N° 1845 - 10 al 16 de Diciembre de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáTodo parece indicar que las próximas semanas serán muy movidas a nivel económico y financiero, lo cual sacudirá la tradicional “modorra” veraniega.
Argentina y Brasil serán dos focos de atención muy importantes. Habrá que permanecer atentos a las primeras medidas del gobierno del presidente Mauricio Macri: hasta dónde puede cumplir con sus promesas electorales; qué grado de hostigamiento va a tener de la saliente presidenta Cristina Fernández de Kirchner; cuál es la verdadera magnitud del desastre económico y financiero recibido; cómo ese desastre, junto con las restricciones políticas y sociales, condicionará los primeros pasos del nuevo gobierno no peronista.
En Brasil, el proceso de impeachment (y otras denuncias) contra la presidenta Dilma Rousseff se produce en medio de la crisis económica más profunda que el gigante de América del Sur ha sufrido en más de 20 años. Dado que una parte importante de los problemas de Brasil derivan de la crisis política generada por el escándalo de corrupción de Petrobras y sus ramificaciones, lo cual ha generado una parálisis legislativa que impide adoptar decisiones destinadas a encarrilar la delicada situación económica (particularmente en lo que tiene que ver con la sustentabilidad de la situación fiscal y de deuda pública), no es de extrañar la positiva reacción que han tenido los mercados financieros brasileños esta semana, al confirmarse que los partidarios del proceso de destitución de la presidenta siguen acumulando fuerzas.
Además de la incertidumbre económica, financiera y política en la región, otros temas que condicionarán la coyuntura en las próximas semanas serán el comienzo del proceso de suba de tasas de interés en Estados Unidos, su impacto en el valor del dólar y en general en los mercados financieros internacionales, la evolución de la economía china y el desplome de los precios de las materias primas.
Este complejo panorama debería llevar a un proceso de adaptación importante, tanto por parte del sector público como del privado en Uruguay.
La situación en el corto plazo es mucho más difícil para el sector privado, que se enfrenta a una significativa caída de los precios de los bienes que se producen y exportan, así como a un abaratamiento importante de los precios en dólares en Brasil, que en poco tiempo debería ser seguido por un proceso similar en Argentina. Si bien la muy probable eliminación de los cupos de importación y la unificación del mercado cambiario en Argentina serán factores positivos a mediano plazo, al principio ese impacto será neutralizado por el ajuste que el gobierno de Macri necesita para corregir el “atraso cambiario” acumulado durante los últimos años.
Como, hasta ahora, en Uruguay ni el gobierno ni los sindicatos han asumido el cambio negativo en el contexto externo, el sector privado no tendrá más remedio que ajustar más sus niveles de actividad y de empleo, acelerando la tendencia que comenzó hacia mediados de este año. Sin rebajas de tarifas públicas y/o de impuestos, y con el PIT-CNT aferrado a la idea de que los salarios reales no solo no pueden caer sino que deben subir al ritmo del cada vez más utópico crecimiento del PBI proyectado por las autoridades, la optimización de las estructuras de costos en los diversos sectores tiende a producir una mayor caída del empleo y de la producción.
La exasperante inacción del Estado —que hasta ahora se ha dedicado a mantener la inflación por debajo del 10% vendiendo reservas internacionales para contener la suba del dólar mientras el déficit fiscal estructural continúa subiendo, el empleo y la actividad caen, las presiones inflacionarias subyacentes se mantienen y los costos internos de producción siguen muy altos— quizá continúe en los meses iniciales de 2016.
Seguramente, en enero el gobierno se volverá a meter en el bolsillo la caída en los precios del petróleo como ya lo hiciera en 2015, para compensar la disminución de la recaudación impositiva y mantener el déficit fiscal por debajo del 4% del PBI. Algo parecido sucederá con las tarifas de electricidad, donde la reducción del costo de generación por el cambio en la matriz energética no se ha trasladado a los consumidores. Hasta dudamos que el gobierno se anime a ejecutar el aumento de gastos previsto en el Presupuesto, teniendo en cuenta la fragilidad de la situación fiscal.
Con las tendencias actuales, lo más probable es que las cosas empeoren más en el primer semestre de 2016, antes de que eventualmente comiencen a mejorar.