamiento de efluentes en los tambos.

    A continuación un resumen de la entrevista que el ministro mantuvo con Búsqueda.

    —¿Cómo ve la situación del agro uruguayo para los próximos años?

    —La perspectiva de un país como Uruguay con una definición agropecuaria y agroindustrial requiere de un análisis en el largo plazo. Para eso hay que mirar para dónde va el mundo, que se urbaniza, rumbo a 9.500 millones de habitantes, con más gente consumiendo proteínas animales. Eso es por el fenómeno China pero también Malasia, Vietnam, el sudeste asiático y algunas regiones de África.

    En ese mundo y mirando a 15 o 20 años para adelante, la estrategia de Uruguay es diferenciarse produciendo calidad, pero la calidad sola no nos hace competitivos. Por lo tanto, tenemos que desarrollar otros aspectos de la competitividad.

    Para los próximos años veo una situación de precios relativos en materia de granos variando en función de la oferta y la demanda mundial. Eso es muy variable porque la oferta de granos varía de un año al otro. Los ciclos productivos son cortos. Planto más trigo y tengo más trigo en seis meses. Planto menos soja y tengo menos soja en seis meses.

    Veo una demanda mucho más estable de aquellas proteínas que tienen ciclos biológicos más largos. Las carnes vacuna y ovina parecen tener una demanda sostenida en el tiempo. Más allá de que todo el comercio mundial de casi todos los rubros agrícolas ha tenido cierta disminución en el último año, porque hubo un aumento de los stocks y de la producción doméstica (local), no ha sido el caso de la producción de carne vacuna, que sigue teniendo una proyección de demanda que crece a una tasa un poco más alta que la de la oferta.

    Ese es el panorama general y dentro de eso estará nuestra habilidad de producir más y de forma más competitiva y/o diferenciada.

    —Para sacar provecho de esa situación, ¿cree que Uruguay se preparó en estos años, desde que asumió como ministro de Ganadería, en 2010? Seguramente en la definición de políticas para el agro hubo temas en los que pudo avanzar en la discusión interna del gobierno y en otros le tocó perder.

    —Eso es natural. Hay factores que uno puede dominar y otros que no.

    La línea general ha sido de crecimiento hacia el mercado exterior, tratando de desarrollar aquellos rubros que son más competitivos. Desde el punto de vista del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), hubo una clara definición de búsqueda y conquista de mercados, tratando de mejorar nuestras capacidades. Los mercados se conquistan por el lado sanitario y por el de inocuidad.

    Como en cualquier negocio, el que descubre la mejor esquina para poner el kiosco de chorizos, le saca seis meses de ventaja a la competencia. La carne vacuna uruguaya entró a Estados Unidos varios años antes que la de Brasil y la de Argentina, que todavía no ingresó. Uruguay tiene un posicionamiento muy privilegiado de las exportaciones de carne en China. Entró a Corea del Sur y no lo ha podido aprovechar por una desventaja arancelaria que nos complica la competencia con Australia. Pero ni bien le empezó a faltar carne a los australianos, empezaron a aparecer los negocios de exportación de carne uruguaya en el mercado coreano.

    Espero que en el primer semestre de 2017 quede habilitado Japón para las exportaciones de carne vacuna de Uruguay.

    Hoy ocupar el 25% del volumen de la cuota 481 para exportar carne a la Unión Europea fue la sumatoria de la decisión y de la creatividad de los servicios técnicos del MGAP, de la Cancillería y del Instituto Nacional de Carnes. Fue tratar de aplicar algo que no había sido diseñado en Uruguay, pero que podíamos aprovechar. Y lo hicimos antes que ningún otro país, cinco años antes que Argentina y que Brasil, que está tratando de hacerlo. Eso significa una ventaja arancelaria, ya que ese cupo es libre del pago de aranceles aduaneros.

    Hay una enorme oportunidad para las cadenas agroindustriales de Uruguay para posicionarse de manera diferenciada, haciendo un buen uso de aquellos atributos que Uruguay desarrolló como bienes públicos.

    Tenemos una trazabilidad que andaba a pedal y que hoy está consolidada. Cuando entré al MGAP hace siete años el teléfono no paraba de sonar por problemas de trazabilidad, porque no había una buena atención, porque no alcanzaba la gente, porque no se conocía ese sistema de identificación de ganado. Hoy está funcionando, genera las dificultades de cualquier control pero es aceptado por la gente. Teníamos una preocupación por el crecimiento de la agricultura, teniendo una historia de muchos años de erosión en una fase agrícola anterior. Nos propusimos tratar de tener una agricultura de intensificación sostenible. La ley de cuidado de los suelos está consolidada y es reconocida en el mundo. Con mucha aceptación, no sin dificultades y sin limitaciones, pero con mucho compromiso de los productores.

    Tenemos una posición edificada en materia de cambio climático. Uruguay sabe lo que quiere en cuanto a adaptación al cambio climático, sabe en dónde tiene capacidades de mitigarlo y va a usar inteligentemente eso para posicionar productos de manera diferenciada o para aplicar alguna eventual fuente de financiamiento.

    En desarrollo rural hoy tenemos identificados a todos los productores familiares de Uruguay. Se aplicaron US$ 70 millones en distintos programas del Ministerio para ese sector.

    —¿Cuáles fueron las tareas que quedaron pendientes? ¿Siente que las gremiales agropecuarias lo acompañaron en sus planes del MGAP?

    —Sí. Siento que todas las políticas públicas que tienen aplicación en el territorio, las sanitarias, la trazabilidad, la de suelos, la de cambio climático y de desarrollo rural se construyeron con el involucramiento y el compromiso de los productores.

    Desde el primer momento hemos tratado de fortalecer los vínculos con las organizaciones de productores. Lógicamente a veces hay matices o diferencias o en todos los puntos no se está de acuerdo.

    La institucionalidad pública y privada agropecuaria de Uruguay es algo que nos destacan los visitantes extranjeros. Cómo es que hay una junta directiva del Instituto de Carnes que está integrada por productores, frigoríficos y gobierno y donde la mayoría de las resoluciones se tomaron por consenso. Cómo se cofinancia y cogobierna entre públicos y privados el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria. Y en aquellos ámbitos que no son cogobernables, porque son competencias del Poder Ejecutivo, lo que hay es un altísimo nivel de comunicación, de colaboración y de crítica constructiva con todas las gremiales agropecuarias.

    —¿Y el acompañamiento dentro del gobierno, de otros ministerios?

    —Cada ministerio o cada institución en el gobierno tiene sus competencias y a veces, desde su competencia, se ven las cosas de distintos ángulos. Y está bueno que así se vea porque eso es un gobierno. Pero el común denominador es el mismo: apoyar todas las políticas que tengan que ver con la producción, con el empleo, con la inserción internacional. Obviamente, en muchos temas pueden haber matices opinables. Eso pasa en cualquier gobierno de cualquier país del mundo.

    Propusimos en 2011 una modificación de la ley de promoción de inversiones, porque nos parecía importante focalizar los estímulos fiscales de una mejor manera. Nos parecía que era más importante privilegiar a las inversiones en departamentos menos desarrollados que los que están en la periferia de Montevideo. Incorporar en la matriz el concepto de producción más limpia para que el cuidado medioambiental significara un punto a favor en la exoneración tributaria de los proyectos. El riego ha sido diferenciado en ese régimen.

    Estamos trabajando también para introducir una modificación (en ese tratamiento fiscal de las inversiones) vinculada a los efluentes de tambo. Cuando el productor invierte en eso la sociedad se está beneficiando, porque un mejor manejo de efluentes ayuda a la calidad de vida.

    —En la industria frigorífica cuestionan las asimetrías en los aranceles que cobra Turquía para el ingreso de carne y de ganado de Uruguay. ¿Ese país cobra más aranceles a la exportación de carne vacuna uruguaya que a la de bovinos?

    —Claro, pero esas asimetrías existen en todas partes del mundo. Es común que los países fuertemente importadores tengan regímenes arancelarios diferentes para las materias primas que para los productos elaborados. Nos pasa con la lana uruguaya en China. El arancel para la exportación de lana sucia es más bajo que para los tops. Es un tema de negociación en los ámbitos correspondientes.

    Acá no hay que confundirse. El semanario en el que usted trabaja tiene un conjunto de lectores calificados en los temas económicos, pero no siempre quienes están en la actividad económica o financiera tienen por qué conocer las particularidades de algunos rubros, como en este caso la agropecuaria.

    Hay un concepto que hay que tener claro: el mercado mundial de bienes agrícolas o agroindustriales es el más distorsionado. Eso es por razones de seguridad alimentaria, porque algunos países protegen su producción con el objetivo de su soberanía alimentaria, por razones estratégicas, ambientales o políticas, que tienen como excusa todas estas cosas que estoy diciendo.

    Uruguay tiene que vender a esos países el 75% de lo que produce, entonces la segunda condición que no todos conocen es que pocos países en el mundo tienen que vender la mayor parte de su producción en el exterior. La enorme mayoría de los países venden los excedentes de lo que producen: Estados Unidos es uno de los productores de carne más importantes, pero exporta el 10% de su producción, Brasil también y ahora vende el 15% al exterior, Argentina es un gran productor de carne y cuando exportaba más llegó a vender el 20% de su producción. Uruguay tiene que exportar el 70% de su carne.

    Si uno mira esas cifras en términos de cómo Uruguay está posicionado en el mundo, es imperioso tener la mayor cantidad de mercados abiertos. En 2011 Rusia era el principal mercado y cinco años después prácticamente no está comprando carne uruguaya y China se transformó en el principal mercado. Y en ese período Estados Unidos, la Unión Europea e Israel subieron y bajaron su demanda de nuestra carne.

    Pero Uruguay tiene 128 mercados abiertos y es lo que tenemos que hacer para que los empresarios hagan el mejor mix. El productor vende su ganado a tanto el kilo pero en ese precio está el valor de la carne que es totalmente distinto si es un lomo, una colita de cuadril o un entrecot o si es un osobuco o una falda. Además está el cuero, las vísceras, la lengua y todos los subproductos que terminan conformando el valor por kilo del animal. Por eso es importante, como un instrumento de transparencia, la figura del Novillo Tipo que se desarrolló en el Inac y que es una innovación muy uruguaya.

    —Haciendo foco en ese perfil de los lectores de Búsqueda, como usted señaló, uno de los objetivos del MGAP es el de trabajar en el acercamiento del campo y la ciudad, en lo que denominan “conciencia agropecuaria”. ¿Qué mensaje puede dar al respecto?

    —No me gusta hablar del sector agropecuario en este caso, porque la palabra sector limita el concepto. Hablaría de una sociedad rural y una urbana. Tanto en una como en otra sociedad hay distintas visiones y distintos puntos de partida. No es lo mismo la visión del peón rural que la del estanciero, ni la del camionero que la del panadero, ni la del médico de campaña que la de una ferretería o barraca rural.

    No es lo mismo la visión de la mujer rural, enfrentada a resolver cosas que son levantar una perilla para la mujer urbana, pero que son una dificultad, y por suerte cada vez menos, para las mujeres rurales.

    Uruguay, como país agropecuario, no ha sabido construir hacia afuera y construirse hacia adentro un relato como nación que entienda que no es una cosa de adentro o de afuera. Somos un país donde a las personas del interior les decimos que son de afuera. Eso que parece un juego de palabras un tanto simple, denota una concepción en la cual la visión de lo urbano y la de lo rural están divididas. Pero no es Montevideo y el interior, en Salto o en Paysandú se da ese problema de que no está ese relato. Lo que opina o lo que piensa el habitante urbano de Salto tiene las mismas dificultades de interpretación de la problemática agropecuaria.

    Ahí hay una responsabilidad de la sociedad uruguaya toda y entre otras cosas, también ha sido responsabilidad de quienes somos productores agropecuarios y de quienes nos precedieron.

    —¿En qué sentido?

    —En el sentido de que no hemos sabido construir un relato de hacerse sentir parte de eso a toda la ciudad. El 76% de las exportaciones provienen del sector agropecuario o agroindustrial y el 17% de la población económicamente activa está ocupada por trabajos vinculados a la actividad del agro o a los servicios conexos. Me resulta difícil de entender que esa importancia del agro no esté internalizada como parte del sentir nacional. Eso tiene que ver con la historia del Uruguay.

    El otro día en una charla en el Banco Central hablaba de la vaca y la historia económica de Uruguay. Hernandarias trae la vaca y no había otra cosa que la vaca y una pequeña población indígena que después fue aniquilada. Cien años después se fundó Montevideo y cien años más tarde Artigas dictó las Instrucciones del año XIII y seguíamos teniendo a la vaca como el motor de nuestra economía.

    Luego llegó la inversión innovadora más moderna en su momento en tecnología de producción de alimentos, que fue la compañía Liebig y varios años después se transformó en el frigorífico Anglo. Ahí fue cuando se empezó a transformar la carne en un producto con valor agregado. Al tiempo llegó el primer barco refrigerado que se llamó Le Frigorifique y comenzó la exportación de carne refrigerada. Luego Batlle y Ordóñez durante su Presidencia de 1911 plantea un montón de leyes que pretenden que Uruguay deje de ser un país exclusivamente ganadero y se transforme en un país industrial, agrícola, de servicios y con puertos.

    Eso vino de la mano de un contexto histórico en el cual el último tercio del siglo XIX y los primeros 20 años del siglo XX el mundo tuvo un liberalismo comercial que Uruguay aprovechó muy bien con la lana y con el tasajo o la carne. Pero también el país recibió una corriente inmigratoria cargada de valores, de culturas, de conducta y de sistemas de producción que hicieron el impulso del Uruguay moderno. Ahí viene la Primera Guerra Mundial, el bloqueo comercial entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial y campea el modelo de sustitución de importaciones en el mundo.

    Europa sustituyó importaciones y favoreció su agricultura, y nosotros sustituimos importaciones y favorecimos nuestra industria. En ese proceso no nos fue muy bien en muchas cosas y en algunas sí nos fue bien.

    Siento que en los primeros 15 años de este siglo hemos tenido un proceso muy dinámico en el mercado internacional, que está asociado a que el eje económico mundial se traslada del Atlántico al Pacífico, al proceso de urbanización creciente, a decenas de millones de personas que ingresan a la franja de consumidores de clase media, a profundos cambios en los sistemas de distribución y comercialización.

    Ahora estamos de cara a una nueva revolución que tiene que ver con la digitalización, que es un proceso muy nuevo. En los últimos 15 años pasamos de digitalizar los datos, los procesos en la gestión de las empresas, unos años después se digitalizaron algunas funciones y aparecen los robots que envasan leche, que hacen placas de chips de computadores, que arman autos y los que ordeñan. Y estamos entrando en la etapa de la digitalización de los consumos, de nuestras decisiones.

    Resuelto los problemas normativos de Uber, qué sentido tiene que usted tenga la propiedad de un vehículo guardado en el garaje para venir a trabajar y pagar el estacionamiento, cuando a través de su celular puede acceder al medio de locomoción.

    Esa revolución del siglo de las comunicaciones y el conocimiento le va a llegar al sector agropecuario y hay que estar preparado para cuando eso ocurra.

    —¿Cómo?

    —Cuando fuimos a China en octubre uno de los objetivos de la misión era la posibilidad de la inserción de los productos con origen y calidad uruguayos, que puedan ser comercializados vía Internet. Hoy en China más del 12% del comercio es electrónico.

    Entonces acá no es solamente sanidad, inocuidad, sino también diferencia arancelaria, diferenciación de productos y procesos.

    El stand de Uruguay en la exposición de Milán fue el segundo más visitado, porque estuvo bien diseñado y contó con una parrilla muy bien mostrada y una carne de excelentísima calidad. Capaz que la hamburguesa dentro de 200 años es sintética, pero hoy el que tiene poder adquisitivo trata de comer la mejor carne y con la mayor información posible.

    Lo primero que hicimos en 2011 fue generar la línea de base para estudiar la huella de carbono de la carne, el arroz y la leche. Hoy estamos convencidos de que el tema no es la huella de carbono, sino que la diferenciación debe ser de toda la cadena productiva y está muy asociado al reconocimiento que el país tenga como tal.

    Me gustaría pensar en la figura de que cuando alguien piense en alimentos de calidad, piense en Uruguay. De la misma manera que hoy queremos asociar un buen reloj a Suiza, no importa que el reloj que tengamos en la muñeca sea japonés, chino o de Manaos.

    Esa es la imagen que Uruguay tiene que construir, y primero debe hacerlo para adentro porque ese atributo solo se puede vender genuinamente hacia afuera cuando adentro lo creemos.

    Está ahí nuestro compromiso en construir un relato basado en ciencias y normas claras que le dé a nuestra sociedad la certeza de que está consumiendo alimentos inocuos, con valor agregado ambiental y determinado nivel de monitoreo. Que sintamos que somos un país que ha hecho, no digo que todo perfecto, pero muchas cosas bien.

    Economía
    2017-02-12T00:00:00