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En la última semana, los precios del trigo, el maíz y la soja marcaron el máximo del año en los mercados internacionales. El trigo subió 15% en un mes, el maíz 12% y la soja 3%. No son frecuentes movimientos de esta magnitud, por lo que conviene darle una mirada desde más lejos
El conflicto entre Rusia y Ucrania impide la salida del trigo ruso y los precios se disparan.
Empecemos por el trigo. La cosecha del hemisferio norte ya está finalizando y la productividad no fue mala. Desde julio el recrudecimiento de la guerra entre Rusia y Ucrania, que atacan con intensidad los puertos sobre el mar Negro y el mar de Azov —por donde sale el 20% del trigo exportable del mundo y el 70% del aceite de girasol—, causó problemas que el mercado considera cada vez más serios y que justifican —en principio— la suba de precios. Es un problema de logística, el grano no tiene por donde salir —por ahora—; no se trata de un quiebre en la oferta.
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Como los compradores del norte de África y Medio Oriente tienen muy buenas cosechas, pueden esperar un tiempo más a que los mercados se calmen y se encuentre una solución al problema. Ni bien eso ocurra, y es una decisión política, los precios se caerán como un piano, porque no se justifican bajo casi ninguna circunstancia. El trigo diciembre en Chicago (CME), que es el que consideramos para la cebada en Uruguay, cerró este lunes a US$ 284 por tonelada. El año pasado la cebada se comercializó a menos de US$ 200 por tonelada.
En el maíz Estados Unidos, que está a las puertas de la segunda cosecha más importante de su historia, parece tener rindes menores a los estimados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés) en agosto. Eso fue suficiente para catapultar el precio del maíz al espacio.
Ayuda la crisis del mar Negro, ya que Ucrania es un fuerte exportador de maíz, y los efectos del Niño en la producción del hemisferio sur.
Muchos analistas hablan de un consumo y exportaciones tales que harán que Estados Unidos tenga la relación stock-consumo más baja en años, y eso es garantía de precios altos. Tengo mis dudas, porque con esta suba seguramente observemos una destrucción de demanda no menor, reflejada fundamentalmente en menos exportaciones.
En la soja, las subas son menores, peros subas al fin. Hoy la soja para el año que viene en Uruguay está en US$ 420 por tonelada, cuando el año pasado apenas si llegaba a los US$ 370 en esta fecha.
La diferencia es notable. Estados Unidos, el gran productor de soja que está a semanas de cosechar, tendrá una producción histórica, que alimentará un consumo también enorme, que ha sido impulsado por un agresivo mandato de mezcla de biocombustibles para darle demanda a la soja local. Pero que ese mandato se cumpla o no depende de decisiones políticas que cambian como el viento, y si no tiene el soporte previsto, las cosas se pueden poner pesadas.
Encima de todo esto, la especulación financiera compró la historia de la escasez aparente de los principales productos agrícolas y sale a comprar, con lo que exacerba el efecto.
La pregunta que todos nos hacemos es ¿qué va a pasar cuando se den cuenta de que en rigor no hay problemas en la oferta, y que las limitantes son solo temporales? Y si el agricultor es un empresario racional, ¿ustedes creen que dejará de aprovechar estos precios? Va a vender hasta lo que no tiene con tal de asegurar su margen productivo, hará todos los deberes productivos habidos y por haber, y tenemos el riesgo de un aumento de producción para la campaña que viene.
Por supuesto que tenemos el riesgo del Niño sobre nosotros. De momento, el primero en sentir sus efectos negativos es Australia, donde las cosas no son para nada siniestras, más bien lo contrario. Allí se esperaba llegar a una producción de 26 millones de toneladas de trigo y ahora hablan de 30 millones a 32 millones.
Argentina también va rumbo a una muy buena cosecha de trigo, aunque menor a la del año pasado.
En suma, hay muchos elementos que hacen sospechar que esta dinámica de precios está construida sobre bases muy volátiles y que no expresan con claridad el tamaño de la oferta. Hay problemas, pero más de logística que de oferta. Los granos están.
Dicho esto, la prudencia indica que no hay que dejar pasar la oportunidad de “asegurar” estos buenos precios, porque siempre aplica aquello de que es mejor ser un cobarde vivo que un valiente muerto.
Asegurar buenos precios, como los actuales, y no perseguir la liebre imposible de vender siempre en el máximo al menos nos asegura una rentabilidad digna, sin correr demasiados riesgos.
*Gonzalo Gutiérrez es doctor en Gestión Agro Industrial, docente de la Universidad de Montevideo, asesor en comercialización de granos y coberturas de precios.