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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEficacia privada desvirtuada por ineficacia pública. Este fin de semana tuvimos que viajar a Buenos Aires para acompañar a antiguos y queridos amigos de tantos veraneos pasados para la boda del último de sus hijos. Viajamos (por primera vez nosotros) en el buque Francisco el viernes 6 a la hora 11. Todo perfecto hasta llegar a Migraciones, donde ya se había formado una larga cola que discurría lentamente. La mitad de las casetas donde trabajan los funcionarios de Migración estaban vacías. Cuando nos toca embarcar (10 y 40 hs.) la cola llegaba a la mitad del hall principal. “Esto no sale en hora”, nos dijimos. Dicho y hecho: a los 30 minutos, por altoparlantes, en español, inglés y portugués, la empresa pedía disculpas por el atraso pues había pasajeros que aún estaban haciendo los trámites migratorios.
El buque salió finalmente con 45 minutos de retraso. Según nos contaron otros invitados que viajaron en el Francisco pero al siguiente horario, ya la demora, por la misma causa, era de 1 y 30 hs. A la vuelta, domingo 17 hs., en el mismo buque. La salida fue perfecta en Puerto Madero y el viaje duró exactamente las 2 horas y 15 minutos publicitados. En 15 minutos teníamos las valijas en nuestro poder.
Allí empieza la segunda ineficacia pública, esta vez la Aduana. Un señor recorría la larga y amuchada cola que caracoleaba en espacios reducidos avisando, a los gritos, en español, que por los dos escáneres debían pasarse todos los bultos con excepción de lo comprado en el free shop. Los turistas no entendían nada. Media hora más perdida. Pero faltaba el último obstáculo, el más increíble. Otra serpenteante y multitudinaria cola esperaba taxi. Taxis que dependían del llamado a piacére que un único maletero le hacía por celular y que a cuentagotas iban arribando a la terminal, donde ese maletero cargaba las valijas, cobraba sus propinas y daba la orden de salida, uno por uno, en operativa que, para nosotros, motivó una espera de otra media hora.
En resumen: el esfuerzo empresarial de hacer rápida y cómoda la travesía se ve desvirtuado por la ineficacia de tres servicios públicos (migraciones, aduanas y taxis) que hacen demorar al pasajero tanto como el viaje en sí, pero mucho más incómodo.
Pablo García Pintos
CI 931.355-5