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“La maternidad no es un instinto, es un aprendizaje”, según el pediatra español José María Paricio Talayero

El pediatra reflexiona sobre crianza, apego, sueño infantil, lactancia y los desafíos del sistema de salud en los primeros años de vida

En la crianza de niños, muchas de las teorías más difundidas no son necesariamente las más saludables. Dejar que el bebé duerma solo desde los primeros meses, no “malacostumbrarlo”, imponer rutinas rígidas o suponer que amamantar es un acto que responde a un instinto son ideas que circulan con fuerza. Pero, según el pediatra español José María Paricio Talayero, no resisten un análisis serio desde la evidencia científica ni desde la experiencia clínica.

Doctor en Medicina y referente internacional en lactancia materna y cuidados del recién nacido, Paricio ha dedicado gran parte de su carrera a revisar esos mandatos. Es creador de e-lactancia.org, un sitio web donde se puede consultar la compatibilidad de la lactancia materna con medicamentos, tratamientos, enfermedades, terapias, consumo de productos o sustancias y un sinfín de situaciones que se reúnen en 41.214 términos, para los que la web invita a hacer la búsqueda; un servicio imprescindible para madres de lactantes y para profesionales de la salud. Paricio también es fundador y presidente de Apilam, la Asociación para la Promoción e Investigación científico-cultural de la Lactancia Materna. Además, es autor del libro Tú eres la mejor madre del mundo. La crianza en los tres primeros años, que propone una mirada enfocada en el vínculo, el acompañamiento y la confianza.

“Si no sabes escuchar a las madres, no te enteras de lo que les pasa a los hijos”, dijo Paricio en un encuentro que brindó para los socios de MP (Medicina Personalizada), dirigido a familias con bebés y niños pequeños. Allí aseguró que las madres son figuras ausentes en la enseñanza de la medicina, no se las nombra y no se las valora. Defendió también la importancia de iniciar la lactancia en la primera hora de vida y la necesidad de entender el amamantamiento como una técnica y un saber transmitido, más que como un reflejo automático.

Otro de los ejes centrales de su exposición fue el sueño infantil, un terreno fértil para la culpa y la ansiedad adulta. El pediatra recordó que solo una minoría de los bebés duerme varias horas seguidas durante la noche y cuestionó con dureza los entrenamientos de sueño, prácticas que —señaló— carecen de respaldo científico y pueden resultar perjudiciales.

Sin idealizaciones ni recetas mágicas, el pediatra también habló de límites: pocos, claros y funcionales; de la constancia y la coherencia como base del apego seguro, y de una crianza compartida, con múltiples figuras de referencia. En un contexto en el que conciliar trabajo y familia se vuelve cada vez más difícil, dejó una advertencia tan simple como contundente: “Si te descuidas, te pierdes la crianza de tus hijos”.

Luego de la charla, conversó con Galería para profundizar sobre algunos de estos conceptos y contar cómo surgió la idea de e-lactancia.org.

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 Médico pediatra José María Paricio Talayero

Médico pediatra José María Paricio Talayero

Empezó su exposición diciendo que aprendió mucho de las madres, ¿qué aprendió de ellas?

Escuchándolas aprendí cosas que no me habían explicado para nada en la facultad sobre el cuidado de los bebés. Porque la madre no aparece en los relatos de la educación médica, es una figura ausente, y luego descubres que no es el niño el que va al médico, sino que es la madre la que lo lleva. Y aprendes de la madre por lo que te va contando ella del niño. Yo, muchas veces, les preguntaba: “¿y usted qué cree que es?”. Y aprendía de lo que me decían.

La madre no aparece en los relatos de la educación médica, es una figura ausente, y luego descubres que no es el niño el que va al médico, sino que es la madre la que lo lleva. Y aprendes de la madre por lo que te va contando ella del niño. Yo, muchas veces, les preguntaba: “¿y usted qué cree que es?”. Y aprendía de lo que me decían. La madre no aparece en los relatos de la educación médica, es una figura ausente, y luego descubres que no es el niño el que va al médico, sino que es la madre la que lo lleva. Y aprendes de la madre por lo que te va contando ella del niño. Yo, muchas veces, les preguntaba: “¿y usted qué cree que es?”. Y aprendía de lo que me decían.

¿Cree que la cantidad de información a la que están expuestas las madres a través de las redes sociales está destruyendo el instinto maternal o el mirar y conocer al niño para saber qué le pasa?

Es difícil, pero vale la pena intentar seleccionar de dónde te informas. En principio, no hay instinto materno como tal, porque, si lo hubiera, las madres se comportarían todas de la misma manera. Y se ha visto que la maternidad está influida por muchas cosas. No es lo mismo acabar en cesárea que en parto vaginal, no es lo mismo tener una pareja amorosa que esté de acuerdo contigo, que una pareja que pase un poco. También cambia mucho el tipo de maternidad según el país donde estás. Al final, la maternidad no es un instinto, sino que es un aprendizaje. Poquito a poquito, tú vas a ir viendo con tu bebé qué es mejor para él y qué es mejor para ti. Vale la pena intentar buscar gente sensata, que no abuse de otra gente. Hay muchos blogs, muchos influencers, que dicen cosas que no son. Pero claro, es difícil. ¿Quién dice la verdad y quién dice la mentira? He visto libros de psicólogas que recomiendan que no hay que dejar llorar a los niños. Después sale otra psicóloga que descubre que es bueno que los niños lloren un poquito. Entonces, te van mareando la cabeza. Es guiarse un poco por el sentido común también.

¿Qué lo llevó a usted como pediatra a especializarse e investigar tanto sobre lactancia materna?

Varias cosas. Una fue ver a mi mujer amamantar. No tenía ni idea de lactancia, ya era médico y a mí no me lo habían explicado. Y yo veía que era muy bonito. Luego vi que mi hija no comía nada (sólido), ¡y cómo engordaba! Se estaba alimentando con la leche de mi mujer. Eso me llamó la atención. Luego me llamó la atención, en el hospital donde trabajaba, que prácticamente no había niños ingresados que tomaran pecho. Casi todos los niños enfermos tomaban biberón. Además, los pocos que ingresaban de pecho se ponían buenos antes. Una enfermedad muy frecuente en niños pequeños es la bronquiolitis, que es una infección de los bronquios. Con esa enfermedad se fatigan mucho y no les puedes dar de comer porque se atragantan. Y nosotros les habíamos dicho a las madres que no pasaba nada que no comieran tanto. Pero era un hospital en el que dejábamos entrar a las madres, y muchas lo hacían. Un día estábamos en una guardia y de repente yo vi a una señora que estaba dándole de mamar a su hijo. Y, antes de decir nada, me acerqué y vi que el niño no se estaba asfixiando ni le sucedía nada. En cambio, si a ese niño le dabas un biberón sí que se atragantaba y se podía asfixiar. Empecé a ver que la lactancia, de la que no me habían explicado prácticamente nada, era buena. Muy buena.

En Uruguay, a veces hay una demonización de las leches de fórmula. Sin embargo, es una herramienta que afortunadamente existe, porque no todas las madres quieren (o pueden) dar el pecho. Muchas veces da culpa dar fórmula a los bebés. ¿Qué análisis hace de esto?

Cuando una mujer acaba no pudiendo dar pecho, la última culpable es ella. Es todo un sistema desastroso de mala información, de profesionales mal formados (aunque a veces bien intencionados), que avocan a la mujer a la lactancia artificial. Tenemos una serie de profesionales que no se forman, no quieren saber nada, tienen conceptos erróneos como que si no aumenta de peso sí o sí hay que darle biberón. Ahí es donde empieza el caos, porque ese pecho no estimulado poco a poco le va dando la razón a ese médico que dice “¿ves? No tienes leche”. Cada vez va a tener menos. Yo siempre daba una oportunidad. Si una semana el bebé había aumentado un poquito menos de peso, esperábamos a la siguiente y le recomendaba que lo prendiera un poquito más al pecho, que se metiera en la cama con él, piel con piel, y le diera de mamar muchas veces a ver qué pasaba. Y a la semana siguiente había aumentado el doble, por ejemplo. Si, en cambio, mi idea hubiese sido “tome este bote de leche, dele tres tomas al día y verá cómo engorda...”. Claro que iba a engordar, pero con cada vez menos pecho. Las madres no son las culpables, son los profesionales mal informados.

Pero para mujeres que realmente no pueden dar el pecho, las fórmulas lácteas salvan vidas.

Claro, sí, sí.

¿Cómo surgió la idea de crear el sitio web e-lactancia en el año 2000?

Era una herramienta del servicio en el que yo trabajaba. Había surgido una iniciativa a nivel de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, que se llama Iniciativa Hospital Amigo de los Niños (IHAN). Es una preparación para que la Unicef te dé un galardón y te reconozca como un hospital que ayuda a las mamás que quieren amamantar, que hace todo lo posible para que las madres que quieran hacerlo lo logren. Es una serie de cambios que haces en tu hospital y en tu formación, empiezas a aprender y a incorporar cosas y, al cabo de tres o cuatro años, vienen a examinarte a ver si está todo bien. Si apruebas, ese hospital se convierte en hospital IHAN. Ese galardón lo ganamos en 1999, fuimos el tercer hospital en España en obtenerlo. Nos lo dieron y todo el mundo empezó a pensar que nosotros sabíamos todo sobre lactancia, y empezaron a preguntarnos de todo. Eran muchos profesionales, compañeros nuestros que nos llamaban preguntando por alguna mamá a la que le tenían que dar amoxicilina por una infección y estaba dando pecho. Y me preguntaban qué sucedía y yo no lo sabía al principio. O que le tenían que dar ibuprofeno o cualquier otra cosa. Era una época sin internet o con un internet muy a pedal. En las guardias lo buscábamos tranquilos, poquito a poquito, y al final hicimos un fichero, primero en un programa de la época que se llamaba Access, que era como el Excel de ahora. Ahí poníamos amoxicilina y, según un artículo que habíamos leído, marcábamos que sí. ibuprofeno: sí. Tal cosa: no lo sé. Y todo así, era un fichero muy sencillito, para no tener que buscarlo cada vez, porque se olvidaban las cosas. Pasaba en el hospital que, como un pediatra puede estar en muchos sitios —su despacho, consultas externas, el paritorio, el quirófano, una urgencia—, yo ese fichero de Access lo tenía en mi despacho, en mi computadora, y todos los lunes agarraba un disquito y me iba ordenador por ordenador donde podía haber un pediatra y lo copiaba allí. Al final, me cansé un poco de hacer tanta copia y hablé con un informático del hospital. Él, Alberto Martínez, me puso ese fichero en internet. Lo que me puso fue un fichero zaparrastroso, que ponía “sí”, “no”, “no lo sé” y “ya lo miraremos”. Pero eran todas cosas internas, entre nosotros. Un día llamaron por teléfono y nos preguntaron por un medicamento. Les preguntamos de dónde llamaban y nos dijeron que de Santander. Eso está como a 800 kilómetros de donde estábamos nosotros. Hablé con el informático y le dije: “oye, nos han llamado de Santander. Eso que has puesto, ¿dónde se está viendo?”. Y él me contestó: “te lo dije, está en internet, lo puede ver cualquier persona del mundo”. Y dije: “¡por favor, qué vergüenza!”. Eso estaba escrito como para ti y para mí, podía tener hasta alguna falta de ortografía sin querer por el apuro. Yo me agarré la cabeza, después agarré a los compañeros y les dije: “vamos a hacerlo bien”. Así que empezamos a hacer un fichero con las citas bibliográficas que informaban, por ejemplo, cuánto se podía dar de amoxicilina, cuánto de ibuprofeno. Y poquito a poquito lo fuimos construyendo bien. Hoy es una página que recibe 100.000 visitas diarias y que nos implica mucho esfuerzo.

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Entre esas 100.000 consultas diarias, ¿cuáles son las más frecuentes?

Lo que más nos consultan es por el ibuprofeno, está por encima de todo. Después la amoxicilina. Le sigue el paracetamol. Tenemos un correo abierto desde el principio, y eso fue una ventaja, porque nosotros, al principio, solo poníamos medicamentos, pero descubrimos que las madres tienen muchas inquietudes. A veces consultaban porque estaban con una gripe, si podían dar pecho. Entonces, acabamos poniendo una sección enorme de enfermedades de la madre. Pueden buscar ahí, si están enfermas, si pueden seguir amamantando. Pero nos preguntaban si se podían hacer un tatuaje y seguir dando pecho, hacerse cosas en el pelo, hasta bucear. Gracias a ese correo hemos puesto enfermedades de la madre, del niño, hierbas, infusiones. Cuando empezó el Covid, empezamos, al principio, tímidamente a ver qué tipo de virus era, que era respiratorio. Y poco a poco fuimos reuniendo información. Nos basábamos mucho en lo que publicaban los del Center for Disease Control and Prevention de Estados Unidos, que son muy buenos. Descubrimos allí que el Covid no afectaba la lactancia materna y, de repente, en pandemia el ibuprofeno pasó a segundo plano. Luego fue muy buscada también la vacuna contra el Covid. También se pregunta mucho por el alcohol. Las mamás quieren tomarse una cervecita.

Ahí hay todo tipo de teorías e informaciones: que, si hay que extraerse y tirar la leche, esperar determinada cantidad de horas...

Ahí explicamos todo, con los tiempos... Que, si te tomas una cerveza, espérate dos horitas y ya das pecho, no pasa nada.

¿Qué cree que deberían hacer sistemas de salud como el uruguayo, por ejemplo, para mejorar el acceso real y oportuno a la lactancia?

No soy experto en sistemas de salud, pero sí me llaman la atención las tasas de cesáreas tan altas. Las cesáreas siempre son un problema también para la lactancia, porque en torno a las cesáreas también hay mucho mito: que luego hay que esperar, que hubo una anestesia... Que muchas veces se llevan al niño a otra parte. Ya empezar separando al niño de su madre impacta, por eso yo he insistido tanto en que los de cesárea también tienen que ponerse en el pecho de la madre en seguida, porque si no las cesáreas también frenan mucho la lactancia.

También se dice que la cesárea demora la bajada de la leche.

La demora si hay mucho dolor, o un dolor no tratado. Y también la puede demorar el hecho de que el niño no esté con la madre. Si no, no habría razón para que la leche no bajara antes. También se demora porque muchas cesáreas se hacen antes de tiempo: sacan al bebé antes de que esté maduro de verdad. Primero habría que bajar esa tasa de cesáreas. Y hay que ver cómo lo logran, porque se ha convertido casi en un deporte nacional. Incluso hay madres que lo eligen.

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¿Las altas tasas de cesáreas tienen más que ver con decisiones de las madres o con decisiones médicas?

Ambas. El saber obstétrico, el saber hacer un parto, se está perdiendo. En muchos lados, no solo en Uruguay, también en España. Los obstetras de ahora no tienen la formación que tenían los de antes. Va a tener que haber una reformulación de la enseñanza en la obstetricia. No es normal que al final los obstetras sean solo ginecólogos que saben hacer una cesárea. Son cirujanos. Y la obstetricia es otra cosa, es saber esperar. Lo que pasa es que saber esperar es mucho más aburrido. Ese es uno de los motivos, la falta de conocimiento real sobre cómo hacer un parto. En España mismo, que es un país grande, hay regiones muy diferentes de otras en cuanto a porcentaje de cesáreas. En la zona de Valencia, donde vivo yo, tenemos una tasa de 30% de cesáreas. En el País Vasco, al norte de España, hay solo 12% de cesáreas, es más bajo que lo recomendado por la OMS. ¿Y es que las caderas de las valencianas son diferentes que las de las vascas? No, no es así. Y en Valencia mismo, ese 30% se convierte en 22% en el sector público y 45% en el privado. ¿Las caderas de la gente rica son diferentes que las de la gente pobre? No es así.

Quizás ahí también haya un tema de costos... Sí hay una diferencia en que algunas la pueden pagar y otras no.

Sí, sí. Los ginecólogos también ganan más por cesárea que por parto, no pierden al paciente. Porque dicen “me tengo que ir a esquiar, venga, acabemos esto, lo hacemos hoy y ya”. Es un sistema muy feo. Por otra parte, también los ginecólogos son gente que vive muy apurada, muy perseguida. Son de los que tienen los seguros médicos más altos. ¿Por qué? Porque es raro que a un ginecólogo lo lleven a juicio por una cesárea. Pero es frecuente que lo lleven por un parto que acabó mal, no importa cómo. “No hizo la cesárea cuando debía”, se asume. Entonces, hay ginecólogos que están muy asustados, entonces no se la juegan. Debería haber un conversatorio social para decirles, hasta a los jueces: “vengan aquí y vamos a explicarles cómo es esto de nacer”. Porque condenan con mucha facilidad a personas que a lo mejor no han hecho mal.

Los ginecólogos son gente que vive muy apurada, muy perseguida. Son de los que tienen los seguros médicos más altos. ¿Por qué? Porque es raro que a un ginecólogo lo lleven a juicio por una cesárea. Pero es frecuente que lo lleven por un parto que acabó mal, no importa cómo.

Los ginecólogos son gente que vive muy apurada, muy perseguida. Son de los que tienen los seguros médicos más altos. ¿Por qué? Porque es raro que a un ginecólogo lo lleven a juicio por una cesárea. Pero es frecuente que lo lleven por un parto que acabó mal, no importa cómo.

¿Cree que los primeros tres años de vida son los más difíciles de la crianza?

No sé. Los niños son muy sorprendentes, pero sí que es verdad que en esa etapa aprenden tantas cosas de tan pequeñitos que es, al menos, muy interesante. Luego ya practican y mejoran cosas. Aprender a andar, a agarrar algo, todo eso es superior. Y aprender a andar bien, porque a los cinco años aprenden a mejorar el andar, a correr y tal. Pero los primeros tres años son fundamentales para entender la vida, entender cómo te tratan tus padres, cómo tienes que reaccionar para que te traten de una manera o de otra.

Además, en esta etapa están comprendidos “los terribles dos años”, como se les suele llamar. Los niños empiezan a tener berrinches, se ponen desafiantes, dicen que “no” a todo. ¿Cómo se puede poner límites y a la vez respetar su autonomía?

Hay que evitar que se pongan en peligro, eso está claro. Los límites hay que ponerlos porque si no se pueden acabar tirando por una ventana. Y sobre esos berrinches, que a veces les agarran en el supermercado y te hacen pasar vergüenza, hay que saber que les pasan a muchísimos niños, que no por eso son raros ni tienen ninguna enfermedad mental. Y bueno, intentar evitar que se hagan daño, intentar agarrarlos. Acompañarlos siempre, tampoco decir “pues ahí te quedas”, porque se van a asustar.

Si pudiera dar un único consejo a una pareja de padres que está esperando su primer hijo, ¿cuál sería?

Al padre le pediría que la cuide mucho a ella. Solo eso. Y que la quiera.

¿Y a la madre?

Le diría que esté segura de que va a ir todo bien. Y que va a ser una buena madre.

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