• Cotizaciones
    domingo 08 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Vida de las abejas

    Columnista de Búsqueda

    N° 2015 - 04 al 10 de Abril de 2019

    Me gustan las coincidencias significativas, lo que Jung denomina la sincronicidad. Mientras Jean-Henri Fabre observaba con paciencia poco envidiable la compleja sociología de las abejas y llevaba cuenta diaria de todas las rutinas de la captura de alimentos, de la industriosa elaboración de néctares, de los complejos rituales del orden social, de la vida, la muerte y el destino de los insignificantes insectos cuyo comportamiento estudió en las miles de colmenas a las que entregó sus noches y sus días en los apacibles bosques de Avignon, en Lovaina Vilfredo Pareto cumplía la misma función con análoga entereza y desde la misma distancia científica; quiero decir: el entomólogo es sujeto frente al mundo que investiga, que es objeto, está lo suficientemente despojado de empatía y de fervor como para ver y medir sin perturbarse por el resultado de sus investigaciones. Con Pareto ocurre lo mismo; solo que su materia es la sociedad humana, comprensiblemente más intrincada que la de las abejas, pero no por eso menos previsible para quien ha descubierto que el método científico y la racionalidad de los análisis están por encima de las ideas, de los afectos, de los deseos. El padre de la Sociología liberal considera, como antes Maquiavelo, y como cualquier entomólogo que lidia con las elementales criaturas que vuelan o se arrastran, que la misión del analista no reside en desesperar por lo analizado sino en entenderlo, descubrir sus mecanismos, explicar sus razones, indagar acerca de las intenciones y consecuencias de sus actos.

    Desde esta perspectiva creo que el mayor hallazgo de la obra de Pareto ha sido el de desacralizar las motivaciones sociales y con ello poner a la política en el subalterno lugar que debería tener en toda comunidad organizada. Su mirada, despojada de cualquier vocación altruista o reformadora, solamente trata de hacer visible lo que opera en las conductas sociales y establecer —y si es posible medir— el impacto o derrame que tiene un fenómeno sobre el resto de las realidades de la sociedad.

    Dentro de los muchos aspectos que estudia en su Tratado de sociología general (1916), uno de ellos tiene que ver con el falso debate del uso de la fuerza; un tema que merece le prestemos atención. Según lo que ha podido discernir, Pareto considera que la sociedad se divide básicamente entre dos impulsos contrarios que tienden a invalidarse en su confrontación, a saber: el imperativo de la uniformidad, que busca conservar a como dé lugar en el estado de cosas en un momento dado, y como corriente opuesta el mandato del cambio, la búsqueda de disolución de las estructuras o normas existentes para satisfacer demandas que no están contempladas en la realidad. La tensión entre estos dos polos acompaña la dinámica social y sostiene, en parte, los banales juegos de la política. Dice Pareto que este cruce dio origen a lo que define como “dos teologías”, es decir, dos arbitrarios sistemas de creencias cuya misión es convalidar racionalmente sus irracionales pretensiones: “El problema de si se debe o no, de si es beneficioso o no usar la fuerza en la sociedad, no tiene sentido, puesto que la fuerza se usa tanto por parte de quien quiere conservar ciertas uniformidades como por parte de quien quiere transgredirlas, y la violencia de estos se opone, contrasta, con la violencia de aquellos. De hecho, quien es favorable a la clase gobernante, si dice que reprueba el uso de la fuerza, en realidad reprueba el uso de la fuerza por parte de los disidentes que se quieren sustraer a las reglas de la uniformidad; si dice que aprueba el uso de la fuerza, en realidad aprueba el uso que de ellas hacen las autoridades para obligar a los disidentes a la uniformidad. Viceversa, quien es favorable a la clase gobernada, si dice que reprueba el uso de la fuerza en la sociedad, en realidad reprueba el uso de la fuerza por parte de las autoridades sociales para obligar a los disidentes a la uniformidad; y si, por el contrario alaba el uso de la fuerza, en realidad se refiere al uso de la fuerza por parte de aquellos que quieren sustraerse a ciertas uniformidades sociales”.

    Gran parte de lo que fascina de Pareto como pensador, ya no solamente como científico, es su instinto teatral para describir las duras realidades que habitamos. Leo estos pasajes y no puedo dejar de evocar a Molière en el tratamiento crítico de los caracteres y a Labiche o Feydeau en los equívocos y enredos.