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    Uruguay y la guerra de las Malvinas

    Sr. Director:

    El pasado fin de semana el humorista conocido como Dady Brieva en la emisión de Polémica en el bar emitida por canal de Montevideo, cuando transcurrían poco más de sesenta minutos de programa, entre discusiones de diversa índole (muchas de ellas de referencia político-ideológicas, y sobre las cuales no opinaré por no ser objeto de mi interés particular, aunque sé que es a esos temas controversiales a los que se les ha dado más notoriedad), dicho personaje afirma impunemente, frente a los otros seis integrantes de la mesa (comunicadores, periodistas e historiadores): “Ustedes les cargaron nafta a los aviones de Inglaterra que mataron a nuestros soldados”, en referencia a la actitud de Uruguay durante el conflicto de las islas Malvinas.

    Quedé tristemente sorprendido por tal afirmación y además extrañado de que ninguno de los que estaban a su alrededor esgrimiera la más mínima duda sobre esta canallesca acusación. Esa falta de reacción del resto de los personajes que acompañaban el debate, me llevó a poner en duda lo que son mis convicciones sobre los hechos de la época, y es por eso que me he dedicado en estas horas a contactar a investigadores y fuentes documentales sobre un tal “supuesto” del que yo podría estar ajeno.

    Mis pesquisas no han hecho más que confirmar hasta este momento que lo dicho en ese programa es un disparate lanzado vilmente, y sin recibir ningún reproche; lo que puede llegar a encarnar como relato firme en el espectador desprevenido, por aquello de “el que calla otorga”.

    Hasta donde yo he podido indagar, tanto el puerto de Montevideo como el Aeropuerto Internacional de Carrasco fueron los destinos operacionales de navíos y aeronaves en misión de carácter humanitario para traslado y asistencia de heridos y prisioneros de guerra (o sea, personas que se consideran “fuera de combate”) en estricta aplicación de las Convenciones de Ginebra, pilar del Derecho Internacional Humanitario (Derecho Internacional de los Conflictos Armados). Existen en los archivos del Comité Internacional de la Cruz Roja, cuyos delegados facilitaron dichas acciones en cumplimiento de su mandato internacional, innumerables pruebas y registros de estos eventos en pos de la protección de heridos y prisioneros (civiles y beligerantes).

    Cabe recordar que tal escenario de acciones humanitarias fue posible por la condición de neutralidad que el Uruguay adoptó con respecto al conflicto bélico, pero también es de resaltar que desde la Resolución 2065 de la ONU de 1965 el Estado uruguayo ha adoptado una posición de respaldo explícito y activo a la soberanía argentina sobre las islas, así como de adhesión y reclamo de una solución pacífica del diferendo, en el marco de las resoluciones de Naciones Unidas.

    Por las razones arriba mencionadas puedo confrontar con la insolente frase del Sr. Brieva y afirmo que: en territorio del Uruguay nunca se ejecutaron actos de asistencia o apoyo operacional para misiones de combate de ninguno de los beligerantes del conflicto de 1982.

    Cabe señalar que a pesar de la posición oficial tomada por el Estado, casi un millar de ciudadanos uruguayos se presentaron espontáneamente en ese momento ante el Consulado argentino para ofrecerse como voluntarios, aunque nunca llegaron a ser movilizados.

    Me expongo a que quien quiera refutar lo expresado por mí presente las pruebas en contrario. Si así fuere, si alguien puede probar y confirmar los dichos espetados ante cámaras; se revelaría una triste y vergonzosa actitud que debería tener —por lo menos— un mensaje de arrepentimiento de parte del Estado y yo debería retractarme de todo lo que estoy escribiendo.

    Por lo arriba señalado, me preocupa que se haya dado por bueno lo afirmado falsamente y no haya habido un solo gesto para rebatir la infamia espetada por el Sr. Brieva. Nadie tiene derecho a empañar la realidad que tuvo consecuencias tan dolorosas.

    En el mejor de los casos, la falta de confrontación por parte de los panelistas ante la frase dicha podría ser atribuida a la ignorancia. Por lo que una fórmula de desagravio podría ser la aclaración por parte de los productores y participantes del programa para compensar en un mínimo tal aberrante ofensa histórica.

    Lo peor sería que lo sucedido demostrara una vez más cómo la verdad y la responsabilidad juiciosa están hoy ajenas de quienes pretenden formar opinión o simplemente entretener, sin medir —y sin reparar— que la ofensa llega hasta la tergiversación de los hechos, al desparramar mentiras al servicio de una ofensa o al momento de ensayar una miserable defensa de posiciones tomadas, como en el Cambalache de Discépolo: “¡Todo da igual, dale que va!”.

    Ante la falta de reacción que he notado con el pasar de los días, dudo que haya un acto de desagravio por parte de alguna voz oficial. Ni siquiera espero que productores, conductores, periodistas o comunicadores del programa se refieran al tema para aclarar la situación, y mucho menos que el autor de la injuria rectifique sus dichos.

    Los uruguayos deben saber cómo se actuó en tales circunstancias y no sentirse intimidados por acusaciones sospechosas.

    Los veteranos sobrevivientes de la guerra y las familias de todos quienes combatieron no se merecen creer en un relato avieso y mentiroso.

    Por la memoria de los caídos, héroes de Malvinas, no “todo da igual”, por eso ni callo ni otorgo.

    Álvaro M. Sosa Farias