La red que legitima y da valor
Desentrañar la madeja no es tarea sencilla. Sobre todo porque no hay nada ni nadie que regule el mercado del arte. Este es libre y se autorregula, y en esa autorregulación no hay una única forma ni variable que defina el valor de una obra. Por eso, para Martín Craciun, curador y coordinador del Instituto Nacional de Artes Visuales (INAV), lo primero que hay que entender para acercarse al mercado del arte contemporáneo es que este forma parte de un sistema compuesto por varios actores, entre ellos, artistas, galeristas, coleccionistas, curadores, universidades, museos, editoriales, críticos, revistas y más. Este sistema es el que establece las reglas o criterios para definir lo que es arte contemporáneo, convirtiéndolo en un canon a partir del cual se asigna valor a las obras.
De esta manera, el valor de una pieza de arte va a depender de la respuesta a unas cuantas preguntas. “¿Quién es el artista? ¿Qué hizo anteriormente? ¿Dónde exhibió? ¿Cómo viene su carrera hasta el momento? ¿Cuántos años tiene? ¿Dónde estudió? ¿Qué galería lo vende? ¿Quién compra y tiene obras suyas?”, señaló Craciun a Galería, no sin reconocer que el valor de una obra puede ser aún más subjetivo, ya que si el artista quiere asignarle un precio determinado y hay quien se la compre, el valor se ratifica sin más.
AUGUSTO – Salvador Munca
Augusto, de Salvador Munca. Reproducción de ilustración digital. Medidas: 54,8 × 80 cm. 350 dólares.
Existen también obras cuyo mérito cultural es muy importante y su artista reconocido popularmente, con buenos niveles de ventas, pero que nunca han expuesto en un museo. En ese caso, la respuesta está en que su trabajo desde el punto de vista de la valoración artística no es relevante ni significativo, por eso el sistema del arte contemporáneo no lo valoriza ni lo hace visible. En definitiva, los factores que construyen el valor de las obras son tan múltiples como subjetivos y arbitrarios.
Sin embargo, para que el arte pueda subsistir, este sistema es sumamente necesario. Así lo considera Verónica Parrado, curadora y cofundadora de Art/Co, plataforma y galería de arte contemporáneo, quien en conversación con Galería manifestó que “esa red compleja y vital”, que construye, legitima y da valor a una obra, “es tan esencial como la obra misma”. “Son estos agentes (artistas, curadores, gestores culturales, museos, galerías, coleccionistas) quienes acompañan, interpretan, promueven y sostienen la producción artística, haciendo posible que las obras circulen, se debatan y se conecten con distintos públicos”.
¿Tener arte es un lujo?
De hecho, según el coordinador del INAV, así como hay piezas que pueden valer 500.000 dólares o 10 millones, también están aquellas que se pueden adquirir por 50 pesos. Parrado coincidió con la variedad de precios existente y señaló que “no se necesitan grandes cifras para acceder a comprar obras: hay artistas emergentes, serigrafías, ediciones limitadas, muy buena fotografía contemporánea” que se pueden obtener a precios asequibles. Puede haber una “percepción construida de que el arte contemporáneo es siempre de precios inaccesibles”, pero esto muchas veces se debe al desconocimiento y al desinterés por las artes visuales, algo bastante frecuente en Uruguay. Subrayó que precisamente en Art/Co buscan ayudar a las personas interesadas, pero sin experiencia, en adquirir piezas, para que lo hagan de la manera más informada posible y con conocimiento de la producción artística local.
carrau
Sin título, Antonio Carrau. Prints numerados. 42 × 54 cm. 120 dólares.
En este sentido, Cecilia Gervaso, directora de Hungry Art, un espacio de arte y creación ubicado en Ciudad Vieja, que busca dar difusión a la obra de artistas emergentes, señaló que en los últimos años la aparición de nuevos espacios, como su galería, que buscan que todos puedan acceder al arte y obtener piezas “sin tener que desembolsar una fortuna” han ayudado a que la gente “pierda el miedo a querer tener arte”. “Hoy el arte es y debe ser para todos”.
A su entender, tener arte es un lujo “sin importar si cuesta poco o miles de dólares”, más aún en Uruguay, donde hay mucha gente a la que le cuesta llegar a fin de mes. Parrado estuvo de acuerdo con que tener piezas de arte contemporáneo valoradas y con precios altos sí puede ser un lujo, pero subrayó que su adquisición también puede ser vista como un acto de consumo cultural. “Tener arte no solo es placer estético o emocional, sino que cada compra impacta también en la preservación, en la producción artística y dinamiza el mercado”.
Baigneuse 8
Baigneuse N° 8, 2023, Beatrice Pesson-Truelle. Escultura en madera y resina. 20 × 13 × 6 cm. 588 dólares.
Craciun coincidió con esta mirada y manifestó que cuando uno compra una obra de un artista de alguna manera está apoyando su carrera. De allí que, cuanto más sólido sea el sistema del arte contemporáneo, más sólido será el mercado y más posibilidades de crecimiento artístico y personal tendrán los artistas locales.
Los valores, entonces, dependen mucho del mercado y del artista. En Uruguay se pueden encontrar piezas muy correctas por 500 dólares, aunque las obras de los artistas contemporáneos vivos más asentados en el mercado rondan los 2.000 y los 5.000 dólares. Si se piensa en artistas uruguayos con carreras reconocidas en el exterior, la lógica de precios ya sube a otra escala.
¿Inversión segura?
Los altos valores que suelen caracterizar al mercado de arte contemporáneo llevan a que muchos piensen en él como un asset, es decir, como un rubro interesante en el cual invertir y sacar réditos económicos. Sin embargo, para Craciun, las personas que invierten en arte, sin ningún tipo de conocimiento, solamente por considerar la rentabilidad del ejercicio, hoy casi no existen. “Siempre el comprar viene junto a la idea de invertir en capital social, en algo que me gusta y que me hace sentir bien o simplemente porque me gusta como queda en mi living, además de considerar la carrera del artista y la posibilidad de que su valor de mercado ascienda”.
Para Parrado, “el arte es duradero, puede preservarse por generaciones y es una opción de diversificación de activos”. No obstante, indicó que la seguridad de la inversión estará dada por muchos factores, entre ellos, la carrera y el reconocimiento del artista. “Si uno adquiere una obra de un artista con mucha trayectoria y muy asentado en el mercado, seguramente esté pagando un precio alto, pero estará haciendo una inversión más segura. Al apostar por artistas más emergentes, los precios son menos elevados, puede haber cierto riesgo pero también posibilidades de valorización de la obra”, explicó.
coral tierra luis leborgn
Coral tierra, 2022, de Luisa Leborgne. Jarrón de cerámica pintado a mano. Único ejemplar. 33 × 19 × 10 cm. 300 dólares.
Por su lado, Craciun plantea sus dudas: “¿Seguro? ¿Qué es seguro en este mundo? Yo tenía un colega que tenía su dinero en una caja de seguridad en las Torres Gemelas y lo perdió todo. Entonces, me parece que eso también habla del mundo contemporáneo”. Por eso, para él, es mejor pensar en el arte como una inversión en términos de capital cultural. “Invertir en arte contemporáneo tiene que ver no tanto con hacer una jugada de comprar barato y vender caro, sino más con acompañar el proceso de crecimiento de un artista. Esa es la gran inversión”.
Ecosistema uruguayo
En Uruguay, el ecosistema de arte contemporáneo no solo está en desarrollo y presenta algunas dificultades dadas por la escala país, sino que también es disímil, distinguiéndose el del área metropolitana y el de Punta del Este. Este último es más sólido, cuenta con casi 10 galerías de arte contemporáneo y emula comportamientos del exterior, dados por la cantidad de extranjeros que viven allí, quienes tienen más conocimiento y hábito de consumo de arte.
En Montevideo, el número de galerías es menor y la formación y hábito de la gente también. Al ser un mercado chico, los circuitos son muy específicos y endogámicos. Con el objetivo de dinamizar este mercado y conectar con nuevos públicos fue que en 2023 Parrado y su socia, Elaiza Pozzi, lanzaron Art/Co. “Falta un poco más de consumo en todo sentido: desde ver más, hacer más propuestas donde se acerquen las obras de los artistas y también donde se puedan comprar. Todo eso impacta en la producción artística local, en todo el sistema”.
Gervaso, por su parte, consideró que el mercado montevideano es “activo” y se encuentra en proceso de modernización. “Las galerías privadas han dejado atrás el formato tradicional y se han transformado en espacios creativos, donde los artistas son invitados a formar parte. Aunque no abundan en Uruguay, han surgido nuevas y eso se agradece, especialmente para expandir y visibilizar el arte local”. A su vez, subrayó que hay muchos artistas que están construyendo su carrera y comienzan a ser reconocidos. “Ya no se trata de ver a ‘los mismos de siempre’, que durante años ocuparon las portadas del arte contemporáneo en el país. Eso ha cambiado mucho”. En todo esto, el poder de las redes sociales también ha hecho lo suyo, ayudando a ampliar el espectro de opciones y de propuestas.
En tanto, si bien Craciun reconoció que no se trata de un mercado “efervescente”, sí resaltó que cada vez más la gente reconoce en el arte un potencial estético, social y de inversión. “Me parece que en Uruguay hay un potencial enorme, porque tenemos mercado y grandes artistas. Desde el Ministerio (de Educación y Cultura) estamos trabajando para garantizar el acceso a la población y en construir un valor que nos enriquezca como sociedad. También en generar un círculo virtuoso económico para los artistas y galeristas que jerarquice su trabajo. En la medida que tengamos artistas excelentes que vendan a buen precio, los artistas más jóvenes tendrán más margen para recorrer”.
La pintura, lo más requerido
Martín Craciun, Verónica Parrado y Cecilia Gervaso coincidieron en que actualmente las piezas de arte más requeridas son las pinturas.
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Ojos I, de Fredesye. Reproducción de pintura al óleo impreso en el papel. 50 × 40 cm. 120 dólares.
Para el coordinador del INAV, esto tiene mucho que ver con la situación coyuntural global. “Se dice que en los momentos de crisis o inestabilidad económica, el mercado del arte vira hacia formatos más clásicos y tradicionales, como es la pintura”, explicó.
En tanto, Gervaso señaló que “lo minimalista, limpio y fácilmente integrable a un espacio es lo que se busca”, aunque hay quienes también se atreven a ir por algo “más jugado, con carga simbólica o visual intensa”.
Por su parte, Parrado manifestó que la pintura abstracta siempre está entre las piezas más requeridas.