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Los Teros ante una histórica ventana internacional: los milagros en el rugby existen

La selección uruguaya de rugby se prepara para jugar ante potencias como Francia, Argentina y Escocia, integrantes del Tier 1. La idea es progresar, ¿y ganar?

La selección uruguaya de rugby, Los Teros, se juega una parada histórica este mes. Histórica como han sido sus participaciones en los mundiales. Quizá más. Se enfrentarán en tres test matches a tres combinados de elite, todos del llamado Tier 1.

Contra Francia, anfitrión del último mundial disputado el año pasado, jugarán el miércoles 10, en el Charrúa; ante Argentina, mayor potencia americana y cuarto en ese mismo torneo, será el 20, en el Campus de Maldonado; ante Escocia, un histórico de esta competición, se verán las caras el 27, otra vez en el Charrúa, que se ha vuelto la casa de Los Teros.

A diferencia del fútbol, donde se dice que son 11 contra 11 y todo puede pasar, en el rugby no corre que son 15 contra 15. Es un deporte mucho más lógico y los 10 mundiales disputados hasta ahora son un claro ejemplo. La gloria se la disputan las potencias, las del Tier 1 (las 10 selecciones que juegan los dos grandes torneos anuales: el Torneo de las Seis Naciones y el Rugby Championship). El resto, incluyendo los del Tier 2 (entre los que está Uruguay) son los países emergentes necesarios para completar la fiesta.

En otras palabras, de estos test matches se puede esperar la entrega habitual de Los Teros, con su innegociable disposición a no dar una ovalada por perdida. Esperar un triunfo ya sería un milagro. En un deporte donde las diferencias entre las potencias y las que no lo son es notoria, los milagros son muy poco frecuentes.

Pero pasan.

Como ventanas como esta son inusuales (Inglaterra, Escocia, Gales, Irlanda, Francia e Italia están muy ocupadas con el Seis Naciones; Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y Argentina ya tienen suficiente con el Championship), los test matches se dan casi siempre entre pares, lo que impide a los emergentes progresar midiéndose con rivales superiores. Este es el valor real de esta ventana. Entonces, los encuentros entre unos y otros se suelen dar en los mundiales, casi siempre con los resultados esperados (y por paliza). Pero, cada tanto, los duendes, tan comunes en el fútbol, se suelen dar una vuelta por el rugby y ocurren desenlaces completamente inesperados. Aquí Galería los recuerda, esperando (esperanzados) que Uruguay patee el tablero en el mundo de la ovalada. Ya lo ha hecho.

1991: Mi hijo, Cardiff

El segundo mundial de rugby, el de 1991, se jugó en el Reino Unido (con Inglaterra como sede principal), Irlanda y Francia. Quince de sus 16 participantes repetían del torneo anterior. Solo había un debutante: los oceánicos de Samoa.

Ningún aficionado de los que abarrotaron el Cardiff Arms Park en el primer partido del Grupo C, todos prontos para gozar con la paliza que el local Gales le daría a unos ignotos polinesios, había escuchado hablar de Samoa. Cuando terminó el partido, los conocían todos: los oceánicos —que por entonces se llamaban Western Samoa— vencieron 16-13.

El grupo terminó con la clasificación a cuartos de final de Samoa y la eliminación de Gales, algo que no estaba en los cálculos de nadie. Tanto marcó esta victoria que To'o Malo Vaega, autor de uno de los tries de los ganadores, le puso Cardiff como nombre a uno de sus hijos, según consigna la web de la World Rugby.

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2011: El corazón de Tonga

Tonga es otro país de la Polinesia. En toda Oceanía, el rugby es una pasión equiparable a la que por acá se siente por el fútbol. Pero no todos son potencias como Australia y Nueva Zelanda. De cualquier manera, siempre hay que tomar recaudos contra ellos. Francia no lo hizo y sufrió.

El Mundial 2011 se jugó en Nueva Zelanda. En su último partido por el Grupo A en Wellington, Francia se aprontaba para caminarle por encima a Tonga. No había mucho que dar por estos últimos, cuya única victoria había ocurrido ante Japón, antes de caer derrotado ante Canadá. Sin embargo, para sorpresa de todo el mundo, Tonga venció 19 a 14.

“Jugamos un rugby muy malo”, reconoció luego del partido el capitán francés, Thierry Dusautoir. “Tonga jugó con el corazón y hay que felicitarlos”, agregó. Francia, que clasificó a la siguiente ronda, por los bonus, llegó finalmente a la final, la que perdió. A los insulares, que nunca pudieron pasar una ronda inicial, nadie les quita lo bailado.

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2015: Batacazo del sol naciente

No existe algo así como un “Maracanazo” del rugby. Si es difícil que un equipo menor le gane a una potencia, directamente es utópico que les gane a varias, llegue a la final y encima la venza. Pero si hubo un resultado de partido que dejó al mundo paralizado, fue el del match inaugural del Grupo B del Mundial 2015, en Brighton, Inglaterra.

Japón, tradicionalmente, es el mejor equipo de Asia. Pero en la elite del rugby eso significa aún menos de lo que es en el fútbol. Hasta ese momento, si bien siempre había participado en los siete mundiales anteriores, su cosecha era de una victoria (ante Zimbabwe) y 23 derrotas. Por el contrario, Sudáfrica era una potencia que ya para entonces había ganado dos de los cuatro títulos mundiales que ostenta.

Los nipones juntaron la fuerza de sus jugadores, sus samuráis, sus kamikazes, sus shogunes y todo lo que tenían de ellos para ganar sobre el final en un partido cerradísimo por 34 a 32. Los sudafricanos, como es habitual en el rugby, felicitaron al rival, asumieron la derrota, reagruparon fuerzas, se rehicieron y llegaron a las semifinales, luego de ganar todos los otros partidos del grupo. Japón volvió a la normalidad al choque siguiente, cayendo ante Escocia, y no pudo pasar la fase.

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2019: La garra charrúa, versión XV

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Fiji, en Oceanía, no es parte del Tier 1. Pero es de esas selecciones fuertes, varias veces campeona de la Copa del Pacífico, casi siempre presente en los mundiales (estuvo en nueve de 10), habitual en instancias definitorias (las posteriores a los grupos), que supo estar en el lugar siete del ranking de la World Rugby (hoy está en el 11, suele ubicarse en el Top Ten). Como los All Blacks, tiene su propio haka, que ellos llaman cibi.

Es un rival difícil para cualquiera, incluso para las potencias. De hecho, en el último mundial, en Francia 2023, eliminó a Australia y quedó entre los cuatro mejores. Y, si es un escollo difícil para las potencias, para un equipo en desarrollo como Uruguay, ganarle es como hacer cumbre en el Everest.

Y en el Mundial 2019, disputado en Japón, Uruguay —cuyo plantel estaba lejos de ser totalmente profesional— hizo cumbre. La victoria más importante en la historia de Los Teros ocurrió el 25 de setiembre de ese año en Kumagaya. Fue un 30-27 con tries de Santiago Arata, Manuel Diana y Juan Manuel Cat, más tres penales de Felipe Berchesi. “Uruguay necesita partidos de estos, partidos como Fiji, (...) para poder seguir creciendo y trasladar el trabajo de cuatro años con rivales de esta envergadura”, dijo el entonces entrenador de Los Teros, Esteban Meneses.

Ahora, con esta ventana internacional, tiene esa inmejorable oportunidad.