A comienzos de año, Transparencia Internacional divulgó su ranking sobre percepción de corrupción en 168 países y Uruguay, otra vez, quedó primero entre los de América Latina y en el puesto 21 a escala mundial. Al nuevo presidente de la Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep), Ricardo Gil, ese dato no le importa demasiado.
“A mí no me alcanza con ser el mejor de una clase que es mala”, dijo Gil en una entrevista con Búsqueda un día después de asumir su nuevo cargo. Y agregó casi en seguida: “Mirás para un costado y para el otro en la región, mirás a los vecinos, y es muy fuerte lo que está pasando”.
Especialista en lavado de activos que ha trabajado como auxiliar de la Justicia en varios casos, el nuevo presidente de la Jutep está “muy preocupado” por la corrupción en Uruguay y advirtió que el sistema no ha sido muy efectivo en su combate.
Para mejorar, Gil propuso, entre otras cosas, que se discuta la creación de delitos que hoy no están tipificados en el Código Penal, como el enriquecimiento ilícito y la “corrupción privada”.
—Estoy muy preocupado por el tema de la corrupción en el mundo, en la región y en Uruguay. En los últimos años trabajé en varios países de América Latina y creo que el tema de la corrupción es un tema que está pegando muy fuerte, que va a seguir pegando muy fuerte y que más allá de los buenos indicadores que tiene Uruguay, tenemos que estar bien preocupados. La gente sabe que no es cierto que seamos inmunes al problema y lo que tenemos que demostrar es la voluntad de combatirlo. Hay un trabajo ya hecho en ese sentido, pero hay que seguirlo y profundizarlo para que no nos pase en poco tiempo lo que pasa en otros lados. Tenemos que ver cómo creamos un sistema de prevención y represión de un delito bravo, donde la Jutep tiene una función para cumplir.
—¿Le parece que el sistema no ha sido efectivo en el combate a la corrupción?
—Personalmente le pediría más efectividad al sistema. No digo que no haya habido resultados, pero me parece que en la prevención y en la parte de castigo a los corruptos tenemos que exigirnos más. Reconociendo que Uruguay está mejor que los demás países de la región, a mí no me alcanza con ser el mejor de una clase que es mala. Mirás para un costado y para el otro en la región, mirás a los vecinos y es muy fuerte lo que está pasando. Y eso no es solo un problema de tres o cuatro delincuentes, son estructuras que se han corrompido de una manera brutal, que están al servicio de intereses privados y que destruyen progresivamente las bases del sistema.
—¿Qué aporte puede hacer la Jutep al sistema anticorrupción?
—Nosotros queremos generar un diálogo con los distintos actores y plantear: Señores, ¿qué estamos dispuestos a hacer en serio? Y seguramente va a implicar alguna reforma legal y algún peso más para gastar. La corrupción es un problema en Uruguay y si no lo reconocemos, creo que nos estamos haciendo trampa. Insisto, Uruguay tiene los mejores indicadores frente a países hermanos, vecinos, que tienen problemas muy feos. Estar mejor que algunos de esos países no es un gran mérito. Me parece que el uruguayo está más preocupado que antes, más descreído de las instituciones y debemos revertir eso.
Desde el punto de vista legal, yo apuntaría a que la Jutep tenga un rol más activo en los procesos de investigación. Además, nosotros tenemos un sistema de declaraciones juradas que es pesadísimo y que no sirve para mucho, hay que ajustarlo y mejorarlo.
—¿Considera que todas las declaraciones juradas deben ser públicas?
—No, no. Hoy son públicas las del presidente y del vicepresidente, quizás debería haber más. Ahora, publicar 30.000 declaraciones juradas no solo me parecería inútil sino que además expondría a un montón de gente innecesariamente. A mí me preocupa mucho más otra cosa: tenemos miles de declaraciones juradas guardadas y nadie estudia si su contenido es razonable. Nadie las puede abrir salvo que el juez lo diga, y eso ocurre después de que se armó el lío. ¿No es razonable que para algunos sectores que son de más riesgo haya un análisis de lo que se declara?¿No es razonable abrir al azar el 5% para ver qué detectamos?
—¿Qué otras reformas cree que se deben aplicar?
Hay otras reformas legales que los organismos internacionales exigen y que nosotros tenemos que discutir mucho, como por ejemplo, la existencia del enriquecimiento ilícito. Es un delito que existe en muchos países, que entiendo que algunas personas temen que afecte la intimidad, pero que hay que pensarlo. Hay algo que los uruguayos manejamos muy seguido: Fulanito de tal es funcionario público, tiene un sueldo acotado y de repente tiene un nivel de vida altísimo. Eso da para cazar brujas y no es el objetivo, pero también da para preocuparse.
—¿Entonces cree que ese delito debe introducirse en el Código Penal uruguayo?
—Debe discutirse y ver si hay una solución razonable que no implique cazar brujas, sino que permita al Estado pedir más información e investigar frente a situaciones complejas.
—La Secretaría Antilavado quiere fortalecer el control de los partidos políticos, sobre todo por el financiamiento de las campañas electorales. ¿Qué opina al respecto?
—Creo que el tema del financiamiento de los partidos es donde Uruguay sigue teniendo debilidades. Necesitamos hacer las campañas más transparentes y que no se genere ese tipo de alianza entre quienes ponen la plata y los políticos, que después se traduce en favores políticos inconvenientes.
—En el ámbito político hay quienes sostienen que hay que eliminar el delito de abuso de funciones. ¿Está de acuerdo?
—Es un delito que no me entusiasma porque es como un bolsón al que han ido muchas cosas y que además ha permitido diluir muchas cosas que pueden ser consideradas delitos más graves. Hay que discutir eso y otras cosas como la corrupción privada. Acá no existe el delito de corrupción por actores privados, por eso el tema FIFA terminó con estafa y no corrupción.
—¿A qué se refiere con el delito de corrupción privada?
—Eso está atado a la idea de que los únicos corruptos son los funcionarios públicos. No es cierto. Acá hay empresarios, agentes privados de todo tipo que son tan corruptos unos como otros. A nivel mundial estamos atrás en materia de legislación. Dentro de poco va a haber una evaluación de Naciones Unidas sobre el cumplimiento de las convenciones y creo que en el tema del enriquecimiento ilícito y en la corrupción privada vamos a aparecer con carencias.
—Por ahora no hay indicios fuertes de que las coimas investigadas en el caso Lava Jato, que alcanza a varios países de América Latina, hayan corrompido a políticos uruguayos, sin embargo en las investigaciones surge que fueron usadas sociedades anónimas locales. ¿Eso es algo que debe tenerse en cuenta?
—Es la demostración de que no es un problema de otros. Ser parte del mecanismo que se utilizó en esos casos, es ser parte del problema. Hace mucho tiempo que nos utilizan como vía de tránsito y la experiencia muestra que también los actores locales se contagian, que la plata dulce le gusta a mucha gente y que no hay vacuna para esto. Es un riesgo más que tenés y los riesgos se pagan si no tomás medidas.
Un tema sobre el que quiero trabajar y que está relacionado es la necesidad de generar canales para que la gente denuncie. Hoy no hay canales adecuados para que la gente preocupada por un eventual caso de corrupción pueda hacer la denuncia. Hicimos un seminario en noviembre sobre corrupción en la obra pública y las contrataciones y nos quedó claro la preocupación que tienen los funcionarios y la percepción de riesgo que tienen.
—El centro de la corrupción del Lava Jato está en el pago de coimas para ganar licitaciones en obras públicas. ¿Es un área a controlar mejor en Uruguay?
—No tengo elementos concretos. Ahora, si miro a Argentina y Brasil, donde los casos grandes recientes están vinculados con la obra pública, digo “bueno, vamos a abrir los ojos”. Hay actores de peso y hay prácticas que se contagian.
Información Nacional
2017-02-09T00:00:00
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