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Uruguay +3 impulsa un modelo ganadero que combina menor emisión de metano y generación de créditos de carbono
Agustín Inthamoussu, director de Climit, destacó que la iniciativa busca escalar en el país con un enfoque que combina rentabilidad, sostenibilidad y certificación de emisiones
Un aditivo alimenticio de origen natural aplicado en sistemas de engorde a corral y tambos está en el centro de una iniciativa que combina productividad ganadera, sostenibilidad ambiental y generación de nuevos ingresos para productores. El programa Uruguay +3 propone reducir las emisiones de metano del ganado y, al mismo tiempo, habilitar la emisión de créditos de carbono en el mercado internacional.
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“Uruguay +3 es un programa que diseñamos con Vetos Europe y Climit”, explicó Agustín Inthamoussu, director de esta última. Según indicó, la iniciativa articula una empresa europea productora del aditivo con una consultora uruguaya especializada en cambio climático.
La base del modelo es el uso de Anavrin, un suplemento alimenticio natural compuesto por aceites esenciales, taninos y bioflavonoides. Su aplicación permite mejorar la eficiencia productiva del animal y reducir las emisiones de metano entre un 13% y un 20%, sin afectar el rendimiento.
Su eficacia fue evaluada, entre otros, por la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República, que realizó estudios para medir su impacto en la productividad y en las emisiones de metano, así como su inocuidad, sin efectos negativos en el animal.
“Cuando se administra a los rumiantes, favorece a ciertos tipos de bacterias y desfavorece a otras —las menos beneficiosas—, lo que mejora la digestión del alimento y, en consecuencia, reduce la emisión de metano”, explicó Inthamoussu.
Ese doble impacto, productivo y ambiental, es el que habilita una tercera dimensión: la emisión de créditos de carbono. “Esa reducción de metano es lo que nosotros trabajamos: nuestro objetivo es transformarla en crédito de carbono”, señaló.
Créditos de carbono
El esquema funciona, en esta etapa, sobre todo en feedlots. Allí, “se genera un crédito de carbono entre dos y tres animales en un ciclo de 100 días”, indicó. El valor de esos créditos depende del mercado, pero hoy se ubica “entre 25, 30 y hasta 50 dólares cada crédito”. Según el entrevistado, ese ingreso adicional supera el costo del producto y se suma a la mejora en la producción de carne o leche.
El proyecto prevé que, mediante certificación internacional, los productores que utilicen el aditivo durante un año puedan emitir créditos de carbono a partir de 2026. Este proceso se basa en mediciones estandarizadas y auditadas de reducción de metano, lo que permite escalar el modelo sin necesidad de medir cada animal de manera individual.
La iniciativa, que comenzó hace alrededor de un año y medio, ya está registrada en el mercado voluntario de carbono y busca ahora ampliar su alcance. “Estamos en desarrollo todavía, abriendo las puertas a este producto a todos los corrales y tambos del Uruguay”, afirmó Inthamoussu.
En términos de posicionamiento del país, el proyecto apunta a consolidar a Uruguay como referente en producción ganadera sostenible, agregando valor a través del acceso al mercado de carbono y el cumplimiento de compromisos ambientales internacionales.
El desafío de la escalabilidad
Sin embargo, uno de los principales desafíos es la escalabilidad. La mayor parte del rodeo nacional se cría a pasto, lo que dificulta la administración diaria del aditivo. En ese sentido, el desarrollo de nuevas tecnologías, como un bolo intrarruminal de liberación prolongada, aparece como una posible solución.
Aun con esas limitaciones, el potencial impacto es significativo. “Si nosotros aplicáramos esto al 10% del rodeo nacional, cumpliríamos con las metas nacionales definidas bajo el Acuerdo de París”, afirmó.
Además del beneficio económico y ambiental, el proyecto también se presenta como una alternativa a ciertos aditivos químicos. “Es un producto natural, con mucha tecnología detrás, pero basado en componentes naturales”, destacó Inthamoussu.
En paralelo, subrayó la necesidad de mayor difusión y apoyo institucional para este tipo de herramientas. “Dar a conocer que existe y buscar alguna manera de que se adopte más su uso”, planteó, incluso sugiriendo eventuales mecanismos de incentivo.
Con presencia en más de 40 establecimientos a escala global y validaciones en universidades y centros de investigación de distintos países, incluyendo ensayos locales que analizaron emisiones de metano, productividad y calidad del producto, el desarrollo ya cuenta con respaldo técnico y reconocimiento internacional. Vetos Europe, la empresa detrás del aditivo, fue distinguida en 2025 como Mejor Empresa para la Descarbonización en la Industria Vacuna.
El desafío ahora es lograr que esa innovación se traduzca en adopción masiva. Como resumió Inthamoussu: “El objetivo es llegar al 100% de los feedlots y tambos, porque es un producto que les proporciona ingresos adicionales a los productores, tanto por créditos de carbono como por el aumento de productividad”.