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    Víctor Hugo Morales y los futbolistas alemanes

    Sr. Director:

    Respuesta al Sr. Pablo Galain Palermo. Liminarmente, debo decir que desconozco los sucesos ocurridos, que narra el Sr. Pablo Galain Palermo, con relación a las expresiones corporales y orales de seis jugadores alemanes, una vez llegados a su país natal, Alemania, y la reacción que dichas manifestaciones han tenido en el locutor Víctor Hugo Morales. Pero ello no solo no es óbice para hacer un análisis crítico fundamentado, sino antes bien es una verdadera ventaja, dado que tomaré por cierto la descripción de los hechos tal cual lo expresa el Sr. Pablo Galain Palermo, lo que nos coloca en igualdad de condiciones en el conocimiento de los hechos puestos aquí en crisis.

    Desarrollaré mis argumentaciones en el mismo orden de ideas que las ha expuesto dicho señor, para facilitar a quien le interese el tema un análisis comparativo de las diferentes ideas y pueda de esa manera ampliar su base de conocimiento dentro de una pluralidad de opiniones.

    Comencemos:

    Coincido plenamente con lo expresado en los dos primeros parágrafos, es decir hasta la frase pacífica convivencia y sigue diciendo… “se menosprecia absolutamente la historia más negativa que pudo vivir como nación durante el gobierno nacionalsocialista”. No tengo más que discrepar con dicha afirmación. Sí es cierto que existe una mayoría que repudia absolutamente lo sucedido, pero ese repudio no es unánime ni mucho menos. Es de conocimiento público y notorio que todavía existen grupos neonazis que son denunciados por los medios públicos, hacen reuniones que han sido filmadas y cualquiera puede verlas no solo en los periódicos alemanes y del todo el mundo, sino buscando en YouTube. Es cierto son una minoría, como también fue una minoría del 20% de la delegación que se prestó a dichas prácticas que dieron origen a este debate.

    Luego sigue diciendo: “Solo quien ha vivido y criado a sus hijos en Alemania puede entender el modo en que Alemania (a diferencia de otras naciones) ha reconocido, asumido y elaborado quizás la peor tragedia conocida por la humanidad”. Debo decir que vuelvo a discrepar con semejante sentencia, propia de quien quiere convalidar su opinión, no con fundamentos sólidos sino bajo la apariencia de un saber restringido a quienes vivieron y criaron sus hijos en Alemania. Esta autoconvalidación deviene autoritaria. No solo descalifica a quienes no han vivido en Alemania y no han criado a sus hijos ahí, sino que impide, al mejor estilo nazi, valorar la opinión de quienes son profundos estudiosos del tema, que revisan documentos históricos y que han hecho trabajo de campo con tanto rigor científico o seguramente más del que pretende exponer el Sr. Galain Palermo. En otras palabras, la descalificación lisa y llana por medio de la autoconvalidación carece de rigor científico.

    Tampoco es cierto lo expresado alegremente…“a diferencia de otras naciones”. Lo hizo Italia, Japón, hemos visto hacerlo en boca de presidentes (Clinton) de Estados Unidos transcurridos veinticinco años y, lo más importante, lo viene haciendo el gobierno nacional desde el año 2003 hasta la fecha con el holocausto ocurrido en la última dictadura cívico-militar, con la memoria activa, comportamiento que ha tenido pleno reconocimiento en las instituciones internacionales de los derechos humanos de todo el mundo. Pareciera que los logros de Alemania en ese sentido son más valiosos que los de Argentina o, peor aún, que el Sr. Palermo presenta una ceguera ideológica que no le permite discernir con claridad los acontecimientos.

    Es cierto que desde la escuela, en Alemania se educa para tomar conciencia de lo ocurrido, porque fue verdaderamente no solo una época nefasta sino que mostró una degradación de una cultura que todavía presenta síntomas menores, con los cuales Alemania debe luchar a brazo partido. Pero esto no es algo menor. Nadie necesita hacer tanta publicidad antiholocausto si verdaderamente no hubiera en Alemania una tendencia a tener una empatía con dicha ideología. En otras palabras, se publicita y se promueve aquello que es necesario incorporar al acervo cultural, nadie predica insistentemente una política antiholocausto donde el holocausto es repudiado de raíz. En la misma inteligencia, le recuerdo al Sr. Galain Palermo que Alemania tiene por ley la prohibición de decir “Hei Hitler” o mostrar símbolos nazis. Repito: nadie pone tanta energía en prohibir algo que todos repudian. A buen entendedor, pocas palabras.

    Por la noche, he tenido la desagradable vivencia de escuchar un grito, “Hei Hitler”, de boca de un “supuesto alienado” cuya alienación pareciera que solo se produce durante la noche. Tampoco ha de pasar por alto nuestro Sr. Galain Palermo toda la catarata de información, tanto escrita, oral como fílmica, de todo lo sucedido, que puede verse en el Museo del Holocausto e innumerables instituciones de Berlín. No quiero decir que esto esté mal; todo lo contrario. Aquellos que lo han dispuesto y lo sostienen como una cuestión de Estado tienen conocimiento de causa, cosa de la que pareciera no haberse dado cuenta el Sr. Galain Palermo, que alegremente dice que nadie puede saber más que él, sin saber que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

    Tampoco es serio que Alemania albergue alegremente a sus inmigrantes. Me remito a estudios científicos, publicaciones periodísticas y fotografías que hablan de la xenofobia del pueblo alemán. A mayor abundamiento me remito a la bibliografía en alemán y español.

    El cuarto parágrafo está lleno de contradicciones. En principio expresa… “Esta carta de lector no pretende hablar ni resaltar las virtudes de Alemania, sino que quiere rechazar profundamente la agresión e imbecilidad de un periodista uruguayo que escogió vivir y ‘sentir como argentino’ y no pudo ‘digerir’ una derrota futbolística”. Nuestro Sr. Galain Palermo continúa con la ceguera, hasta de sus propios dichos. De una exposición de 90 renglones en 8 parágrafos dedica 38 (muy cerca de la mitad, 45) a justificar y mostrar las virtudes de un pueblo que causó la peor de las calamidades del siglo XX y que es muy cierto que hoy con grandeza sigue luchando empecinadamente para que esa empatía deje de existir. Ello es verdaderamente admirable.

    Respecto a la canción infantil, como la llama inocentemente, o para disminuir sus efectos ante los lectores, si la conociera desde sus orígenes no le parecería tan light, a menos que introduzca su lente del punto ciego. Refiere netamente a la superioridad aria y “muestra a los gauchos como si fuéramos simios”, con un gesto que solo puede recordar a los nazis. Es lógico que los periódicos alemanes alerten sobre los peligros en Alemania de resaltar la superioridad, pues ya es obsoleto desde la segunda mitad del siglo XX hablar de superioridad. Los científicos (biólogos, genetistas, sociólogos, psicólogos, etc.) están de acuerdo con que tal superioridad no existe. No hay ni superioridad cultural ni genética, no existen las razas. Y dada la idiosincrasia de un sector no menor del pueblo alemán, es inteligente alertar sobre tal situación. No hay que olvidarse que el desastre alemán ocurrió tan solo hace 60 años —nada en la historia de la humanidad— y que todavía esa ideología no ha desaparecido.

    Debe también saber el Sr. Galain Palermo que cuando se critica una postura, si es realmente seria, debe hacerse con el máximo de respeto, argumentando con fundamentos. La descalificación es propia de aquellos que todavía sienten añoranza por el ideal de superioridad, aquel que Nietzsche tanto predicó, y que fuera tan mal interpretado y fuera utilizado como base de la ideología nazi. No, Sr. Galain Palermo: haber nacido en el Uruguay es tan digno como haber nacido en cualquier país. El ser del Río de la Plata para nosotros, los argentinos, es una verdadera alegría. Que haya venido a ofrecer sus servicios a la República Argentina como país hermano, es también motivo para festejar. Porque como directiva de nuestros mayores, la Constitución lo expresa con suma claridad, pese a que muchos xenofóbicos se resistan a aceptarlo: “Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”. Sin ningún aditamento más que los racistas intentan agregar, como ser europeos, blancos, con dinero, o cualquier otro tipo de discriminación, que pareciera usted admitir.

    El Sr. Víctor Hugo Morales no solo nos brinda sus conocimientos, sino también su excelente nivel cultural. Tanto él como yo y muchas personas tenemos todavía la idea de la patria grande, de la integración, del fin de la discriminación y la separación entre hermanos con una misma historia de lucha y valores compartidos.

    Sus expresiones, Sr. Galain Palermo, dejan notar su espíritu xenofóbico.

    En el parágrafo 6º, nuestro Sr. Galain Palermo vuelve a su estado de confusión. Vulgarmente se lo llama confundir gordura con hinchazón, pero su punto de vista ciego no le permite ver la realidad. Una cosa es que la gente de la tribuna se exalte, realice cánticos que muchas veces resultan totalmente inadecuados, y otra muy distinta es que lo haga un deportista con recursos económicos en abundancia para adquirir los modales y comportamientos adecuados a las circunstancias. Ya nos alertó Freud sobre cómo se comporta la gente en masa, por contagio y emociones. Es tal su confusión que tampoco sabe comprender que todo está teñido de política y que en cada acto que llevamos adelante, le guste o no le guste, hay un componente político importante, del cual nadie puede escapar. Hasta aquel que se siente apolítico está atravesado más que nunca por la política, solo que su condición de alienado no le permite percibir. Pareciera que el Sr. Galain Palermo es uno de ellos, al menos por sus dichos.

    Además, Sr. Galain Palermo, usted abre juicios de certeza sobre suposiciones que usted mismo elabora intuitivamente, sin expresar una relación causal definitoria de lo que dice. Sus expresiones son las que carecen de credibilidad, al menos para aquellos que tenemos alguna formación adquirida con los años en investigación. Me parece, seguramente, “mal perdedor”, son palabras que desautorizan su discurso, poco serio, infundado. Como suele suceder en Argentina, se habla cuando no se tiene nada que decir, transformándose en un instrumento del poder de turno y gratis. Me sorprende que habiendo vivido en Alemania, no haya aprendido a hablar solo con conocimiento de causa y fundamentos serios y probados. Un alemán jamás expresará su opinión sobre temas que desconoce, tal cual usted alegremente lo está haciendo.

    Para terminar, usted vuelve a destilar odio contra la presidenta de la Nación, en cabeza de cualquiera que la defienda o la represente ideológicamente. Su crítica destila odio y no tiene más que recurrir a analogías que nada tiene que ver con lo sucedido, como remitirnos a la época de la dictadura militar, que nada, absolutamente nada tienen que ver con nuestra historia actual. Detrás de toda su argumentación se esconde una ideología de la superioridad que no le permite observar más de lo que solo desea ver. Usted solo proyecta lo que usted siente hacia la persona de Víctor Hugo Morales, que según parece es su compatriota (no me ha quedado claro).

    Tampoco Alemania es la pesadilla de Argentina, ni nada que se le parezca. Esa es solo una apreciación personal suya y también infundada. Creo que es de buen alemán expresar sus disculpas, primero al pueblo argentino, que fue ridiculizado con expresiones del lenguaje silencioso, que es el idioma de los movimientos corporales que no requieren traducción, porque son entendidos en todas las culturas. No tengo la menor duda de que oportunamente, si es que ya no lo ha hecho, lo harán los seis alemanes que inoportunamente, y siendo minoría, como lo son los nazis en Alemania, realizaron una expresión de agravio típica de la ideología nazi: la descalificación para demostrar su superioridad étnica.

    Dr. Daniel Bidolski

    Arquitecto, urbanista, abogado, procurador