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Arte contemporáneo y conciencia ambiental: la obra del artista belga Fons de Muynck en el bosque de La Juanita
El artista belga Fons De Muynck creó una experiencia sensorial, donde el paisaje, la luz y las sombras moldean una obra orgánica que invita a repensar la conexión con la naturaleza
Dark Matters Pinus es la última pieza de la serie en la que el artista Fons De Muynck explora cómo la luz se transforma en imagen en la oscuridad absoluta de un recinto instalado en un bosque de pinos. Este proyecto invita a redescubrir la relación entre la naturaleza y las figuras creadas a través del principio de la cámara oscura. En un recinto umbrío, las imágenes cambiantes del mundo exterior se introducen a través de orificios, lentes y materiales especialmente diseñados. Este espacio vivo e inestable captura las formas del entorno, que se van tornando intensas, frágiles e hipnóticas.
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En palabras de su creador, esta instalación forma parte de una “investigación más amplia sobre la física de lo invisible, un estudio que aborda la distancia entre lo que creemos percibir y lo que verdaderamente existe”. De Muynck invita a acercarse con curiosidad para experimentar un modo alternativo de percepción que profundiza la conexión con el mundo natural.
Dark Matters Pinus es una experiencia sensorial pero también un llamado urgente a la conciencia ecológica. La obra pretende despertar una mirada más atenta hacia la naturaleza para preservar y regenerar los bosques que aún perduran.
El origen
En 2023, el artista Fons De Muynck presentó una obra en Campo ArtFest que sorprendió a Robert y a Edda Kofler, la pareja austríaca propietaria de Posada Ayana en José Ignacio. Con el espíritu que los guía, el de proteger los recursos naturales de la zona, decidieron impulsar un proyecto que pudiera conservar el ecosistema y reducir el impacto ambiental del auge inmobiliario. Bajo la premisa de promover una relación consciente con la naturaleza, decidieron convocar a De Muynck, quien inmediatamente se puso a trabajar con una visión a largo plazo. Así fue que ideó una pieza artística, fruto de un proceso de investigación continuo, que contribuye a la reflexión sobre la manera de habitar en la naturaleza.
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Mauricio Rodríguez
“Queremos preservar el bosque con la idea de que la gente pueda reconectar con la naturaleza y valorarla. Somos naturaleza”, le dijeron los Kofler. Precisamente, De Muynck dedica su vida a investigar la naturaleza a través del arte y la ciencia. El proyecto se inició hace unos 10 meses, cuando él les propuso convertir el bosque de pinos de 7.000 metros cuadrados en uno con especies autóctonas. El joven de 43 años acampó por cuatro meses para ingresar en la espesura, quitar las ramas muertas y chipearlas (triturarlas) con la idea de preservar el lugar interviniendo mínimamente el suelo. El invierno de La Juanita no lo amedrentó: “Al principio estaba fresquito. La primera noche había seis grados. Pero para mí eso no es invierno, soy belga”. Luego, procedió a plantar 150 árboles nativos de pitanga, timbó, arazá, guayabo, dodonea, ibirapitá, chal chal, lantana y butiá. Estima que este proceso llevará un par de años. El bosque tiene su ritmo.
Arte para transitar
El recorrido comienza al enfrentarse al portón de madera con la inscripción “Dark Matters Pinus”. “El camino es el centro de la obra porque implica la regeneración del bosque. Luego, los carteles van guiando al visitante como una manera de proponerle que inicie el camino a modo de un juego”, explica De Muynck.
Mientras se camina, se buscan las discretas pinceladas de rojo en los troncos antiguos. Con una pintura casera, biodegradable y hecha a partir de pigmentos naturales, se marca un sendero sutil. Este único color es la primera guía para mirar el bosque de una manera diferente.
Esta señal predispone al visitante a mirar con conciencia, a reflexionar en su recorrido pausado. A un lado del camino se descubre que el chipeado, hecho hace cinco meses, resultó clave para regenerar la tierra, que ahora se muestra oscura, húmeda y con microorganismos que alimentan el suelo. “En vez de darles comida a las plantas, se la damos al suelo”, comenta.
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Dark Matters Pinus abre al público los miércoles y sábados de 16 a 17.30 horas. Entrada libre con reservas cada media hora. Máximo, 15 personas por grupo. Instagram: @darkmatterspinus.
Mauricio Rodríguez
El recorrido se interrumpe con el siguiente cartel. Un proyecto vivo de reforestación. Se trata de un bosque en transformación en el que la tierra está renaciendo con árboles nativos. La madera muerta se convirtió en un colchón que nutre el suelo del joven bosque. A cada paso se le devuelve la vida.
Completar todo el trabajo le insumirá entre seis y ocho años. Esas especies preparan el terreno para la renovación, la madera caída se transforma en un rico compost que alimenta el suelo para que las especies nativas regresen de forma natural, con la ayuda de aves y animales. “Esta es nuestra visión para todo el bosque: un vivero vivo donde las plantas jóvenes puedan crecer, ser trasplantadas para devolver la vida a todo el entorno”.
Este proyecto le produce emoción y compromiso: “Es la primera vez que puedo combinar todo lo que me encanta hacer de muchas maneras diferentes. Se juntó todo en este proyecto. Desde que tengo 15 años en Bélgica que estoy plantando bosques. Me encanta. Este es mi cuarto proyecto”.
Nacido en las cercanías de la ciudad de Brujas y formado en Bellas Artes, llegó a Uruguay para trabajar como cocinero en Pueblo Garzón y allí comenzó a cultivar sus propias hierbas. Pasaron 15 años. Instalado en una chacra sobre una colina de Pueblo Edén, dejó de lado la gastronomía para dedicarse a la creatividad artística y a su huerta, donde cultiva especies aromáticas, verduras y árboles frutales.
El corazón del bosque antiguo
El bosque original fue plantado hace 60 años. Los imponentes pinos cuentan historias de décadas pasadas mientras las acacias vuelven a entrelazarse con el paisaje. Este lugar es una memoria viva y un espacio donde lo antiguo y lo nuevo se encuentran e invitan a reflexionar sobre el recorrido del bosque a través del tiempo.
El camino continúa su curso hasta descubrir una estructura metálica celeste entre banderas rojas que flamean en el mar de troncos.
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Mauricio Rodíguez
Una semilla de inspiración
De frente a la instalación Pinus, se aprecia cómo toma forma entre los árboles. Su diseño nace de la semilla del pino, una forma natural que permite que las imágenes entren desde muchos ángulos. Pintada con el color del cielo justo sobre el horizonte al amanecer o al atardecer, es como si un fragmento de cielo se hubiera posado suavemente sobre el suelo del bosque. Allí se observa cómo las formas de la naturaleza inspiran el arte y cómo esta instalación refleja los patrones del propio bosque.
“La obra vista desde arriba tiene forma cónica y está inspirada en una piña. El tono celeste tiene que ver con el momento previo al amanecer y al atardecer, cuando ves el horizonte, ese es el color más cerca del blanco que se produce cuando se quiebra la luz”, detalla.
La naturaleza contribuye a la versatilidad de esta pieza según el horario del día y las condiciones climáticas, además de los imprevistos. “Acá cayó un árbol y entonces entra más luz de lo que tenía previsto, y también calor”. Pero para solucionar ese inconveniente con la alta temperatura dentro de la estructura metálica, Fons ideó un sistema de climatización basado en la energía geotérmica del pozo canadiense, lo que permite refrescar el aire de forma natural.
Donde la noche duerme de día
Al entrar, el visitante se encuentra en un lugar donde la noche permanece durante las horas de luz. Esta instalación es como adentrarse en un bosque bajo luna llena, un espacio donde reinan la calma y las sombras.
Al ingresar, hay que aguardar unos minutos en una antesala completamente a oscuras. La vista se adapta y la respiración disminuye. Se necesitan unos 10 minutos para comenzar a ver en la oscuridad. “Lo que normalmente lleva horas en la oscuridad, aquí sucede en el silencioso parpadeo de unos pocos segundos: confía en el lento revelarse de lo que ves y deja que cada instante enfoque un poco más este mundo nocturno”, aconseja.
Dark Matters Pinus - Fons de Muynck
El espíritu aventurero y su curiosidad científica lo han llevado a fotografíar las sombras de los árboles desde hace siete años. “Cada árbol tiene su lenguaje diferente. Un día cuando estoy sacando fotos veo sombras con forma de medialuna. No entendía por qué. ¡Había un eclipse solar! Y el eclipse solar provocaba el efecto de cámara oscura, el mismo que una cámara de fotos. La luz entra por un orificio, se proyecta espejada al revés. Nuestro ojo hace lo mismo. Así empecé a investigar más y más. Por lo tanto, no lo veo como una obra de arte, es parte de esta investigación que estoy haciendo”.
El patrón y el tamaño de los orificios en la estructura tienen que ver con la imagen que Fons quiere lograr que se vea sobre las cortinas de seda internas. El material y el color elegidos también son el resultado de un proceso de experimentación con varios prototipos que ha realizado en su casa, su laboratorio.
Esculpir la luz y la sombra
Al llegar a este último punto, hay que tener en cuenta que el propio bosque ha sido podado con cuidado para permitir que ciertas imágenes visuales fluyan hacia la instalación. Alrededor de esta obra, se han plantado muchas especies nativas que crecerán y evolucionarán con los años sumando nuevas capas de color y textura del entorno. El bosque es un colaborador vivo y, a medida que cambia, la obra adquirirá una nueva paleta de luz y vida.
Mientras se aguarda en la antesala, en el techo se empiezan a ver unas “manchitas”, “la proyección del sol a través de las hojas de los árboles”. Poco a poco se van añadiendo más figuras. Unos minutos más tarde, se abre el telón y el aire fresco da la bienvenida al espectáculo. Deambulando sobre la arena y traspasando el humo constante, las figuras comienzan a cubrir las paredes ondulantes de seda. Corren, se detienen, se impulsan y se acercan antes de tomar el aliento que las anima a volver a cambiar. “Si empujas la tela un poquito, vas a ver que la imagen se ve más nítida. Y poco a poco aparecen más figuras en las paredes y en el techo”, indica el artista.
Robert y Edda Kofler junto a Fons de Muynck
Robert y Edda Kofler junto a Fons De Muynck frente a la obra Dark Matter Pinus en el bosque de La Juanita.
La atmósfera serena propone detenerse en un banco en el centro mientras la música embriagadora conduce las miradas que persiguen formas continuas. Suena Miserere mei, Deus, de Gregorio Allegri, en una versión trabajada especialmente por Fons junto con las productoras de Meet Matter y el DJ Sidirum.
En esta capilla helada, sombría y con paisajes vivos, las revoluciones disminuyen aún más y la percepción sensorial se potencia. Paz absoluta. “Hay que tomarse el tiempo para admirar y soñar. ¡Qué lo disfrutes!”.
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Obra efímera por 12 horas
Fons De Muynck se une a los artistas Tamara y José Burlando en Viejas estructuras, nuevos horizontes.
Una cabaña abandonada de José Ignacio se convierte en una estructura viva, un cuerpo arquitectónico que guarda huellas de uso, de clima, de vida.
La obra propone una experiencia site-specific donde tres prácticas dialogan con la materia existente, la luz natural y la memoria del territorio.
Fons trabaja con la luz como material vivo. La luz que se filtra por grietas y orificios no corrige la ruina, la activa. Cada haz dibuja el aire, vuelve visible el polvo, el tiempo, la respiración del lugar. José introduce estructuras de bambú que no imponen forma, sino que crecen en relación con el entorno. Sus gestos no reemplazan la arquitectura existente: la acompañan, la continúan, como si la cabaña aún estuviera aprendiendo a sostenerse. Tami trabaja con fibras naturales, tejiendo membranas que filtran, suavizan y traducen la luz. Sus textiles no separan interior y exterior: los vuelven permeables.
Día: sábado 14 de febrero desde las 12 horas hasta la medianoche. Lugar: zona rural de José Ignacio. Se dará a conocer en el Instagram de Otro Lugar: www.instagram.com/otrolugar_joseignacio.