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    Uruguay puede erradicar la pobreza si aumenta los ingresos a los hogares más pobres, mejora sus viviendas e invierte más en educación, dice experto

    Si Uruguay aumenta los ingresos de los hogares que están en peor situación económica, mejora sus viviendas e invierte más en educación, es posible que en dos décadas como máximo no haya más pobreza en el país.

    Ese es el panorama que plantea Gustavo de Armas, sociólogo y especialista en políticas públicas de Unicef, cuando asegura que se puede pensar en terminar con el problema si se apunta a disminuir la pobreza en los niños y adolescentes. Esto se debe a que prácticamente toda la población bajo la línea de pobreza (nueve de cada 10 personas) está compuesta por niños y por los adultos que viven en sus hogares, explicó.

    De Armas presentó el martes 17 el documento Poner fin a la pobreza infantil en Uruguay. Un objetivo posible para la política pública. En el trabajo planteó que para lograr el objetivo se debe “mantener el crecimiento económico” del país, realizar “mayores transferencias” monetarias a los hogares, mejorar las condiciones de infraestructura y hábitat de las familias, desarrollar programas de cuidado que armonicen la inserción laboral de los adultos y apostar a la formación de capital humano a través de la educación.

    En la actividad del martes, organizada por Unicef y Cepal, se presentó también un trabajo sobre el gasto público social en la infancia y adolescencia en el Uruguay, elaborado por Maira Colacce, Pilar Manzi y Victoria Tenenbaum. Según el trabajo, el gasto público social en infancia equivalió al 5,7% del PIB en 2013 y al 23% del gasto público social. De esta manera, el Estado invierte cerca de US$ 3.500 promedio en cada niño al año. La mitad del gasto en la infancia es educación, seguido por la salud (26,2%) y la asistencia social (14,5%).

    De Armas sostiene en su investigación que es clave una buena calidad de los servicios para la primera infancia y mejorar la calidad de la educación básica para asegurar que la reducción de la pobreza “sea sostenible”.

    A continuación un resumen de la entrevista que De Armas mantuvo con Búsqueda.

    ¿No resulta utópico plantear que se puede erradicar la pobreza infantil en Uruguay?

    —Es utópico si usted piensa que erradicar la pobreza implica que ninguna persona en ningún momento de su vida va a caer bajo algún índice de pobreza dimensional. Si se plantea que el Uruguay tenga una incidencia relativa de población en situación de pobreza por ingreso por debajo del 5%, no creo que sea imposible. Lo que los hogares requieren son ingresos adicionales que les permitan cubrir la brecha entre el ingreso per cápita que tienen y el ingreso per cápita que deberían tener para superar la línea de pobreza. Para mí no es una meta irrealizable.

    En su momento se planteó como objetivo bajar la pobreza a un dígito y se logró. ¿Es una cuestión solo de plata?

    —En el corto plazo sería solo una “cuestión de plata” reducir la pobreza monetaria. Eso se puede lograr a través de transferencias mayores o salario social. Pero en el mediano plazo hay que invertir en vivienda, por ejemplo. Si querés estructuralmente erradicar la pobreza deberías tener una inversión sostenida en el tiempo de políticas que mejoren las condiciones habitacionales de esa población. Eso son quizás 10, 15, 20 años.

    Se puede dar más dinero pero si no le mejoran el baño a la casa de esa familia, por ejemplo, no va a cambiar sustancialmente.

    —Claro. Ingresos, hábitat, capital educativo. Todo eso junto a lo largo de 15 o 20 años debería hacer no solo que en términos estadísticos la pobreza monetaria baje de 9,4 a menos del 5%, sino que desaparezca del paisaje urbano un 5% de la población viviendo en condiciones habitacionales y de confort que no son adecuadas. Entonces, superar la pobreza estructural implica en el corto plazo mejorar la capacidad de ingresos de esos hogares, que el aumento sea sostenido y suficiente para que se pueda trasladar a inversiones e infraestructura de esos hogares, amén de la infraestructura e inversiones que el Estado haga en esos hogares, y en el mediano y largo plazo el capital humano, o sea, sistema educativo.

    En el documento usted hace especial énfasis en el tema educación, no solo de los niños sino de los padres.

    —Totalmente. Asumiendo que la inserción en el mercado laboral va a ser un tema complejo, porque nosotros nos imaginamos el trabajo de hoy y no el tipo de trabajo dentro de 30 años, con el nivel educativo que en promedio van a alcanzar los niños y adolescentes de esos contextos, si nada cambia radicalmente, las chances que van a tener de incorporarse a ese mercado laboral del futuro moderno, innovativo, cambiante, van a ser aún menores de las que lograrían teniendo capital educativo. En el mediano y largo plazo la respuesta es educación, educación y educación.

    En su trabajo también se muestra una enorme concentración de la pobreza infantil en determinadas zonas del país, básicamente en unas pocas zonas de Montevideo.

    —Cuando hablamos de la población en situación de pobreza monetaria el 53% está en Montevideo, 11% en Canelones y 36% restante en los otros departamentos. El grueso de la pobreza está en Montevideo y el área metropolitana. Y lo más impresionante es que hoy, producto de la muy fuerte caída de la pobreza monetaria, la mitad de la población que todavía es pobre por ingreso, vive en la periferia de Montevideo. Entonces, cuando mostrás este mapa territorial de la pobreza a colegas de otros países de la región, los shockea un poco. Porque Uruguay es un país atípico, es un país muy pequeño en términos poblacionales, es un país extremadamente urbanizado, donde cada vez nacen menos niños. Entonces, Uruguay es casi un caso de laboratorio, que por sus características se podría plantear, sin que suene quimérico, reducir la pobreza a menos del 5% a mediano plazo.

    Usted ha planteado que hay una inequidad entre los grupos de edad, ya que hay un sesgo proadulto. ¿No se entiende que donde se debe invertir más es en los más chicos?

    —Uruguay tiene un sistema de protección social que asegura niveles mínimos de bienestar social para los adultos mayores. Eso es una muy buena cosa y nos plantea una nueva agenda. Jamás estos datos deberían ser leídos en términos de que hay que reducir el gasto público social en adultos y adultos mayores. Uruguay ha alcanzado un nivel de protección social que es saludable, que garantiza que todos los adultos mayores estén a salvo de caer por debajo de ese umbral de pobreza monetaria y que prácticamente no exista, en términos estadísticos, la indigencia en los adultos mayores. Eso lo que nos plantea es el desafío de reforzar aún más la inversión creciente que el Estado está haciendo en políticas sociales destinadas a la infancia. Básicamente educación, salud y asistencia social. Si Uruguay refuerza aún más la inversión social creciente en política de asistencia social dirigida a los niños, fundamentalmente a través de la transferencia de ingresos, principalmente asignaciones familiares, bueno, tal vez al menos en esa dimensión Uruguay se aproxime a la reducción como mínimo de la mitad de la pobreza monetaria.

    Siempre se habla de que los niños son el futuro, pero no se cambia la realidad en la que viven. ¿El sistema político no pone esto como prioridad?

    —Creo que el sistema político uruguayo ha cambiado mucho respecto a eso. Por eso es importante ver todo el largo período desde la restauración democrática. Hay muchos indicadores objetivos de reforma, de cambios institucionales, de nuevos programas, de referencias en el discurso político que muestran que poco a poco, pero de manera sostenida, el sistema político uruguayo ha ido tomando conciencia de que el sector más afectado por la pobreza en Uruguay es la infancia. En ese sentido soy muy optimista.

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