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    Vázquez, Mujica y Astori se reunirán para definir la “orientación” del próximo gobierno si el Frente Amplio gana la segunda vuelta

    No se alterará “el rumbo” pese a los resultados electorales adversos al Frente Líber Seregni y habrá un “involucramiento muy grande” del Ministerio de Economía en los temas principales, anunció el vicepresidente

    La política es una de sus grandes pasiones y el lugar en el que más disfrutó ejerciéndola fue al frente del Ministerio de Economía. Otra pasión es el fútbol, y en especial el Club Nacional, el equipo por el que está dispuesto a postergar eventos importantes u horas de descanso para seguirlo desde una tribuna.

    Quizá esos dos factores son los que explican el buen humor con el que el vicepresidente Danilo Astori recibió a dos periodistas de Búsqueda durante la tarde del martes 11 en su despacho del Palacio Legislativo. Quince días antes, el Frente Amplio había quedado a un paso de mantenerse en el gobierno y él de volver a ser jefe del equipo económico, y habían pasado solo 48 horas desde que los “tricolores” dieron vuelta un resultado adverso ante Peñarol, con dos goles en los minutos de descuento.

    Claro que no todas fueron buenas noticias para Astori en las últimas semanas. Por más que el oficialismo retuvo la mayoría en Diputados y logró el 47,8% de los votos en las elecciones nacionales del 26 de octubre, su sector —el Frente Líber Seregni— perdió cerca de 100.000 votos respecto a 2009. Muchos se volcaron a agrupaciones identificados con una izquierda más nítida.

    Un panorama difícil para Astori en el próximo gobierno, vaticinan algunos analistas. Él no lo comparte y asegura que no se va alterar “el rumbo o la orientación” de una eventual tercera administración frentista por esos resultados electorales.

    Es más: anuncia que luego de la segunda vuelta del 30 de noviembre, si se confirma el triunfo, se celebrará una reunión entre el actual presidente, José Mujica, el entonces mandatario electo Tabaré Vázquez y él mismo, para definir la “orientación” de los próximos cinco años.

    La tríada que marcó la agenda del partido gobernante durante los últimos 10 años seguirá vigente para Astori y mantendrá su importancia, con un Ministerio de Economía con “un involucramiento muy grande” en temas como la educación y la infraestructura —sobre los cuales las “presiones para cambiar” son mucho mayores—, y no sólo “como el vigilante de los equilibrios macroeconómicos”.

    —Los politólogos dicen que cuando la economía anda bien, gana el partido gobernante ¿Los uruguayos votaron con el bolsillo? 

    —Sí, pero no sólo con el bolsillo. La razón fundamental que explica el resultado es que una importante proporción de la población valoró positivamente esta década de gobierno del Frente Amplio, y no sólo en lo económico. A mucha gente le pesó el avance en la agenda de derechos, en los términos de acceso a ciertas condiciones esenciales y en la disminución de la pobreza.

    —¿Se esperaba ese apoyo?

    —No. Quiero ser muy sincero. Esperaba que ganáramos pero no con esta proporción ni con mayorías parlamentarias. Posiblemente los análisis previos que hicieron muchos especialistas y los resultados de los sondeos de opinión condujeron a tener expectativas más moderadas.

    —¿Qué evaluación hace del respaldo obtenido en octubre por su sector político?

    —Esperaba una votación más alta. Está bueno que el Frente Líber Seregni siga siendo la segunda fuerza del Frente Amplio y que haya superado a otras opciones que se presentaron, en el marco de una votación global que se mantuvo. Pero esas otras opciones absorbieron al menos una parte de la votación anterior que habíamos tenido. Perdimos tres senadores y un diputado. Donde más se perjudicó nuestra votación fue en Montevideo y eso nos tiene que llevar a examinar las razones y los posibles errores cometidos y corregirlos.

    —¿Cuáles pueden ser esos errores?

    —Para empezar, no trabajamos bien en Montevideo. Hago una autocrítica personal: en los últimos tramos de la campaña me instalé en el interior. Recorrí tres veces el país en todo el ciclo electoral, lo que no está mal, pero en los tramos definitorios mi esfuerzo en Montevideo fue inferior al necesario.

    —¿La participación de jerarcas de su sector en el “caso Pluna” y los cuestionamientos a la gestión del Ministerio de Transporte influyeron en la menor votación?

    —Sinceramente creo que muy poco. Ese tema tuvo peso y fue motivo de atención en círculos menos masivos y más informados, pero a escala del gran contacto electoral, con públicos extensos y particularmente en el interior del país, ese tema no estuvo. Se utilizó por la oposición y creo que golpeó en esos círculos más reducidos.

    —¿Cree que hubo una intencionalidad especial de debilitar a su grupo mediante esas denuncias referidas a supuestos casos de corrupción?

    —Fueron temas que se usaron. En una campaña electoral cada uno trata de llevar agua para su molino y si la oposición ve que puede obtener un rédito electoral, lo usa y lo usó. Ahora, ya que fue mencionada la palabra en la pregunta: corrupción, en este caso, no hubo de ninguna manera, de ningún tipo y de ninguna clase. Eso fue reconocido incluso por quienes fueron los más duros en la crítica. El adversario no lo plantea en términos de corrupción, habla de errores administrativos. Incluso se hablaba de aptitudes para gobernar y no de actitudes.

    —Muchos analistas coinciden en señalar que hubo un corrimiento hacia a la izquierda en las últimas elecciones. ¿Queda debilitado el Frente Líber Seregni ante esa situación?

    —Eso lo iremos viendo con el transcurso del gobierno, si ganamos. Pero no veo cambios muy significativos en esta conformación con respecto a las anteriores. No hay cambios que lleguen a alterar el rumbo o la orientación del gobierno. Comprendo a aquellos analistas que dicen que hay un corrimiento hacia la izquierda, pero no veo grandes modificaciones respecto a la experiencia que hemos tenido. El MPP ya ha sido mayoría en los dos primeros gobiernos del Frente Amplio y jamás lo vi como un factor desequilibrante del gobierno; al contrario. Es un factor de continentación, de equilibrio y de mesura.

    —Tuvieron discrepancias públicas importantes varias veces...

    —Es cierto. Pero si ustedes las repasan van a percibir que fueron del tipo que podríamos llamar instrumental. Nunca del tipo que refiere a la orientación, al rumbo, a las reglas de juego básicas de un gobierno. Y por eso los buenos resultados. No sentí nunca, ni como ministro de Economía ni como vicepresidente que el equilibrio del gobierno estuviera comprometido por esa fuerza que sigue siendo la más votada dentro del Frente Amplio. El factor determinante es Mujica, que va a seguir estando.

    —¿Evalúa el retorno de Mujica al Senado en forma positiva entonces?

    —Sin ninguna duda. Con Mujica no tuvimos una sola discrepancia de tipo sustantivo.

    —¿Y el Impuesto a la Concentración de los Inmuebles Rurales?

    —Esa no es una discrepancia sustantiva, por más calor que haya puesto él o yo. Tampoco discutir por algún cargo de gobierno, y no hubo más que eso.

    —En los dos gobiernos anteriores funcionó de una forma relativamente armoniosa una tríada integrada por Tabaré Vázquez, Mujica y usted. Los tres mantuvieron además una reunión hace pocas semanas por la campaña electoral. ¿Acordaron seguir funcionando de la misma forma?

    —Sí, sin duda. Aclaro que no como institución porque no lo somos. Pero las conversaciones entre los tres van a seguir de la misma forma. Hace poco tuvimos una reunión muy provechosa que arrojó frutos muy positivos en la marcha de la campaña. De la misma manera, la vamos a tener sobre la orientación del gobierno, si es que ganamos.

    —¿La va a promover?

    —Sí y lo vamos a hacer. Ya lo estoy anunciando. No le doy institucionalidad pero va a ser un intercambio de opiniones con dos presidentes de la República. No es poca cosa. Estamos hablando de cosas que acumulan una experiencia formidable. La reunión será después del 30 de noviembre.

    —La salida para la crisis de Cofac, la administración de la deuda y la reforma tributaria fueron algunos de los temas más destacados durante su gestión en Economía en el primer gobierno del Frente Amplio. ¿Cuáles serán los asuntos prioritarios si vuelve a ser ministro desde marzo de 2015?

    —El apoyo a dos capacidades que desde mi punto de vista están en el límite de lo aceptable, que son la capacidad física —la infraestructura— y la capacidad humana, en lo que hace a la educación, seguridad pública, protección social, entre otros. El Ministerio de Economía deberá tener un involucramiento muy grande para hacer posible estos avances. 

    —Normalmente no se piensa en esa Secretaría de Estado en las áreas que menciona.

    —Es que incluso presupuestalmente tenemos una meta, que ojalá podamos alcanzar lo antes posible porque no tiene fecha, y es la del 6% del Producto Bruto Interno para la educación pública. Eso está aprobado en el programa del Frente Amplio. Esto, por ejemplo, tiene que ver totalmente con el Ministerio. Es más: es el Ministerio el que tiene que trabajar principalmente para lograr esto.

    —Hace tiempo que los problemas en la educación y la infraestructura son considerados cuellos de botella para el crecimiento económico del país a largo plazo. ¿Por qué las reformas en estas áreas resultan tan dificultosas?

    —En los dos casos las presiones para cambiar no eran tan grandes en el primer período como lo son ahora. Nosotros arrancamos con una infraestructura menos exigida que ahora, entre otras cosas porque el país no había crecido como lo hizo después. Y ese crecimiento pesa desde todo punto de vista: en los transportes, en las comunicaciones, en los servicios portuarios, en la energía. Pesa en las presiones inflacionarias que tuvo el país estructuralmente en los últimos tiempos. Desde el punto de vista de la capacidad humana, las presiones que representan y los resultados que tenemos que mejorar en educación, por ejemplo, no eran los mismos que ahora. Tenemos desafíos muy importantes. No estoy diciendo que en 2005 era miel sobre hojuelas ni mucho menos, sino que siento que hoy tenemos una responsabilidad acumulada más exigente.

    —La pregunta refería a que, si había un diagnóstico claro, por qué no se lograron avances en educación e infraestructura. 

    —Lamentablemente no funcionaron los acuerdos interpartidarios que creímos que iban a funcionar. Esa es una causa que todavía se está viendo: está parado en la Asamblea General el proyecto de la Universidad de la Educación. En segundo lugar, hubo problemas de gestión que no podemos negar que abarcan desde la infraestructura física de la educación hasta los contenidos, los programas y la formación docente, que recién ahora estamos intentando llevar al nivel terciario que debe tener. El presidente de la República se queja, con razón, de que no tuvo el apoyo necesario, aun dentro del Frente Amplio, para darle la jerarquía que quiso darle a la enseñanza tecnológica, que para nosotros es muy importante. Son todos ejemplos que, acumulados, explican un avance modesto e insuficiente respecto de lo que debemos hacer.

    —Teniendo en cuenta esos antecedentes, ¿por qué la ciudadanía debería pensar que en un tercer gobierno del Frente Amplio habrá mejoras?

    —La principal razón es que seamos conscientes de las insuficiencias que tuvimos, aprender de las mismas y evitar que se vuelvan a repetir. Por ejemplo, si es que el Frente Amplio sigue en el gobierno, ¿tiene que intentar un nuevo acuerdo sobre educación sabiendo que el anterior no funcionó? Mi respuesta es que sí, debe intentarlo. ¿Las mayorías parlamentarias deben ser un obstáculo para la búsqueda de este acuerdo? Creo que no. Y ya lo ha dicho muchas veces nuestro candidato presidencial. Los acuerdos fracasaron en este período que está culminando, pero no podemos renunciar a ellos en el futuro. Tuvimos problemas de gestión evidentes. ¿Vamos a aprender de los mismos? ¿Los vamos a aceptar críticamente? Contesto a todo eso que sí. Ese es el camino para superar las deficiencias que aún tenemos.

    —¿El Ministerio de Economía jugará un rol protagónico en estos asuntos?

    —Es que el Ministerio tiene que involucrarse. No va a hacer los programas de la enseñanza media, pero tiene que generar las posibilidades de un escenario en el cual se puedan discutir los programas de la enseñanza media. Por eso yo siempre sostuve que no podemos tener una visión reduccionista del Ministerio de Economía como el vigilante de los equilibrios macroeconómicos. Eso lo tiene que hacer, sin duda, pero su tarea no se reduce a ello.

    —El manejo del gasto público ha sido uno de los principales cuestionamientos de la oposición en los últimos tiempos. ¿Es partidario de introducir una regla fiscal estricta?

    —Ya hay una regla fiscal —indirecta y flexible ante razones fundadas, es verdad— que se adapta bastante a las posibilidades de Uruguay, y es la evolución de la deuda neta, que indirectamente se transforma en un límite al gasto. No innovaría y no pensaría en una regla a la chilena; se adapta mejor la regla uruguaya a los desafíos que tenemos por delante. 

    —¿Se mantendría el Fondo para el Desarrollo en su esquema actual?

    —El gran desafío no es si debe existir o no, sino manejarlo con prudencia y calidad; es decir con mucha responsabilidad y conscientes de las obligaciones que genera el apoyo de este fondo a las experiencias productivas. Y por supuesto, ser los mejores de todos cuando es el Fondes el que apoya, porque es un esfuerzo que está haciendo la sociedad uruguaya con las utilidades del Banco República. Hasta ahora no tengo objeciones. Es más, alguna de las iniciativas apoyadas han tenido resultados satisfactorios. Pero es una experiencia demasiado nueva y hay períodos de maduración. De pronto, en el futuro las valoraciones que hagamos desaconsejen el seguir apoyando algunas de esas iniciativas —no estoy haciendo ningún anuncio, que quede claro—, pero esto es lo que quiero decir con una evaluación y un funcionamiento de calidad.

    Contratapa
    2014-11-13T00:00:00