¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

Inteligencia artificial y educación: no existe más enfrentarse a una página en blanco

Desde que la inteligencia dejó de ser un atributo exclusivamente humano, la IA ahora aprende y enseña, sacudiendo los cimientos de la educación más tradicional

Redactora de Galería

La humanidad está atravesando un momento único. Antes, los grandes paradigmas tecnológicos aparecían una vez cada siglo. Ahora, una misma generación de abuelos, padres e hijos vivió el desarrollo más acelerado de la historia, primero con la irrupción de internet y luego, todavía sin haber entendido del todo el primero, con la de la inteligencia artificial (IA).

El mundo entero ya es tecnológico. El teletrabajo, la sociedad digital, los afectos virtuales y la inteligencia… artificial.

Si la inteligencia puede definirse como la capacidad de relacionar conocimientos al momento de resolver una situación determinada, seguro que desde antes de la invención de la calculadora esta cualidad dejó de ser solo humana. Aristóteles, pionero en el estudio de la lógica, estableció reglas sobre cómo los argumentos pueden ser válidos o inválidos, y hasta de eso hoy están aprendiendo las máquinas.

Cuando apareció la calculadora, desterrando al ábaco, muchos docentes la prohibían a sus alumnos. Todavía existen quienes se resisten a ella en pos de una destreza matemática que, en los hechos, no se remite al uso o no de este aparato. Finalmente, rendidos ante el invento de Wilhelm Schickard, hoy el desafío para la educación es qué hacer ante la irrupción de ChatGPT, el modelo de lenguaje desarrollado por OpenAI que produce texto y resuelve problemas.

Pero los usos que se hagan de estas tecnologías no son culpa de ellas; el dicho “hecha la ley, hecha la trampa” es muy anterior a internet. “No hay nada diferente con el Chat(GPT) a cuando los chicos se pasan la pauta resuelta por grupos de WhatsApp bajo la consigna ‘cambiale algo’”, opina Gonzalo Frasca, diseñador de videojuegos educativos. Si bien los estudiantes corren el riesgo de acostumbrarse a desarrollar ideas solamente a partir de lo que una IA “les escupa”, “no se trata de entrar en la lucha contra la copia o la trampa, sino de entender cómo estas herramientas cambian el proceso de aprendizaje y cómo lo pueden ayudar”, dijo a Galería.

¿Qué es la inteligencia en un mundo de inteligencias artificiales?

Según la profesora de Educación y Tecnologías Digitales de la Universidad Católica, consultora en Educación para Unicef, Camila Gottlieb, el propio término artificial contrapone la inteligencia humana a la de las máquinas. Entonces, Galería decidió hacerle una sencilla pregunta al programa:

“Chat (con confianza), ¿sos inteligente?”. Su respuesta, básicamente, fue que no: “Tengo la capacidad de procesar y generar información, responder preguntas y mantener conversaciones, pero mi ‘inteligencia’ es diferente de la humana. No tengo emociones, experiencias ni conciencia. Mi funcionamiento se basa en patrones aprendidos de datos. Así que, en resumen, soy útil para ciertos tipos de tareas, pero no soy inteligente en el sentido humano de la palabra”.

Para Frasca, el rol de la IA es como el que tenían los asistentes de los pintores del 1800 que no firmaban la obra. Es una ayuda, pero hay cosas que no es que no se deban, sino que no se pueden delegar a un “decisor automático” sin emociones, experiencia ni conciencia.

El ChatGPT cambia de opinión si se le discute mucho, la mayor parte de su base de datos está en inglés, para brindar una respuesta en español traduce y a veces se equivoca en esa traducción entonces “tira fruta”, pero aprende.

Una cosa es que la IA decida por uno el camino más ágil hacia el trabajo cuando el tránsito es infernal o qué serie es mejor para ver un martes de noche y otra muy distinta es que tome la decisión de a qué colegio mandar a los hijos, por ejemplo. Una cosa es que resuelva las cuentas y otra muy distinta es que pueda explicar o desarrollar cuál es el camino que llevó a calcular lo que sea que esté calculando.

La esperanza está puesta en que a las personas todavía les queda el criterio, el sentido común. Y la clave ante la invasión tecnológica en todos los aspectos de la vida es preguntarse para qué se destina el tiempo que ahorran las máquinas. En un salón de clases, por ejemplo, Gottlieb habla de delegar la gestión más burocrática, lo administrativo, el viejo y querido pasar la lista, mientras el docente puede aprovechar ese rato para corregir una tarea, resolver un problema previo al comienzo de la clase o dar un anuncio.

Por otro lado, a pesar de la oposición que el propio adjetivo de artificial plantea, Gottlieb ve cosas muy humanas en estas tecnologías: el ChatGPT cambia de opinión si se le discute mucho, la mayor parte de su base de datos está en inglés, entonces, para brindar una respuesta en español traduce y a veces se equivoca en esa traducción y “tira fruta”, pero aprende.

La tecnología también aprende.

En el marco del ciclo de debate de ideas sobre inteligencia artificial organizado por la Embajada de Francia, su segunda edición fue dedicada al vínculo de la IA con la educación, y una maestra escolar compartió las respuestas de sus alumnos cuando les preguntó sobre cómo percibían la aparición de esta inteligencia.

Ellos lo asociaban todo con máquinas, mejor dicho, con robots, pero unos que no eran un potencial peligro para nadie: entendían que van a tener que hacer lo que las personas les programen y, en el inocente cerebro de un niño, no cabía la idea de buscar la autodestrucción. Además, agregaron que no iban a poder tener empatía, sentir emociones, ser creativos y que les iba a costar mucho alcanzar una autonomía absoluta. Bastante en línea con lo que el propio Chat dice de sí mismo.

(...) no soy inteligente en el sentido humano de la palabra (...) no soy inteligente en el sentido humano de la palabra

Ahora bien, abrir una conversación con él es un aprendizaje mutuo; el programa amplifica su base de datos con cada pedido mientras el usuario obtiene su respuesta a la par que también mejora sus habilidades a la hora de formular comandos. Muchas veces, el Chat devuelve algo que no es demasiado exacto. Allí es cuando el usuario dice “no”, pone una coma y reformula.

Si la máquina aprende de cada pedido, de Aristóteles y de todo lo que circula en la nube, también puede aprender a dar una negativa si logra interpretar lo que es a partir de decepcionar a sus interlocutores. Frasca menciona las ideas de Pierre Boulle, el autor (francés) de El planeta de los simios, y recuerda que a partir del “no” del chimpancé protagonista los simios comienzan a mostrarse realmente inteligentes. “Las máquinas no son inteligentes todavía, aunque están desarrollándose y parecen más inteligentes que alguna gente que conozco”, opina.

Entonces, es una pelea por ver quién aprende primero, si ellas a decir que no o las personas a dominarlas.

Frasca menciona las ideas de Pierre Boulle, el autor (francés) de El planeta de los simios, y recuerda que a partir del “no” del chimpancé protagonista los simios comienzan a mostrarse realmente inteligentes. “Las máquinas no son inteligentes todavía, aunque están desarrollándose y parecen más inteligentes que alguna gente que conozco”, opina.

Algunos estudiantes uruguayos de cuarto, quinto y sexto año de escuela y más de 4.000 docente ya están compenetrados con el machine learning gracias a un programa de Pensamiento Computacional e Inteligencia Artificial de Ceibal para poder entender cómo funcionan técnicamente todas estas herramientas nuevas, a partir de ellas mismas. En este sentido, son un enorme insumo para el aprendizaje. Hay que saber qué estamos utilizando, regulando, prohibiendo, a qué estamos temiendo y conocer sus limitaciones.

Según Frasca, la inteligencia artificial ni siquiera entra dentro de la definición de tecnología en la medida en que se entiende por tecnología a la expansión de habilidades humanas. “Acá estamos hablando de otra categoría”, señala, “es algo más parecido a la esclavitud, a las civilizaciones antiguas que mandaban construir las pirámides y daban órdenes para el trabajo duro. Hoy tenemos en un solo click la potencia de miles de personas trabajando para uno”.

La datificación de todo.

Los algoritmos pueden ayudar en ciertas tareas, como personalizar el aprendizaje o proporcionar recursos adicionales, pero no pueden reemplazar la conexión personal que se establece entre maestros y estudiantes. No lo dijo ningún entrevistado ni lo escribió Galería, lo dijo el Chat.

El aprendizaje es afectivo, tiene pasión, y es social, entre pares. Eso lo sostienen Frasca, Gottlieb y el propio ChatGPT. Gottlieb dice que la de los docentes es “de las profesiones menos automatizables”. La IA puede tender puentes y crear atajos para los estudiantes, pero la diversidad de procesos de aprendizaje ante esas respuestas digitales solo la puede gestionar un docente. “El tema también está en que no todos los estudiantes tienen el apoyo en casa para arrimarse a un libro”, agrega Frasca.

Gottlieb se considera más prohumana que antimáquina, muy consciente de que, si bien la propia tecnología es la única con el poder de instruir en ella misma, al menos en lo que refiere a la educación, la IA no es ninguna silver bullet y no va a resolver por sí sola todos los problemas de los centros educativos, las aulas y el sistema educativo en general, entre los cuales se encuentran, además del bajo sueldo del docente y las condiciones de su trabajo, otros temas como el abandono estudiantil.

En el conversatorio plantearon una imagen bien interesante: si un viajero en el tiempo, dedicado a cualquier profesión, por ejemplo, médico, llega a este tiempo, se va a sorprender mucho de ejercer su profesión en 2024; nuevas herramientas, nuevos espacios, nuevas disciplinas… Y no sabría por dónde comenzar a hacer su trabajo. En cambio, si ese médico fuera un maestro, agarra la tiza y comienza a dar clases.

En Estados Unidos desarrollaron una aplicación (Mood Capture) que combina IA, un software de procesamiento facial y diagnósticos clínicos para identificar señales asociadas a la depresión en jóvenes. “Con un programa como ese, se podría generar un modelo que prediga qué perfil de estudiantes es más propenso a abandonar su educación”, aporta Gottlieb, “pero necesitamos más política educativa, más diálogo entre educadores y el mundo de la tecnología”.

Existe un prejuicio falso de que los docentes no quieren usar las computadoras. “El docente uruguayo es supertecnológico, pero hay que apoyarlo en cómo usarla”, señala.

Pero desde la educación se tienen que comprender algunos conceptos antes de confiar en la IA como herramienta. Por ejemplo, al estudiante no se le pide un producto sino un proceso, el de aprendizaje, que puede y va a ser acompañado por las nuevas tecnologías. Entonces, que una máquina pueda producir una respuesta automática no debería poner en alerta a todo el sistema educativo si este está preparado para trabajar con ella.

La clave está en ver la IA como una oportunidad, una aliada, una copilota, pero preparándose para ella, sin abandonar el diálogo entre el mundo de la educación, el de la creatividad y el pensamiento crítico. “Lo que nos diferencia en inteligencia es que nosotros podemos cuestionarla”, dice Gottlieb.

Que la IA aparezca para atormentar al sistema educativo no es más que otra señal para evidenciar que las cosas no están funcionando, para evidenciar “el desastre de modelo que venimos copiando década tras década”, plantean los expertos. Ya no corren más las evaluaciones con respuestas únicas y se acabó aquello de enfrentarse a una página en blanco antes de hacer un parcial o planificar una clase. Ahora estas tecnologías son las disparadoras de ideas —o IAdeas— y hay que reconfigurarse en torno a eso.

Ni tecnoentusiastas ni tecnoescépticos.

Parece lógico pensar que a nuevas generaciones nuevos métodos de aprendizaje, pero la realidad dista bastante de eso, que no es más que un ideal. Si Minecraft, un videojuego, les resulta atractivo y los atrapa, ¿por qué no enseñar a través de Minecraft?

Con las nuevas tecnologías se pueden desarrollar plataformas de aprendizaje con ejercicios y corrección automática. El problema es que este no es uno de los fines más buscados. Según los expertos, las empresas desarrolladoras de tecnología están muy alejadas de la educación. Son técnicos y especialistas exclusivos de la materia, varones jóvenes en su mayoría, impulsados por una “fantasía tecnocrática” de la cual también forma parte la idea de que algún día los docentes van a ser reemplazados por máquinas. “Es el sueño húmedo que tienen”, con un fin productivo y mercantil típico de la sociedad capitalista, señala Frasca.

Es algo más parecido a la esclavitud, a las civilizaciones antiguas que mandaban construir las pirámides y daban órdenes para el trabajo duro. Hoy tenemos en un solo click la potencia de miles de personas trabajando para uno Es algo más parecido a la esclavitud, a las civilizaciones antiguas que mandaban construir las pirámides y daban órdenes para el trabajo duro. Hoy tenemos en un solo click la potencia de miles de personas trabajando para uno

Es curioso pero, para comprender todo lo que se despliega a partir de estas nuevas tecnologías, el primer paso es aprender a leer y escribir de manera análoga y después en el idioma de las máquinas. Por lo que, para que la aplicación de IA en la educación sea controlada y tenga un sentido más allá de sacarse las tareas de encima como un trámite, es primordial alfabetizar a docentes y alumnos en estas habilidades.

“Antes la tecnología era determinista, ahora estamos en el terreno de las probabilidades, y eso resulta en una tecnología mucho más humana”, reflexiona el especialista.

El aprendizaje es un proceso, no un botón y un resultado, y cada estudiante es diferente. Las personas son mejores para escuchar y empatizar con eso, pero ahora las máquinas también escuchan. Y aprenden. Y enseñan.

“Es la primera vez que creamos una tecnología que no entendemos cómo funciona”, observa Frasca, entonces, ¿quién está capacitado para educar en ella y con ella?

// Leer el objeto desde localStorage