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Salud mental en voz alta

Estamos ante un colapso generalizado de la salud mental. Ya sabemos cómo se combate una pandemia de un virus. Ahora tenemos que saber cómo se combate una pandemia de enfermedad mental

Editora Jefa de Galería

Hasta hace muy poco tiempo, comparado con la extensa historia de la medicina, la salud mental estaba por fuera de cualquier consideración médica. Solo se hacía foco en ella cuando se trataba de alguna patología grave, lo que se llamaba de forma burda “algún grado de locura”. Pero ante una persona que aparentaba sana no se mencionaba ningún comentario referido al estado mental o anímico. La mente estaba completamente separada del cuerpo, como si fueran dos organismos autónomos e independientes, sin ningún tipo de conexión.

Durante décadas, la psiquiatría fue la oveja negra de la medicina. No se le destinaban recursos ni se valoraba su especialidad. Sucedía esto dentro de los ámbitos médicos y también fuera de ellos. Para los pacientes ir al psiquiatra era una vergüenza, y reconocer que se tomaban medicamentos con receta verde, un dato que era mejor ocultar.

A fines del siglo XX, los médicos empezaron a considerar el estrés como un factor que podía alterar ciertos órdenes del organismo, y comenzó a ser el gran causante de un sinnúmero de patologías. Bajo el amplio paraguas del estrés se encontraban todas las variantes de los estados emocionales: cansancio, angustia, depresión, miedo, frustración, tristeza, ira, apatía, euforia.

Por otro lado, incluso hoy, cuando el médico dice que la causa de nuestro problema es el estrés, en lo primero que se piensa es en el trabajo: las obligaciones laborales son muchas, la remuneración no es suficiente, el jefe o la jefa presiona, las ocho horas se vuelven agotadoras, y la conversación en el consultorio queda por ahí. Nadie pensó (ni indagó) que tal vez el estrés tenga que ver con una situación que se vive en el hogar, con algún tipo de violencia, con problemas familiares, con procesos personales que no están siendo bien llevados, con viejos traumas, con presiones del entorno social, con cualquiera de todos los aspectos que hacen a la vida de un ser humano, no solo su parte productiva.

Y esta realidad ignorada por los médicos y apalancada en una sociedad que solo mira lo que se ve, enceguecida por el desarrollo económico, se volvió una bomba de tiempo que está comenzando a explotar.

Correr ese manto de vergüenza que da reconocer que uno tiene alguna de estas enfermedades, quitar el tabú sobre la medicación psiquiátrica y empezar un camino de recuperación en el que nos vamos a encontrar con mucha gente

Pues resulta que en la salud mental es donde empieza todo. Hay estudios que hablan de que los orígenes de las enfermedades físicas están en las emociones, que cada una de las patologías se relacionan con estados emocionales. Por ejemplo, aunque no existe evidencia científica concluyente que demuestre que los estados emocionales causen cáncer de forma directa, la ciencia sí investiga una relación indirecta muy importante a través de disciplinas como la psiconeuroinmunología. Estudios explican que el vínculo no es una causa directa (enojarse no crea un tumor), sino que opera impactando en el sistema inmunitario o generando conductas de riesgo asociadas (fumar, consumir alcohol, mala alimentación o sedentarismo).

Lo cierto es que estamos ante una epidemia de enfermedades mentales, un colapso generalizado de la salud mental. Las causas son múltiples, se escriben libros enteros sobre las características de la sociedad de hoy que provocan esta crisis global. Pero, más allá de identificar sus orígenes, lo importante es plantearse qué hacer, cómo lo enfrentamos. Ya sabemos cómo se combate una pandemia de un virus. Ahora tenemos que saber cómo se combate una pandemia de enfermedad mental.

Lo primero que tenemos que entender es que un problema de la mente no es una enfermedad irreversible que hay que ocultar. Que las adicciones, el alcoholismo, la depresión, la ansiedad son alteraciones que necesitan ser tratadas. Lo segundo es hablar de estos temas, conversar, decir, expresar. Para correr ese manto de vergüenza que da reconocer que uno tiene alguna de estas enfermedades, quitar el tabú sobre la medicación psiquiátrica y empezar un camino de recuperación en el que nos vamos a encontrar con mucha gente.

Así lo entendió Santiago Stirling, un joven que pasó por todas las adicciones, encontró la manera de superarlas (con mucho entrenamiento físico y preparación en coaching, programación neurolingüística y psicología positiva) y hoy atraviesa todo el país con su proyecto Corriendo por la Salud Mental, en el que literalmente corre decenas de kilómetros por día para llevar a viva voz su mensaje a todos los departamentos del país. La repercusión que su misión está teniendo en cada rincón de Uruguay demuestra la necesidad que hay en la gente de enfrentar en comunidad lo que estamos viviendo.

En la entrevista que Santiago mantuvo con la periodista Federica Chiarino, cuenta su viaje, las dificultades y las victorias, las trampas y las estrategias para encontrar el camino, y sobre todo lo expone sin pudores frente a otros para que la salud mental tome la relevancia que debe tener. Con la acción empieza el cambio.