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El MAPI busca ampliar su museo al infinito a través de la tecnología y ahora está en el metaverso

El Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) será el primero de América Latina en entrar al metaverso, usando la tecnología como expansión y no como réplica

Redactora de Galería

Los museos se enfrentan a problemas cada vez más complejos, desde cómo vincularse con la tecnología sin perder la esencia de su visita hasta qué hacer con tanto acervo y limitados metros cuadrados para la exposición, y el Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) no es una excepción.

Según la Alianza Americana de Museos, la gran mayoría de ellos exhiben menos del 10% de todo su patrimonio, el resto se encuentra en reserva técnica. Esto responde a lo difícil que es hacer frente a los altos costos de realizar una muestra, y al problema del espacio físico.

Digitalizar colecciones puede ser una forma de acercarse a una solución, siempre y cuando no se caiga en el abuso de las visitas virtuales que ya no son una novedad, y tampoco funcionan.

¿En qué posición juega la tecnología?

La clave está en que la tecnología no replique, no sustituya, sino que expanda. En esta línea fue que el MAPI se embarcó en la aventura digital para, entre otras cosas, dar pelea a las limitaciones físicas de su espacio. “No vale la pena reproducir (digitalmente) lo mismo que está en el museo”, opina a Galería su director, Facundo de Almeida, ferviente defensor de la tecnología en la medida que “te permita hacer algo que no se pueda hacer de otro modo”.

Un ejemplo de esto podría ser una muestra de instrumentos latinoamericanos que organizaron apoyándose en el sensor Kinect (una cámara de Xbox que detecta el movimiento y permite el desarrollo de juegos interactivos). La idea era superar las limitantes en la manipulación de los instrumentos —por una cuestión de cuidado no se los podía tocar— a través de la tecnología y vivir la experiencia completa. “Hay que optar por lo real, por lo genuino, pero cuando aparecen las limitaciones, la tecnología, lo no presencial, complementa“, dice De Almeida.

Pero es una incursión paulatina. Recientemente, el proyecto internacional Volarte invitó al MAPI a formar parte de su programa cultural. Se trata de una exhibición digital de arte latinoamericano en pantallas 360 grados en los principales aeropuertos de América Latina. Por otro lado, el próximo 1 de agosto el MAPI abrirá oficialmente su biblioteca después de haber creado un catálogo online con todos los libros y donaciones a las que nadie accedía antes. La idea es que al entrar al sitio la gente pueda consultar qué títulos hay y arrimarse al propio MAPI para pedir su préstamo.

Hace un tiempo, el museo desarrolló también un juego de plataforma para Ceibal que cuenta la historia (inspirada en la obra de teatro Tucano, de Marianella Morena) de un niño indígena andino, y el objetivo es convertirlo en chamán. Otro ejemplo de incursiones tecnológicas es una serie de radiografías y tomografías computadas a piezas arqueológicas para una investigación de arqueomusicología ecuatoriana.

De 4.000 objetos en total, el MAPI exhibe solo 300. Pero si ante la limitación con el espacio en relación con su acervo, que es la misma que tienen todos los museos del mundo, lo no presencial complementa, la respuesta a este problema también está en la tecnología. Ya desde antes de la experiencia digital del MAPI en Google­ Arts & Culture Project, De Almeida tenía en mente entrar en el metaverso.

Hay una colección uruguaya que se estuvo guardando especialmente para eso: se trata de los instrumentos y piedras grabadas de la prehistoria uruguaya que el político Arturo Lezama­ rescató ante la amenaza de que los sitios arqueológicos quedaran sumergidos por las aguas del embalse de la represa de Salto Grande. Ese material no se exhibió nunca en el MAPI; no encontraban el momento ni el espacio­. Entonces, lo crearon. Mejor dicho, Valentina Golubei lo creó.

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Valentina Golubei creó al MAPI en el metaverso.

Valentina Golubei creó al MAPI en el metaverso.

¿Qué significa “entrar al metaverso”?

Significa pasar a formar parte de la posrealidad. De Almeida obtuvo esta “loca idea” de ver jugar a sus hijas al Roblox, un videojuego que representa un universo virtual para crear lo que sea y compartirlo con amigos. Eso era el metaverso: un universo virtual interactivo que funciona como una realidad externa.

A partir (también) del 1 de agosto, el MAPI va a existir en el metaverso, convirtiéndose en uno de los mapas o escenarios disponibles para estar online. Es básicamente una extensión virtual del museo físico, que se puede recorrer con un avatar personalizado y las teclas WASD del teclado al igual que en un videojuego. Por el momento se abre solo una sala para exhibir la colección de Salto dentro de un edificio inspirado en el diseño antiguo del museo “real”. La fachada, el hall, la escalera central y la estética en general se mantienen, mientras que con el resto Valentina Golubei­ se tomó sus licencias creativas, respaldada en la versatilidad de la museografía.

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Ella, con sus 22 años, vino a desarrollar una idea que espera sea el punto de partida para todos los demás museos y galerías de arte. “Tienen que mirar para acá, porque hay un nicho interesante, porque la tecnología es amiga”, dice a Galería. De Almeida asegura que no hay nada que temer; el MAPI no va a desaparecer ni sus funcionarios se quedarán sin trabajo con esto, porque “siempre va a haber gente conservando e investigando, trabajando con las piezas reales”.

Casi que vida en otro planeta

Todo comenzó con un mail que Valentina envió a diferentes centros de arte y cultura, como estudiante de la Licenciatura en Diseño Multimedia, para ver con cuál de ellos podía colaborar en el marco de su proyecto final, orientado hacia la realidad aumentada y videomapping, que es a lo que se dedica.

Tenía que identificar una carencia, un problema, realizar su diagnóstico y las mejoras correspondientes. De Almeida aprovechó la oferta, renovaron la página web y crearon una aplicación. Pero él redobló la apuesta y apareció con la idea del metaverso. Esa fue la primera vez que el director recibió la respuesta de cabecera de Valentina a todas sus propuestas: “Lo voy a estudiar”.

Pero ella estaba más que preparada para eso. Para empezar, conocía lo que era Spatial.io, una plataforma donde crear o subir un metaverso propio e ingresar al de otros usuarios. Un mundo desconocido para tantos pero que Valentina dominaba a la perfección, al punto de cargar a los personajes con presets (ajustes automatizados) que permiten hacer saludos, gestos y hasta bailar, para poder interactuar con otros avatares y hasta invitarlos a tomar un café (la cafetería del MAPI también estará recreada).

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Cuando estaban trabajando en los guiones, Facundo propuso que cada texto tuviera su versión en inglés, entonces pensaba enviárselos a un traductor y devolvérselos a ella para que pudiera cargarlos. Pero Valentina lo resolvía todo más fácil: “Hay un plugin para eso”.

Se valió de inteligencia artificial para algunas cosas; por ejemplo, para que los modelos 3D respetaran la textura original de las piezas museísticas. Todas las representaciones son modelos fotorrealistas trabajados en Luma AI, una aplicación que opera con fotos y videos cargados.

Cada objeto, hasta el museo virtual en sí, tiene el potencial de convertirse en NFT (token no fungible, un activo digital encriptado que representa algo único), aunque aún no lo sean porque ese no es el objetivo. La finalidad, según Valentina, es que el MAPI explote su creación desde el área educativa, porque este touch lúdico hace a los museos más atractivos para los jóvenes.

Ella asegura que no había visto antes nada igual, porque los museos que hoy existen en el metaverso son versiones digitales del mismo tal cual existe en el mundo real y no una versión expandida. Es lúdico, sí, y aunque tiene cierta espectacularidad, la idea entera es valiosa por este sustento conceptual de “extensión” y no réplica, explica De Almeida; “representa una solución a un problema real, serio y complejo de escala mundial”, como qué hacer con todo el material no exhibido de los museos. Esto.

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