Cuando los datos corren más rápido que los coches
En los boxes de cualquier equipo actual, la escena podría confundirse fácilmente con el centro de operaciones de una misión espacial. Decenas de ingenieros siguen con atención pantallas repletas de gráficos, números y simulaciones en directo, interpretando un flujo constante de datos generados por cientos de sensores distribuidos estratégicamente por todo el monoplaza. Temperatura de los neumáticos, presión hidráulica, aerodinámica, comportamiento del motor, niveles de combustible... cada aspecto del rendimiento es monitoreado, analizado y optimizado al instante.
En este entorno altamente tecnológico, la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un aliado clave, permitiendo a los equipos de F1 tomar decisiones estratégicas en tiempo real mediante el análisis instantáneo de grandes volúmenes de datos. Como detalla Globant, la IA rastrea el rendimiento de cada coche y, a través de algoritmos de machine learning, evalúa millones de escenarios en segundos, ajustando sus predicciones según variables como el clima, el estado de la pista y el estilo de conducción de cada piloto.
Entre las innovaciones más destacadas se encuentran los “gemelos digitales”, réplicas virtuales de los autos que simulan el comportamiento de cada componente. Estas herramientas también utilizan IA para optimizar aspectos como la aerodinámica, los frenos y el desgaste de neumáticos, anticipar movimientos de los rivales y mejorar la coordinación entre pilotos e ingenieros.
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El coche del piloto británico de Ferrari Lewis Hamilton en el pit lane durante la segunda sesión de prácticas del Gran Premio de Japón, el 4 de abril de 2025
AFP
El desarrollo y la gestión de un coche de F1 ya no se limitan al asfalto. Gracias a herramientas como la simulación avanzada, la telemetría y el edge computing, buena parte del trabajo se realiza hoy en entornos virtuales. Los equipos han dejado de depender exclusivamente de las pruebas en circuitos —costosas y restringidas por la Federación Internacional del Automóvil— para pasar a ensayar en simuladores que permiten explorar soluciones innovadoras sin los límites físicos o económicos del mundo real.
Al mismo tiempo, durante una carrera, los más de 300 sensores instalados en cada monoplaza recopilan datos —desde la presión de los neumáticos hasta la temperatura del motor— que se procesan tanto en el circuito como en los centros de operaciones remotos. Esa infraestructura digital permite tomar decisiones cruciales en segundos: en el Gran Premio de España de 2022, por ejemplo, Ferrari detectó un sobrecalentamiento en su sistema híbrido y ajustó la estrategia a tiempo para evitar un abandono. Así, el análisis predictivo y la capacidad de respuesta inmediata se han convertido en factores tan determinantes como la habilidad del piloto.
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Pero todo ese ecosistema digital no funcionaría sin una infraestructura de comunicación sólida y segura. A medida que los datos fluyen entre coches, boxes y fábricas, mantener la integridad y la confidencialidad de la información se ha vuelto tan importante como su velocidad de procesamiento.
Los sistemas de radio que utilizan los pilotos están diseñados para funcionar con nitidez incluso en medio del ruido extremo y a través de estructuras complejas, y cuentan con encriptación avanzada para evitar que las estrategias sean interceptadas. Al mismo tiempo, los equipos protegen miles de datos sensibles con tecnología de punta: McLaren, Aston Martin o Alpine, por ejemplo, trabajan con firmas de ciberseguridad, como Darktrace o SentinelOne, para detectar amenazas en tiempo real y garantizar que tanto la información como las operaciones estén blindadas dentro y fuera de la pista.
Realidad aumentada y experiencia del aficionado
Durante gran parte de su historia, la experiencia de seguir la F1 fue pasiva y limitada a lo que mostraban las cámaras de televisión y explicaban los comentaristas. Sin embargo, los avances tecnológicos de los últimos años han cambiado de forma significativa la relación entre el público y el deporte. La introducción de gráficos superpuestos en las transmisiones, cada vez más detallados, permite a los espectadores acceder a información, como tiempos por vuelta, posiciones, diferencias entre pilotos, velocidad, neumáticos usados, estrategias de paradas en boxes y banderas, mejorando la comprensión y el disfrute de la competencia.
A la vez, la aplicación oficial de la F1 ofrece acceso directo a telemetría en vivo, comunicaciones por radio y cámaras a bordo, lo que transforma al espectador en un analista con herramientas similares a las de los equipos. La experiencia ya no se limita a ver la carrera: ahora también se puede interpretarla en profundidad.
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Parada en boxes de Oscar Piastri durante el GP de Canadá 2025
AFP
En los circuitos, la experiencia también está siendo transformada por la tecnología. Los aficionados que asisten a los Grandes Premios (GP) pueden utilizar aplicaciones de realidad aumentada (AR) que, al apuntar sus smartphones hacia la pista, muestran información en tiempo real sobre los coches que están viendo. Velocidad actual, posición en carrera, estrategia de neumáticos, todo superpuesto sobre la imagen real del monoplaza pasando frente a ellos.
La F1 está incorporando nuevas tecnologías para transformar la experiencia de los fanáticos. La realidad virtual, aún en etapa experimental, permite vivir las carreras desde la perspectiva del piloto, con transmisiones inmersivas que simulan velocidad, vibraciones y fuerzas G. Por otro lado, los robots de telepresencia con IA ya han sido utilizados en eventos como el GP de Bahréin 2023, permitiendo a personas de todo el mundo recorrer el paddock e interactuar con los pilotos a distancia.
Además de las nuevas tecnologías, otro factor clave que está acercando la F1 a más personas son las historias. Cada vez surgen más contenidos que muestran lo que rodea al mundo del automovilismo.
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Uno de los casos más destacados es Drive to Survive, la serie documental de Netflix que atrajo a millones de nuevos fanáticos al mostrar la tensión detrás de cada carrera. Aunque ha recibido críticas por exagerar ciertos aspectos, su impacto en la popularidad global de la F1 es innegable, especialmente en mercados históricamente difíciles, como el estadounidense.
A este impulso se suma la nueva película de Apple Original Films, protagonizada por Brad Pitt. Con el respaldo de la F1 y la colaboración directa del piloto Lewis Hamilton, la producción tuvo acceso sin precedentes al paddock y a los circuitos durante competencias reales.
Dirigida por Joseph Kosinski y producida por el propio Hamilton, fue filmada durante las últimas tres temporadas con el objetivo de retratar de forma auténtica la intensidad y el espíritu del automovilismo de élite.
El legado tecnológico de la F1 más allá del automovilismo
Pero, detrás del espectáculo de velocidad y competencia que ofrece la F1, se esconde una historia menos visible pero muy útil: la transferencia de conocimientos y tecnologías a otros campos.
Uno de los casos más conocidos es el del equipo Ferrari y el Great Ormond Street Hospital de Londres. Allí, un cirujano pediátrico observó cómo, en una parada en boxes, más de 20 personas ejecutaban tareas críticas en perfecta sincronía en apenas tres segundos. Inspirado por esa coordinación, propuso aplicar principios similares al momento delicado en que un paciente es trasladado del quirófano a cuidados intensivos. Junto con el equipo de Ferrari, rediseñaron el protocolo hospitalario para mejorar la comunicación, la eficiencia y la precisión en cada movimiento. El resultado fue una reducción significativa de errores técnicos y una mejora en los resultados clínicos.
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Casos como este demuestran cómo la F1, en su búsqueda por ganar décimas de segundo, está impulsando innovaciones que salvan vidas y transforman sectores tan diversos como la medicina, la aviación o la gestión de emergencias.
Los sistemas de telemetría desarrollados para analizar en tiempo real cada aspecto del rendimiento de un bólido de carreras también han inspirado dispositivos médicos que permiten a los profesionales de la salud seguir la evolución de sus pacientes de forma remota y con un nivel de detalle sin precedentes. Sensores miniaturizados, originalmente diseñados para detectar vibraciones microscópicas en componentes del coche de F1, ahora se utilizan para registrar los latidos cardíacos de bebés prematuros sin necesidad de cables ni electrodos invasivos.
En el ámbito de la seguridad, la influencia de la F1 es igualmente profunda. Los materiales compuestos desarrollados para los chasis de los autos, diseñados para absorber energías de impacto colosales mientras protegen al piloto, están encontrando aplicaciones en equipos de protección personal para trabajadores de alto riesgo, desde bomberos hasta mineros. La tecnología HANS (Head And Neck Support), originalmente desarrollada para proteger a los pilotos de lesiones cervicales en impactos frontales, ha sido adaptada para uso en ambulancias y vehículos de emergencia.
En la industria automotriz de consumo, la transferencia de tecnología es quizás más directa pero no menos impactante. Los sistemas de recuperación de energía cinética (KERS), pioneros en la F1, han evolucionado hasta convertirse en componentes estándar en vehículos híbridos modernos. Los materiales compuestos, una vez exclusivos de los coches de carreras y aviones de combate, están encontrando su camino hacia automóviles de producción en masa y mejorando tanto la seguridad como la eficiencia del combustible.
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El piloto canadiense de Aston Martin Lance Stroll se detiene en boxes durante la tercera sesión de entrenamientos libres en el circuito Red Bull Ring de Spielberg, Austria, el 28 de junio de 2025
AFP
Pero quizás las transferencias más sorprendentes son aquellas que ocurren en campos aparentemente no relacionados con el automovilismo. La tecnología de análisis de datos desarrollada para optimizar estrategias de carrera está siendo utilizada por instituciones financieras para detectar patrones de fraude en tiempo real. Los sistemas de comunicación diseñados para funcionar en el entorno extremadamente ruidoso de un pit lane están inspirando soluciones para equipos de respuesta a emergencias que operan en condiciones caóticas.
En materia de sostenibilidad, tecnologías creadas para optimizar el consumo energético y aligerar los monoplazas de F1 están siendo aplicadas en otros sectores, desde la industria espacial hasta la fabricación de bicicletas, con el objetivo de reducir emisiones.
Globant destaca que el mercado mundial de la analítica deportiva crecerá hasta los 32 billones de dólares en 2032, con una tasa interanual de crecimiento del 26,9%.
Pero no solo se transfiere tecnología: también se exporta talento. Ingenieros formados en ese entorno de alta exigencia llevan sus habilidades a startups, a la movilidad eléctrica o a proyectos de exploración espacial. Su capacidad para decidir con rapidez y adaptarse al cambio es cada vez más valorada fuera del automovilismo.
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El piloto holandés de Red Bull Racing Max Verstappen en su coche, durante una parada en boxes en la segunda sesión de prácticas para el Gran Premio de Fórmula 1 de Emilia Romagna 2025, en el autódromo de Imola, el 16 de mayo de 2025
AFP
Lo que vendrá
A todo esto, la F1 también enfrenta el desafío de adaptarse a los tiempos sin perder su esencia como máximo exponente del automovilismo. Mientras busca mantener el espectáculo, la velocidad y la competencia que la caracterizan, también debe responder a las demandas de un contexto global marcado por la crisis climática y la transformación digital.
Las regulaciones técnicas previstas para 2026 apuntan a ese equilibrio: se incorporarán mayores niveles de electrificación, combustibles sostenibles y cambios aerodinámicos pensados para facilitar los adelantamientos y promover carreras más competitivas.
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En ese proceso de constante modernización, la categoría también se apoya en socios tecnológicos para actualizar su infraestructura digital. Entre ellos, la argentina Globant colabora con herramientas de IA y automatización que apuntan a agilizar la toma de decisiones y enriquecer la experiencia del espectáculo.
Hoy la F1 ya no corre solo por copas. Corre para poner a prueba lo que la tecnología es capaz de hacer. Y la IA se ha convertido en protagonista. Detrás de cada victoria hay más que talento humano: hay terabytes de datos, líneas de código y decisiones procesadas por algoritmos que trabajan en silencio. No se suben al podio ni celebran con champagne, pero también ganan carreras.