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¿Quién toma la decisión de ser madre?

A veces es la vida la que decide cuándo es el momento en el que una será madre, tomándola por sorpresa. En otros casos, la mujer decide que quiere ser madre, pero la biología dice que no.

Editora Jefa de Galería

La decisión de ser madre no siempre depende de la voluntad propia. Y en un mundo en el que todo el tiempo estamos decidiendo —la mayoría de las veces, de forma racional y concienzuda—, en el que vivimos bastante desconectados de los ritmos (y las decisiones) de la naturaleza, no poder controlar ciertos procesos muchas veces nos descoloca. A veces es la vida la que decide cuándo es el momento en el que una será madre, tomándola por sorpresa. En otros casos, la mujer decide que quiere ser madre, pero la biología dice que no.

Recuerdo en la adolescencia cuando entre amigas conversábamos sobre el deseo de ser madres y surgía de repente el miedo o la incertidumbre de que fuéramos estériles. Faltaba mucho para saberlo, y debíamos olvidarnos de ese temor hasta que llegara el momento de la verdad. Algunas lo supimos sin previo aviso ni planificación, otras debieron transitar caminos un poco más largos para concretar aquel deseo. Algunas fuimos madres por primera vez antes de los 30, otras casi a los 40, y hubo una segunda vez de una de ellas que fue a los 43 y sin que estuviera dentro de los planes familiares.

Sin embargo, Sofía Rodríguez, la comunicadora y presentadora de televisión, decidió que quería ser madre allá por los 29, 30 años, y recién lo logró 13 años después, luego de atravesar todo tipo de estudios y tratamientos médicos que echaban por tierra su deseo, hasta que la última gota de esperanza que le quedaba alcanzó para que hoy tenga entre sus brazos a su pequeño Borja.

Por su lado, María Noel Riccetto, en su libro Salvador, recién publicado, cuenta que la primera vez que pensó seriamente en dejar de cuidarse para tener un hijo fue a los 37, pero ganó el premio internacional Benois de la Danse, estaba en un momento muy bueno de su carrera y quería seguir bailando. Pensó en congelar óvulos, pero el ginecólogo que la trataba en ese momento le dijo que volviera cuando quisiera de verdad ser madre. Tenía casi 40 cuando volvió. La derivaron con una especialista en fertilidad, cuyo cometido no es otro que lograr el embarazo. Al principio, la presión fue mucha y se alejó de los médicos por un par de años, convencida de que iba a quedar embarazada sin tener que pasar por todo eso.

Viendo que pasaba el tiempo, una amiga que había tenido dificultades para tener hijos se la jugó y, temiendo que María se enojara, le aconsejó que si quería ser madre debía ocuparse del tema. Cuando volvió al consultorio, su reserva de óvulos era casi nula. Jamás se imaginó ese escenario. A partir de allí, el camino se hizo muy largo y difícil, recurrió a la ovodonación, un maravilloso programa de la ciencia y el altruismo humano, que fue lo que le dio la posibilidad de que hoy sea la madre de Salvador.

Lo fundamental es saber para después sí ser libres de decidir. Porque sin información creemos que estamos en un escenario e ignoramos que estamos en otro. Lo fundamental es saber para después sí ser libres de decidir. Porque sin información creemos que estamos en un escenario e ignoramos que estamos en otro.

Cada paso de ese camino está relatado en ese libro que escribe para contarle su historia a su hijo, y también a las miles de mujeres que están pasando por algo similar, o a las que aún no, para que sepan que les puede suceder. “Hay que informar”, asegura con firmeza la especialista en fertilidad Virginia Chaquiriand, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Reproducción Humana, en una entrevista que publicamos esta semana. “Cuando la gente tiene la información, después elige y sopesa de acuerdo a sus criterios. Hay pacientes que a los 39 años se encuentran con que tienen una reserva ovárica muy bajita, nada discordante con su edad, pero nunca se lo esperaron, porque nunca recibieron la información, nunca se imaginaron que con la edad bajaba la capacidad de tener hijos, la reserva ovárica, y que si querían buscar estrategias les iban a rendir menos a los 39 que a los 35 o a los 30”.

Los cambios en la sociedad en la segunda mitad del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI han revolucionado el rol de la mujer y la han colocado en un bien merecido lugar de mayor poder y decisión (aunque aún falta mucho por hacer). Esto impulsa a las mujeres a estudiar, a dedicarse a su trabajo, a su profesión, a ascender en la escalera laboral. También, a disfrutar de viajar con amigas, en pareja o solas, a irse a estudiar al exterior, a vivir un tiempo en otro país, a hacer planes y disfrutar de su libertad e independencia.

Pero la biología no ha cambiado, ni se ha actualizado. Sigue marcando los mismos ciclos. Y ser madre depende exclusivamente de las posibilidades que nos da nuestro cuerpo. Así como decidimos cuando no queremos quedar embarazadas y nos cuidamos, creemos que también vamos a poder decidir cuando sí lo queremos.

Es difícil verse en la situación de desear lograr ciertos propósitos en la vida cuando sabemos que al mismo tiempo le estamos restando oportunidades al cuerpo. Quizás haya que rever prioridades. Sin duda hay que cambiar estructuras para que la maternidad sea cada vez más compatible y amigable con los otros proyectos de la vida. Tal vez no haya que esperar al momento perfecto, pues, lo sabemos, la perfección nunca llega porque directamente no existe. Lo fundamental es saber para después sí ser libres de decidir. Porque sin información creemos que estamos en un escenario e ignoramos que estamos en otro, creemos que estamos tomando nuestras decisiones y luego nos encontramos con que la vida y la biología decidieron por nosotras.

En vísperas de un nuevo Día de la Madre, me sumo al mensaje cargado de amor y cariño que Sofía Rodríguez envía, a través de estas páginas, a todas las mujeres que están peleando por alcanzar el sueño de ser mamás.