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    Wilson Ferreira Aldunate y la gobernabilidad

    Sr. Director:

    El 28 de enero de 2019 se cumplieron 100 años del nacimiento de Wilson Ferreira Aldunate. El último caudillo que ha dado nuestro país, sin lugar a dudas, y vaya uno a saber cuántos años deberán pasar para contar con otro. La dirigencia política actual, sin importar sus banderas o ideologías, mucho debería aprender del legado de Wilson. La inteligencia y la claridad de sus ideas, la naturalidad de su liderazgo, la comprensión de los problemas del país y sus posibles soluciones, la habilidad para negociar con propios y ajenos, la firmeza y gestualidad en sus discursos, el Uruguay por encima de los partidos, de los corporativismos, de los grupos de poder y de intereses personales. Todo esto tenía Wilson Ferreira y todos hoy se lo reconocen pero pocos practican algunos de sus ideales.

    Quienes tengan más de cuarenta años podrán contarle a la juventud las vivencias de este caudillo, la simplicidad para actuar y la generosidad de sus actos. Solo bastaría con recordar su histórico discurso en la explanada municipal a horas de haber sido liberado. Cuando muchos pensaban que Wilson venía con carabina al hombro y sable en mano, nos dio a todos una lección de democracia y grandeza proponiendo la gobernabilidad. Esta palabra que muchos han usufructuado y casi ninguno ha aplicado. ¿Qué es la gobernabilidad? ¿Qué mensaje quiso dar Wilson? “Estaremos dispuestos a votar al nuevo gobierno todas aquellas iniciativas con las cuales estemos de acuerdo”. Hasta aquí es lo que muchos han prometido, pero él dio un paso más. “Nosotros estamos dispuestos a votarle en el Parlamento al gobierno que presidirá el Dr.Sanguinetti todo aquello en que coincidamos y todo aquello a condición de que no comprometa principios esenciales y todo en lo que, aunque no coincidamos, resulte indispensable para proporcionarle al nuevo gobierno la posibilidad de moverse, de gobernar”. Esto permitió asegurar la acción del Ejecutivo y por esta vía se consiguieron varias leyes formando una coalición verdadera con un mismo objetivo: levantar al país y estabilizar la democracia que habíamos perdido. Y como anexo a esta iniciativa también Wilson dijo que iban a votar todas las venias propuestas por el Ejecutivo para la conformación de los directorios de entes autónomos, servicios descentralizados, cualquiera fuera la filiación política de los candidatos, solo que tuvieran competencia técnica y honradez.

    Esta es la definición de “gobernabilidad”, esto es lo que no existe hoy, la grandeza de la cual muchos carecen sin importar el partido o la ideología que tengan. Siempre decía que lo que es bueno para el país es bueno para el Partido Nacional y su actuación lo avalaba, nada podía estar por delante del país. Y ese fue el camino que recorrió para llegar a la votación de la ley de caducidad. La rebeldía de los militares a presentarse ante la Justicia era real y el Dr. Sanguinetti recurrió a él para elaborar una ley. Tan visionaria fue su posición que con el correr de los años dos veces la mayoría del pueblo uruguayo refrendó la ley en sendos plebiscitos. Pocos debían estar tan interesados como Wilson en juzgar la actuación de los militares, los horrores ocurridos durante la dictadura, pero tampoco era muy inteligente derogar la ley sin saber qué se hacía después. “¿O acaso quienes promueven legítimamente un plebiscito creen que los militares vendrán sumisos a declarar? A mí que me digan qué van hacer después”, decía en un discurso en Kiyú. Y con la sinceridad que siempre tuvo aclaró no poder contestar la interrogante de si los militares no tomarían el camino de la extorsión similar a esta en el futuro. “No lo sé, no lo puedo asegurar, lo que sí sé es el ahora y el ahora es esta ley”.

    En este año que estará marcado por la campaña electoral, muchos candidatos deberían recordar o leer instancias donde participó Wilson. Más aún sus correligionarios, quienes se dicen wilsonistas y también los otros, que parecen haber olvidado lo último que les pidió Wilson: “Cuando yo no esté, no se peleen”. El actual gobierno que nos ha terminado de convencer que son malas las mayorías parlamentarias, que no existe el debate, que no se atienden las ideas de la oposición pues tengo los 50 votos y mando yo. Y esto no debería ser así, quien legítimamente por el voto popular ha logrado la mayoría parlamentaria debe tener la grandeza y honestidad de ver que también existen 49 representantes populares que piensan, colaboran y representan la mitad del pueblo uruguayo. Las mayorías parlamentarias no son malas pero pueden convertirlas sus representantes en un calvario donde abundan la soberbia y la hipocresía.

    Jamás Wilson Ferreira hubiera utilizado mayorías de esta forma. Basta con repasar una pequeña parte de sus actuaciones ministeriales o legislativas para darse cuenta de que siempre atendió la contraparte, y si no estaba de acuerdo daba una fundamentación cabal que no admitía reparos pues sobraba convencimiento. La no comparecencia final al Pacto del Club Naval es un ejemplo.

    A cien años de su nacimiento y 30 de su desaparición física, rendimos homenaje a un verdadero patriota contemporáneo. Es difícil, casi imposible, aunar criterios sobre una persona, mucho más sobre un político que hoy es de todos aunque no todos son wilsonistas.

    Sergio Barrenechea Grimaldi

    CI 1.978.723-5