Liberar espacios para estar más livianos
Diciembre es un mes apropiado para hacer lo que en feng shui llaman “los vacíos del Tao”. ¿Qué es eso? Sacar lo que no sirve, quitar lo que no se usa, vaciar lugares, espacios materiales de depósitos, alacenas, garajes, altillos, subsuelos. “Todo lo que sacamos hace lugar para que algo nuevo ingrese, y es un concepto importante. Lo que ya existe y ocupa un lugar no puede ser ocupado por otra cosa”, explica Melloni. Eso aplica tanto desde el punto de vista material como desde el punto de vista interior. Si algo está ocupando un espacio afectivo, amoroso, no hay forma de que algo nuevo se haga lugar.
“Nosotros sugerimos que en este mes se hagan grandes limpiezas físicas regalando, vendiendo, tirando y dando lugar a algo nuevo que esperamos que llegue, y que va a llegar”. Según el especialista, ciertas cosas que se esperan con ansias y no llegan no es por falta de medios, sino porque nos aferramos a elementos del pasado. “Si tenemos un álbum de fotos guardado hace 15 años, no sirve de nada, porque sabemos que esta allí pero no tenemos el recuerdo de lo que hay dentro. Es mejor sacar una foto de ese álbum y ponerla en un portarretratos”. Y, ante la duda, sacar.
El objetivo es siempre soltar mochilas que no sirven e ir hacia un futuro más liviano y agradable.
Comunicación en la mesa
El objetivo de aplicar el feng shui a las Fiestas, entonces, es generar ambientes cuyos balances sean positivos, armónicos y equilibrados. Básicamente, Melloni recomienda utilizar “verde, rojo y maíces amostazados” para motivar favorablemente a las personas en las reuniones a través de elementos decorativos, que pueden ser desde manteles hasta alfombras, tapetes, arreglos florales o velas. “Si ponemos un mantel en la mesa navideña, que estén presentes esos colores, y si encendemos una vela, que sea número impar y que no sea blanca, que sea roja o color mostaza. El blanco tiende a la retracción y a marcar distancia entre las personas, y la gente no lo sabe. Enfría, yo acá y vos allá, no colabora”.
De ser posible, evitar también metales y vidrios, por ser materiales fríos. Sí a las copas o vasos, pero el exceso de cristalería no se recomienda. En lugar de centros de mesa metálicos, optar por otros de madera o cerámica, o arreglos con flores o frutas.
Los alimentos también pueden estar acorde: más vale elegir platillos coloridos.
¿Cómo se mide la energía?
El objetivo principal es lograr un entorno que genere altas frecuencias vibratorias. En feng shui, los balances bioambientales se realizan a través del biómetro de Bovis, que califica los distintos ambientes de las casas: los comedores, las cocinas, los dormitorios. Hay un balance de energía básico para el bienestar que son 6.500 unidades Bovis; ese es el punto de equilibrio para la armonía del ser humano. De 6.500 a 10.000 son áreas de frecuencias de onda activantes o proactivantes, mientras que las frecuencias de onda que van hacia el cero vibran hacia estados que se asocian con la depresión o eventuales enfermedades.
“Cada molécula del universo tiene su propia frecuencia de vibración, nosotros lo que hacemos con el estudio del feng shui técnico es entender cómo es la materia, la energía, y cómo resonamos con energías altas, equilibradas, o bajas”, dice Melloni. Existen aparatos científicos para hacer esas mediciones. Un electromagnetómetro, por ejemplo, mide frecuencias de onda que no se ven y que en una casa rodeada de campos eléctricos o magnéticos pueden someter a las personas que la habitan a frecuencias negativas, que no son sanas a nivel vibratorio.
Además de ese método de medición, que es científico, se pueden hacer mediciones subjetivas a través de la radiestesia, con instrumentos que extienden la propia sensibilidad del cuerpo, como péndulos o varillas radiestésicas. Con estas herramientas se hacen los balances bioambientales y se detecta cómo está el ser humano en un determinado espacio. “Muchas veces sucede que el ser humano decora o arregla sus espacios en función de sus gustos, pero no sabe si está vibrando bien o mal; generalmente no somos conscientes de esos estados, podemos estar en ambientes depresivos y no darnos cuenta”, explica Melloni.
Los balances bioambientales pueden hacerse a través de los colores y la iluminación, que suman más del 50 por ciento del balance de un ambiente en cuanto a lo que el ojo percibe. Están también las ondas de forma, que son generadoras de energía, que toma en cuenta si los elementos en una habitación son redondeados, cuadrados, están apaisados o verticales. “Una mesa circular u oval no es lo mismo que una mesa rectangular o cuadrada. Hay diferencias”. Las formas son 30% del ambiente y el 20% restante corresponde a los materiales.
Primero: la puerta de entrada
Cada color provoca una motivación. Si el ojo ve color anaranjado, se activan los jugos gástricos y se abre el apetito o dan ganas de cocinar, por eso se sugiere, según Melloni, que restaurantes incorporen este color en sus locales. El rojo, el anaranjado, el rosado, el melón, los tonos duraznos, los pigmentos amarillos (poco usados en Uruguay) y hasta los verdes cálidos, son colores proactivantes que elevan las frecuencias vibratorias de los ambientes. Estos colores guardan un vínculo favorable con la teoría de los cinco elementos del feng shui: madera, fuego, tierra, metal y agua.
El blanco, los tonos de azul, el lila, el negro, el marrón y el gris, en cambio, son colores fríos, que generan tendencias a balances desactivantes, más retraídos, y no colaboran en la comunicación y las relaciones interpersonales.
Aplicados a las luces, los colores tienen el mismo efecto. Las cálidas —que son las amarillentas, anaranjadas— son activantes, generan alegría, motivación, en tanto las luces frías —blancas, azuladas o violáceas— son desactivantes, encierran, no ayudan a la comunicación y terminan conduciendo a estados depresivos.
“Hay gente que te dice ‘a mí me gusta esta luz’, refiriéndose a la luz blanca, pero el tema es que ese ‘a mí me gusta’ significa que esa persona ya está vibrando en una frecuencia baja y no se da cuenta de que puede estar más arriba”, dijo el especialista en feng shui.
Porque las primeras impresiones siempre son importantes, los lugares de acceso a las casas tienen que dar ganas de entrar. “Uno no puede venir de la calle y bajar la energía antes de entrar a la casa. Tiene que haber colores cálidos, luces cálidas. Aunque sea solo para las fiestas, evitemos las luces con gas, las de tubo o las lámparas de bajo consumo, porque tienden a frecuencias bajas vibratorias; usemos lámparas de filamento, halógenas, dicroicas; invirtamos en salud psicofísica emocional, que la luz es muy importante”.
También en la entrada de los hogares se puede recurrir a los tradicionales colores navideños: verde, rojo y dorado intenso —que son cálidos—, evitando el plateado, para colgar una corona de bienvenida y activar desde el inicio el vínculo con los invitados.
El arbolito
Aunque el árbol de Navidad es una costumbre occidental, por su forma cónica el feng shui lo asocia a la creación, a la llama que asciende desde la tierra hacia el cielo. “Hay que imaginarlo como una llama de vida, y eso es fuego, calor y se asocia a la alegría, a la proactividad, a lo que se ejecuta, a las acciones”, sugiere Melloni.
Los chirimbolos y las luces también deberían ser de colores cálidos: “Si queremos que una llama no se apague, tenemos que darle madera y colores fueguinos”.
En cuanto a la ubicación, se aconseja que esté en el sector sureste de las habitaciones, pues está asociada a los campos magnéticos y a las frecuencias que tienen que ver con las bendiciones que recibimos y que muchas veces no valoramos, con las amistades, con la activación de lo bueno y de lo sano que no se ve. Si esa ubicación no es viable, el sur es una alternativa porque se asocia al fuego.
Intervenir el ánimo festivo
Según Melloni, el deseo sumado a la voluntad son suficientes para estar bien: “Si elijo estar mal, voy a estar mal, y como tenemos libre albedrío podemos elegir”. Estas épocas de introspección y resoluciones de año nuevo son una oportunidad para lograr una disposición proactiva para generar un cambio, un antes y un después. “No tiene por qué esperar a que mañana tenga más dinero, o que pueda resolver tal tema. A cosas más externas”. Los pensamientos, la disposición, la voluntad y la confianza en que se puede son suficientes para estar bien, dice el experto.
“La gente pensará: pero si tengo tal problema y en las Fiestas voy a encontrarme con tal persona, con tal familia que no quiero… Todo depende finalmente de lo que elijo ser. Yo elijo estar bien, y yo mismo puedo cambiar las situaciones. Es un desafío, porque el cambio no es fácil, pero las Fiestas son un momento de oportunidad”, asegura Melloni. También es una época oportuna para dejar ir ciertos pesos del pasado. “La vida va siempre hacia adelante y el pasado, desde el punto de vista de las posibilidades de acción, fue. Lo que tratamos es hacer entender a la gente que la vida siempre puede estar comenzando, recomenzando; es como relanzar los proyectos y los que cargamos con alguna mochila, la cargamos si queremos”, dice el especialista, que diferencia entre el mantenerse ligado a determinados recuerdos positivos, que es bueno llevar con uno, y los pesos de experiencias de vida complejas. “Tenemos que poner en cero nuestro campo energético para tener la posibilidad de iniciar un camino nuevo”.
Dibujos: María Paz Sartori.