A continuación, una muestra de aquellos herbarios.
Jengibre
Este ingrediente ha ganado un importante protagonismo en la cocina actual, usándose en postres, tragos y hasta platos salados para agregar ese toque de picor que contienen sus tallos. Pero los fines culinarios del jengibre, además de los medicinales, existen desde los tiempos de Confucio, según Lawrence.
Es, además, considerado un ingrediente con un fuerte poder afrodisíaco. El Kamasutra indio lo recomendaba para despertar el deseo sexual, y en la Edad Media tenía fama de encender la llama del amor. La autora explica que esto probablemente se deba a que su consumo produce cierto calor.
Como medicina, era usado para aliviar la artritis y el dolor de estómago, y contribuía también a aliviar los resfríos a través de la sudoración. Se destacaban sus propiedades antiinflamatorias, su eficacia para el alivio de los gases y la “limpieza del cuerpo” en general. En infusiones, se usaba (y aún se usa) para combatir las náuseas y mejorar la circulación sanguínea.
Más allá de sus efectos en el cuerpo, en algunas culturas antiguas se creía que el jengibre servía para atraer riqueza, amor y éxito.
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Libro El huerto de las brujas, de Sandra Lawrence
Menta
Esta planta se caracteriza por el aroma fresco que emanan sus hojas. Sus usos más frecuentes, entonces, se encuentran en perfumería, productos de baño e infusiones. Los griegos la usaban para limpiar las mesas luego de los banquetes, pero no por sus propiedades antibacterianas, sino porque su aroma significaba una fresca bienvenida. “Muchos habrían agradecido el uso de la menta para mejorar el aliento, que se popularizó en el siglo XIV, y lo cierto es que aún hoy es el sabor más popular de los dentífricos”, resalta Lawrence.
En la Edad Media, la menta se esparcía por el suelo para ahuyentar a las hormigas y disimular los malos olores. Pero, antes que eso, ya lo usaban los antiguos hebreos en los suelos de sus sinagogas.
La menta goza de una fuerte popularidad por sus propiedades anticoagulantes en el ámbito medicinal. En lo culinario, se usó durante años para clarificar la leche cuajada o para evitar que se corte.
Por último, lo místico: nunca debe pagarse por la menta, dice la cultura popular. Lo ideal es robarla de algún vecino. Pero, por suerte, se trata de una planta de cultivo sencillo, que no requiere demasiados cuidados y, además, produce vástagos. Se dice también que crece más en hogares en los que manda la mujer (y quizás por eso se la llama “hierbabuena”).
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Libro El huerto de las brujas, de Sandra Lawrence
Perejil
Esta planta que creció siempre en zonas rocosas gozó de mala fama durante mucho tiempo, por una leyenda de la mitología griega que involucraba la sangre de un héroe mordido por una serpiente, y un uso frecuente en el rubro funerario. Además, al ser el perejil de germinación lenta, se decía que sus semillas descendían varias veces a visitar al diablo antes de emerger de la tierra. Trasplantarlo daba mala suerte, pero peor era recibirlo como regalo. Así que, al igual que la menta, lo ideal era obtenerlo robado.
Pero una vez que se cosechaba, esta planta tenía enormes utilidades. Hasta la actualidad, es un ingrediente casi infaltable en las cocinas y forma parte del bouquet garni francés: una selección de hierbas aromáticas que funciona como condimento básico para las recetas.
Se usaba para evitar el mal aliento en tiempos de los romanos y además se servía en los banquetes por la creencia de que ayudaba a evitar la ebriedad. Había también mujeres que usaban el perejil para recuperarse tras dar a luz o para aliviar el dolor menstrual. Si se freía en manteca, se suponía que podía servir para curar dolores en las mamas y hematomas.
Si bien en sus orígenes se relacionó a esta planta aromática con la muerte, en la actualidad los judíos lo entienden como un símbolo del renacer. En su Pascua, lo suelen usar para cocinar las karpas, uno de sus platos simbólicos en esa fecha.
Ajo
Desde tiempos inmemoriales, esta planta se usó para ahuyentar espíritus del mal. Incluso en leyendas y cuentos de vampiros, se decía que su olor podía matarlos.
El ajo posee una gran cantidad de vitaminas y minerales. Uno de sus componentes, la alicina, le brinda propiedades antiinflamatorias y antisépticas. En la Antigüedad, ya Hipócrates recomendaba esta planta para curar infecciones, heridas, lepra y hasta cáncer. Además, sus dientes solían colocarse en los zapatos para prevenir la tos ferina (tos convulsa) o enterrarse en jardines para curar el sarampión.
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Libro El huerto de las brujas, de Sandra Lawrence
Albahaca
Si bien hoy es apreciada y popular en gastronomía y en cremas corporales y faciales, su origen es humilde. Al buscarle propiedades medicinales, los antiguos griegos no obtuvieron resultados beneficiosos. Por el contrario, encontraron que, en grandes cantidades, su consumo debilitaba la visión, relajaba el intestino y movilizaba los gases. Además, se consideraba de difícil digestión.
Sin embargo, la albahaca es una planta con grandes utilidades. Como condimentos para comida y también para esparcir en los hogares, como repelente de insectos, moscas, mosquitos y cucarachas.
Fue también foco de supersticiones. Lawrence cuenta que en Moldavia, si un joven aceptaba una rama de albahaca de una mujer, se enamoraría de ella para siempre. En México, antiguamente se llevaban ramitas en los bolsillos para atraer buena suerte y dinero; y en Italia, la albahaca era la planta del amor.
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Libro El huerto de las brujas, de Sandra Lawrence
Diente de león
Es común y silvestre, porque nace casi solo, en campos de yuyos. Además, su forma es fácil de identificar, aún para aquellas personas que no conocen de plantas y hierbas. La imagen de una pequeña mano sosteniendo un diente de león y soplando sus semillas es un recuerdo de muchas infancias. En algunas culturas se creía que esas semillas eran hadas y que, al liberarse en el aire había que pedir un deseo.
El diente de león se usa como diurético desde hace siglos, por su efecto comprobado para limpiar los riñones y abrir el tracto urinario. Entre otros populares usos medicinales, sus tallos también se empleaban para curar verrugas y llagas.
En agricultura, se decía que al estar mezclados con el pasto, las vacas que comían diente de león durante su pastoreo aumentaban su producción de leche. Sin embargo, estos animales solían rechazar el sabor amargo de esas plantas.
Quizás sus usos culinarios no resulten tan frecuentes en la gastronomía de este lado del planeta, pero sí es usual en lugares como Creta y El Cairo. Sus raíces se cultivan en los meses más fríos y las hojas jóvenes aportan un sabor picante, sobre todo en ensaladas.
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El huerto de las brujas, de Sandra Lawrence
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Libro El huerto de las brujas, de Sandra Lawrence
Lavanda
Con un gran poder aromático e higienizante, en la actualidad se incluye en desodorantes, perfumes y productos de limpieza domésticos. También funciona como repelente de animales, desde algunos grandes y salvajes como tigres y leones, hasta pequeños insectos como las polillas.
La lavanda se usó antiguamente como amuleto contra el mal de ojo en niños y como ingrediente estrella en pociones para enamorar.
En la actualidad, su uso se populariza cada vez más en el ámbito culinario, por su sabor intenso y perfumado. Puede servir para aromatizar el azúcar o perfumar frutas y dulces.
En la medicina, las propiedades que se le atribuían eran opuestas. Había quienes la defendían como estimulante, y otros que decían que ayudaba a conciliar el sueño. Se usaba para curar pestes y para que las parturientas estrujaran sus ramos y así aliviaran su dolor.
La lavanda sirve, en la actualidad, como ingrediente clave en aceites esenciales. Muchos la utilizan como remedio para dolencias estomacales, desmayos y bloqueos en el hígado y bazo. Podría tener también un poder cicatrizante y antiinflamatorio.